domingo, 8 de enero de 2017

Tres dias en Roma 1. Paseo cultural

Aqui estamos, amigos, ultima hora de la tarde o primera de la noche, recien aterrizado en Roma, Italia, si, la ciudad de nuestros colegas los romanos. Ciampino, un aeropuerto ridiculo y con instalaciones tercermundistas, lamentable que la primera cerveza que agarro de una nevera para refrescarme a mi llegada a la ciudad este mas caliente que mi culo despues de cagar guindillas. Mala entrada hemos tenido en el pais, mejor agarro un taxi hasta mi hotel y me preparo para meterme una buena cena, chuza y a la cama.

Mi hotel es el Pantheon Inn, un antiguo edificio en la zona del espectacular Pantheon, primer monumento que veo de la ciudad y que me deja bastante extasiado. El susodicho hotel fue en su tiempo vivienda de Garibaldi y a dia de hoy comparte varios pisos de habitaciones con la sede del puto partido socialista italiano. Empezamos mal y vamos a peor. Por lo menos el restaurante que me recomienda el recepcionista indio no esta mal del todo. Es caro, si, pero el papeo es exquisito, por supuesto me tiro a la pasta, algo que no voy a abandonar en los sucesivos dias. Cojones, estamos en Italia. Massimo es el propietario del local, un tipo simpatico que, afortunadamente, habla ingles. Y es que voy a tener un problema de comunicacion en las proximas jornadas. Sobre todo cuando los italianos te dicen que si, que hablan ingles, luego te pones a hablar con ellos y ni te entienden ni te responden. Y bueno, que mi italiano tampoco me permite mucho mas que decir 'una birra grande, per favore'. Aunque para mi casi que es bastante.

Despues de un par de chelas consistentes, o quiza alguna mas, al final me acabo yendo a dormir. Ha sido un dia corto, asi que vamos a centrarnos en la siguiente jornada, donde ya me levanto en perfecta forma y a temprana hora en la capital italiana. El primer plan del dia es desayunar fuerte, incluido en el hotel, con un bonito buffet que me va a permitir coger fuerzas. Mas de uno se sorprende de ver a un tio comiendo como un cerdo sin parar durante mas de media hora, pero bueno, es que voy a pasear. Y es asi que, casi a punto de reventar, y teniendo que realizar una visita previa a la taza, finalmente consigo enfilar mis pasos hacia el rio Tiber, cuya orilla voy a seguir durante un buen rato a lo largo de este interesante paseo por la urbe.

No os lo vais a creer, no me lo creo ni yo, pero no pruebo ni una sola gota de alcohol en cinco horas. Paseo y paseo y paseo, veo cosas, hago fotos... y ni se me pasa por la cabeza enchufarme algo de gasolina. Definitivamente el desayuno ha sido lo bastante virulento como para dejarme saciado. La temperatura es agradable, a primera hora hacia realmente frio, apenas dos o tres grados y con un viento criminal, pero el sol va calentando y al superar los diez o doce grados ya tengo que llevar la chaqueta en la mano e ir en camiseta. Si, soy un tipo bastante caluroso. Y eso que aun no he bebido nada, insisto.

Mi andadura cultural me lleva por la vera oriental del Tiber hasta la isla Tiberina, la cual me resulta un enclave muy curioso. A continuacion me dirijo hacia el Foro Romano pasando por la famosa plaza de la Boca de la Verdad. Aunque paso del ritual de meter la manita en la boca, dejo eso a chinos y japoneses, que estan haciendo una cola de cerca de una hora solo para semejante chorrada. Pronto llego al Circo Massimo, donde me imagino algunas escenas de la peli Ben-Hur, la buena, la de Charlton Heston, no la nueva aberracion que han estrenado recientemente. Y finalmente circunvalo el Foro, disfrutando de la vista desde las zonas mas elevadas y acabando, como no puede ser de ninguna otra manera, junto al colosal, y de ahi su nombre, Coliseo.

Se acabo, tengo sed, creo que tiene mucho merito el haber aguantado tanto. Desde hace un par de semanas tengo reservada una mesa para comer en uno de los mejores restaurantes de esta zona, pero aun queda una hora para eso, asi que ahora toca visitar el Shamrock, un pub irlandes que me encuentro por casualidad durante mi caminar y que, obviamente, despierta mas aun mi sufrida sed. Una pinta de una lager italiana y una breve conversacion con la hermosa camarera calabresa (breve porque la chica habla bien poco ingles) hacen que la espera hasta la hora del papeo se me haga mas o menos amena.

El Luzzi es un restaurante de menu para trabajadores locales. Los pocos turistas que lo pisan lo hacen casi por error, porque bien poca promocion tiene, pero las opiniones que uno se puede encontrar por internet lo convierten en uno de los lugares mas tipicos (y baratos) de la zona. Antipasti y pasta, yo sigo a lo mio, con mas cervecitas y acabando con varios licores del pais, limoncelo, amaro y grappa. Salgo del sitio haciendo eses, con la barriga llena y feliz. Pero no me quedan mas cojones que seguir paseando y viendo monumentos, calles, plazas y demas. Turno para echarle unas fotitos al espectacular monumento a Victor Manuel, frente al cual paro a cascarme otra cerveza, por supuesto. Acto seguido cojo la Via del Corso y tras un ratillo mas de caminata llego a la mitica Fontana de Trevi.

Demasiados turistas. No se muy bien como, pero acabo en la calle del Nazareno, lo cual parece que no es muy dificil en Roma, y pronto aparezco frente a la espectacular escalinata de la plaza de Timospain. Yo creo que ya he visto bastante por hoy, aparte que son casi las cinco y ya ha oscurecido, es lo que tiene que sea enero. Pues es bastante pronto para ir tan doblado, porque la verdad es que me empiezo a encontrar en bastantes malas condiciones. Facil solucion, paseito hasta el hotel con parada incluida en una heladeria a cascarme una cerveza, y directo a la cama a tumbarme y que todo me de vueltas durante un rato.

Tras dos o tres horas en las que creo que me he quedado dormido unos minutos, se me empieza a bajar el pedo. Salgo de la habitacion y veo al recepcionista indio (creo que es diferente al de ayer, pero a mi todos los indios me parecen iguales). El tipo se parte el culo y me dice que tengo mejor pinta ahora que cuando entre en la habitacion. Yo la verdad ni me acuerdo de haberlo visto, pero tampoco recuerdo muy bien haber entrado en la habitacion. El caso es que ahora mismo ya no voy tan pedo, asi que voy a intentar remediarlo. Lo primero, subo a la azotea a gozar de las vistas a ninguna parte de la terraza del hotel y del frio criminal que a estas horas esta ya empezando a hacer. De nuevo estaremos a uno o dos grados. Creo que ya es hora de cenar, me voy a la calle.

Vuelvo a la Pigna, donde Massimo me esta esperando con la mas absoluta de las alegrias posibles, la que se va a llevar su bolsillo despues de mi papeo y de pagar, claro. Asi es logico que al menda le encanten los turistas. Mientras ceno (pasta, obviamente) y me pongo tibio a base de un increible vino tinto del Lazio, Massimo me cuenta la historia de su hermano fallecido en el reciente terremoto acontecido en Italia, al hombre casi le empiezan a caer las lagrimillas. No quiero ser insensible, pero vuelvo a ir como una peonza. Me pido un par de limoncelos y tras un breve y ultimo paseo por las calles colindantes, acabo cayendo de bruces en la cama. Quiza sea pronto para dormir, pero entre el pateo y el mamoneo estoy roto. Hasta dentro de unas horas, pues.
 
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