sábado, 26 de noviembre de 2016

Dos alcoholicos en Malta. Dia 2

Amanece en Malta. Bueno, quiza ya ha amanecido hace un par de horas, pero para nosotros, con una importante resaca, es como si amaneciera ahora. Mi estomago esta hecho una porqueria. La primera hora de este nuevo dia la dedico a gatear entre la cama y el retrete. Vaciado constante, importante mareo, pero creo que al final voy a estar en condiciones de emprender la marcha, que hay mucho que ver. Toni no se encuentra mucho mejor, la diferencia es que no acomete el vaciado de su cuerpo tantas veces como yo, pero sus balbuceos, bostezos y macabros sonidos guturales dan cuenta de otro cuerpo humano en condiciones bastante lamentables.

Nuestra idea para abrir el dia era acercarnos al pub escoces que visitamos ayer para enchufarnos un buen Scottish breakfast, si, con haggis incluido, lo echo mucho de menos, y eso que tan solo llevo un dia en Malta. Pero al salir del hotel nos damos cuenta de que nuestros estomagos aun no estan preparados para tanta virulencia, asi que decidimos subir al coche y emprender marcha hacia La Valletta, la capital del pais, que va a ser nuestra primera excursioncita del dia. Como cada vez que pongo la ruta en el navegador, lo mismo, veinte minutos hasta el destino. Y es que parece que absolutamente todo en esta puta isla esta a veinte minutos de conduccion. Alla vamos.

Tres euros por tres horas de parking a la entrada de la ciudad vieja, junto a la estacion de autobuses, lo recomiendo para todo aquel que acuda en coche a La Valletta. Ni se os ocurra buscar otro tipo de aparcamiento, morireis en el intento. La densidad de poblacion de este peñon fortificado que es La Valletta es mas que brutal, mires a donde mires ves construcciones, coches, gente, eso si, todo vetusto y con ese colorcillo medieval que lo hace muy singular. Y a pasear un rato, tampoco es que la ciudad sea muy grande, asi que enfilamos una de las varias callejuelas principales que discurren de sur a norte cruzando toda la urbe hasta llegar al mar. 

Y aqui estamos, en la punta norte de la ciudad, junto al fuerte de San Elmo, bonitas vistas, si, y un recuerdo que me viene a la mente de mi anterior visita. El museo de la Segunda Guerra Mundial estaba por aqui cerca. Efectivamente lo encontramos, aunque lo han trasladado, ahora esta destro del propio fuerte y con la entrada puedes hacer un recorrido por todo el recinto. Diez euros, ni nos lo pensamos. Resulta que el museo esta ampliado y ahora no solo va sobre nazis y aliados, que tambien, sino que refleja la historia de todas las batallas acontecidas en la isla de Malta. La verdad es que lo disfrutamos, pero una extraña sensacion comienza a recorrer nuestros cuerpos. Oh, joder, que seeeeed. Nos hace falta una cerveza. Nos saltamos la ultima estancia del museo, que consiste en un video explicativo de la historia de tal y cual que dura veinte minutos. A la mierda. Hay sed.

Salimos del fuerte a toda prisa buscando un abrevadero. Yo recuerdo que por alguna calle perdida habia un bareto que me impacto, de esos con una sola mesa y lleno de viejos fumando y bebiendo de una botella de whisky a morro. Pero claro, aqui hay muchas calles, vete a saber... En fin, la ley del borracho, me lo encuentro de bruces casi sin querer. Hoy tan solo esta la vieja propietaria del establecimiento, que apenas si se puede mover de lo anciana que es. Hasta el punto de que le tenemos que ayudar a abrir las dos botellas de Cisk que le hemos pedido porque ella no tiene ni fuerza. Dejelo señora, usted siga pelando sus patatas sentada en el suelo, que nosotros nos vamos a la terracita a entonarnos. Terracita, bueno, una mesa de plastico con dos sillas en mitad de la calle. Y digo bien, en mitad, porque aqui no hay ni acera, y gracias a nuestra presencia en la susodicha terraza ahora mismo estamos cortando el trafico de lo estrecha que es la puta calle.

El clima nos esta respetando. La temperatura no sube mas alla de 22 grados, lo cual es casi el limite que mi cuerpo soporta en cuanto a calor. Y la lluvia que daban para toda la semana esta aguantando. Cielo nublado, si, pero sin una gota. Nos alegramos de ello, sobre todo con lo contentos que vamos ahora tras la birrilla. Hora de nuestra proxima parada, un pequeño pueblo pesquero en la costa este de la isla, Marsaxlokk, de donde se dice que es el sitio donde mejor se come de toda Malta. No, idiotas no somos. Llegamos a eso de la una, con un hambre que nos devora, pues aun estamos en ayunas y, siguiendo con la famosa suerte del alcoholico, nada mas aparcar el coche, nos topamos con el sitio que ibamos buscando, donde ya comi hace seis años y quede mas que gratamente satisfecho. Ta Viktor, recordemos aquello de que en los sitios que empiezan por Ta se come de pelotas, como muy sabiamente me comento en su dia mi colega 'el joven'.

Pues entramos en Ta Viktor bajo un amenazador cielo negro de tormenta criminal. Nos pedimos dos mega-pintas de Cisk, y es que yo creo que este vaso tiene como unos 600 y pico mililitros, que barbaridad. Y cae la del pulpo. Mas suerte no hemos podido tener. El cielo descarga una lluvia criminal mientras nosotros nos ponemos las botas dentro del restaurante. Y si, tal y como acabamos de comer y salimos, la lluvia para. Definitivamente Dios ama a los alcoholicos. Sobre el papeo, pues que es un puto exceso. Pedimos el menu del dia a recomendacion del camarero. Antipasti para empezar, pero una racion tal que yo apenas me lo puedo acabar y me dan ganas de levantarme de la mesa y pirarme porque no me cabe nada mas. Pues que me quepa, porque luego viene la sopa de pescado. Y luego la lubina, joder como esta la lubina, y con guarnicion de patatas, verdura y ensalada como para alimentar a todo un puto regimiento. Y luego postre tipico maltes. Toni no puede con la segunda cerveza, y ya es raro. Y es que literalmente no tenemos sitio para nada mas.

Son las tres, sabemos que va a anochecer pronto, asi que cogemos el coche, con la barriga que me toca el volante, y nos dirigimos a recorrer el sur de la isla, la zona de los espectaculares acantilados de Dingli, con vistas al islote de Filfla. Visitando pueblecillos y buscando el Blue Grotto, atraccion turistica que sabemos que anda por aqui, practicamente se nos cae la noche encima. Al final encontramos el Bar Blue Grotto, que nos parece mas interesante que la puta atraccion en si, y nos cascamos un par de pintas. Ha oscurecido, tenemos que volver al hotel, yo de noche me veo menos que Rompetechos y entre lo oscuro que esta, el trafico que hay a estas horas y lo mal que conducen los malteses, casi nos estampamos un par de veces. Pero al final llegamos sanos y salvos a nuestra habitacion, nos pegamos las correspondientes duchas y nos preparamos para una nueva sesion de birreo nocturno.

Nos hemos picado al billar, asi que la primera parada va a ser en el pub escoces a echarnos unas pachangas. Nos disculpamos con el menda de Edinburgh, al que decimos que teniamos la intencion de venir esta mañana a por el desayuno pero nuestros estomagos nos lo impidieron. Nos hacemos una ruta un tanto diferente hoy, viendo otro pedazo de paseo maritimo y una zona de pubs mucho mas pija y cara, mas para turistas y menos para gente local. No entramos a ningun sitio, decidimos dejarlo para la siguiente jornada, y es que hoy, si, la macedonia nos espera para cenar. Y por supuesto no podemos faltar a la cita.

Ya no sabemos ni como cojones se llama el restaurante, pero al pasar por la puerta vemos a la jodida macedonia menear sus caderas y nos metemos como centellas. Hoy nos ubicamos en una especie de terracita cubierta que hay a la entrada, estamos solos en este sector, creo que la estrategia de Toni es tener mas intimidad con la macedonia. Y funciona, porque al final de la noche, y tras minutos y minutos de conversacion, nos conseguimos llevar sus datos de contacto e informarnos de que los dos siguientes dias trabaja en otro restaurante en otra ciudad. Ya sabeis donde vamos a ir a cenar en las sucesivas jornadas.

La cena de hoy, sobredosis de pulpo. Para empezar, el pulpo salteado en salsa de vino blanco y para continuar, estofado de pulpo con tomate y verduras varias. Volvemos al vino tinto italiano de ayer. Hoy no hay ni postre, estamos a punto de reventar. Es a estas horas cuando todo el cansancio acumulado de la chuza de ayer, la resaca de hoy y los diferentes paseos se nos echa encima. Aprovechamos el tiempo en el restaurante, hasta el punto de que somos los ultimos clientes y nos estan esperando para cerrar. Pero nos aguantan porque saben que estamos obsesionados con la macedonia y le vamos a dejar buena propina. Al final decidimos ser buena gente, raro en nosotros, y abandonar el lugar... en direccion al hotel. Ya se que puede parecer increible, pero estamos rotos. Apenas si seran las once y ya estamos metidos en la cama. Toni empieza a roncar, se acabo el dia.
 
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