lunes, 3 de agosto de 2015

Tres dias en Dublin 3. Andando al aeropuerto

Mi estomago se ha levantado hoy bastante mas relajado. Supongo que la grasienta hamburguesa de anoche me ha taponado todo lo que me tenia que taponar. Tengo mi vuelo a ultima hora de la tarde y el resto del dia se presenta sin ningun plan aparente. A las once tengo que dejar el hotel, asi que son muchas horas para no hacer nada. Me dare un ultimo paseo por la ciudad, aunque sin ya practicamente nada interesante que ver, aparte de seguir degustando Guinness, aunque eso no se ve, se paladea. Pero lo primero es bajar a cascarme el desayuno, ultimo garbeo por mi terracita sagrada y hoy me inclino por el salmon ahumado con huevos revueltos. Un poco de energia para el cuerpo.

Una vez abandonado el hotel, me dirijo a Henry Street, calle con bastantes tiendas donde puedo comprar algunos souvenirs, eso siempre es necesario. Bajando por O'Connell Street me topo con The Spire. Me gustaria saber que cojones es The Spire, a ver, si lo se, lo estoy viendo, pero no se por que esta ahi ni que puñetas representa. The Spire es una especie de monumento en mitad de la susodicha avenida, consistente en un pincho vertical enorme. Pero mucho mas enorme de lo que os podais imaginar, 121 metros he leido en algun sitio. Hasta el punto de que lo miro desde la base y no consigo distinguir la parte mas alta, perdida entre las nubes. Tambien es cierto que yo estoy un poco cegato.

Despues de comprar los souvenirs en cuestion me desvio del gentio y en un callejon que parece desembocar en el rio veo una taberna muy atractica. Con la tonteria ya es mediodia, hora de la primera Guinness del dia. El sitio es bastante acogedor y los unicos clientes aparte de mi son una pareja de moteros que, como no, se estan haciendo un par de Guinness. Hasta la camarera del sitio es medianamente simpatica, cosa realmente complicada en Dublin, visto lo visto en los dos ultimos dias. Es aqui, sentado disfrutando de mi pinta, cuando una idea que tenia en mente desde el dia anterior cobra vida y se hace realidad. Como tengo tiempo y el dia va a ser aparentemente largo, me voy a ir andando al aeropuerto. Casi tres horas de camino desde donde estoy. Me importa un comino, me gusta andar y ademas ire haciendo paraditas para refrescarme a base de Guinness. Vamos, que el pedo va a ser importante.

Saliendo de la taberna en cuestion me doy un ultimo paseo junto al rio y ya enfilo de nuevo la O'Connell Street, esta vez en direccion norte, hacia el aeropuerto, aunque aun tomare un pequeño desvio en un momento dado para ver algo que me llama la atencion en el mapa, la Black Church. El nombre es muy macabro, pero simplemente es una pequeña iglesia en mitad de un barrio de viviendas, bastante bonita y cuidada, eso si. Aparte, por esta zona encuentro otro pub que me da buenas vibraciones, asi que entro y tranquilamente me casco la segunda Guinness del dia rodeado de vetustos clientes. Estos son los mejores sitios, viejos leyendo la prensa, mamando cerveza y ambiente relajado. Sigamos el etilico camino al aeropuerto.

Lo cierto es que empiezo a ir un poco mareado, asi que quizas haya que parar en breve a ver si con otra pinta o me despejo o me emborracho del todo. Las tipicas construcciones del centro de la ciudad ya han dado paso a una mezcla entre suburbios y barrios residenciales, aunque el gentio por la calle sigue siendo considerable, voy a parar a hacerme otra. Que puedo decir, que un poco mas adelante aun paro a hacerme una cuarta, aunque esta vez la acompaño de un sandwich, porque a este paso no voy a saber distinguir un avion del monstruo de las galletas. Estos dos ultimos pubs, por cierto, estan completamente vacios. Obviamente soy el unico tarado haciando la "ruta etilica del aeropuerto", pero que cojones, deberian incluirla en una guia turistica de la ciudad, porque yo me lo estoy pasando en grande.

La ultima hora de paseo es directamente de poligono tras poligono, fabricas, campos y coches, y muy poca gente ya andando por la acera (donde hay acera). A unos veinte minutos del aeropuerto paro a hacerme otra Guinness, basicamente porque me he encontrado un pub como salido de la nada, habra que aprovecharlo. The Swiss, creo que se llama, sinceramente ya no me interesa mucho, aunque con el pedal que llevo tampoco es que me entere muy bien. Me siento a bajarme mi quinta Guinness del dia entre un cierto ambientillo de ancianos bebedores. Justo en la mesa enfrente de la mia esta mi heroe, un viejo decrepito con camiseta del Celtic de Glasgow cascandose una pinta de ale tras otra mientras se lee la seccion de deportes del periodico. Algunas cosas nunca cambian, vayas al sitio que vayas y estes en el siglo que estes.

El Swiss este es un sitio que me esta empezando a resultar muy macabro. Voy al servicio porque tanta Guinness por algun lado tiene que salir. Al volver hacia mi mesa me fijo en una puerta muy cutre que hay junto a los baños. Es la tipica puerta que parece que lleve a un almacen o algo asi, esta entreabierta y desde dentro sale musica. Soy un cotilla, como no pone nada de "solo personal" o cartel similar, asomo la cabeza y me veo directamente unas escaleras negras con luces, en plan discoteca, que bajan hacia el sotano. Apenas bajo unos escalones y me veo una pista de baile tochisima que se abre ante mi. Joder con el sotano. Y unos peldaños mas abajo ya distingo claramente la barra, varios sofas y tres negros bailando con un par de irlandesas borrachas. La tentacion es grande pero yo aqui no me quedo que esto huele a que los negros te pillan, te meten en el baño, te ponen una bola en la boca y te dan por el culo hasta que encuentran a un nuevo mancebo. Mejor vuelvo a mi mesa, me acabo mi Guinness y acabo mi paseito hasta el aeropuerto. A todo esto, los ancianos de arriba siguen a lo suyo, pinta tras pinta y pasando olimpicamente de si en el sotano hay negros, discotecas o salas de enculamiento.

Es la primera vez que llego a un aeropuerto andando, es bastante curioso, sobre todo cuando un par de aviones que aterrizan pasan tan cerca de mi que casi me despeinan con el tren de aterrizaje. Como voy doblado me equivoco de terminal y aun tengo que darme otros quince minutos de paseo buscando la correcta. El aeropuerto de Dublin es bastante grande, todo es andar, andar y andar. Busco mi puerta de embarque y, oh sorpresa, justo delante de ella hay un bar. Y aun quedan unas dos o tres horas para que salga el vuelo. No os dire mas, solo que embarque con diez Guinness encima en total. Obviamente el vuelo fue de lo mas placido. Adios Dublin, no se si volvere a verte, lo que esta claro es que ahora va a pasar bastante tiempo hasta que me vuelva a enchufar una Guinness. Vaya sobredosis, colegas.
 
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