sábado, 14 de enero de 2017

Tres dias en Roma 3. Paseo resacoso

Como no podia ser de otra manera despues del exceso etilico de ayer, me levanto en esta mi postrera jornada en Roma con una resaca de infarto. Lo primero que veo al salir de mi habitacion es la cara congelada del recepcionista indio que me dice que esta noche han llegado a hacer seis grados bajo cero. Y la cosa no ha mejorado puesto que muy pronto voy a comprobar que en la calle la temperatura va a resultar gelida a lo largo de todo el dia. Pero lo primero es coger fuerzas e intentar combatir la resaca con mi tipico desayuno virulento en el hotel que, debido precisamente a los excesos etilicos de ayer, hoy no es tan intenso como en las jornadas anteriores. Que tengo el estomago bailando samba, vamos.

No he previsto ningun plan especial para hoy, asi que cojo el mapa y busco algun punto que visitar, algun paseo que dar, algo que ver y hacer. Un tanto lejos del hotel queda la basilica de Santa Maria la Mayor, que he leido es bastante espectacular. Estoy hasta el forro de los huevos de ver iglesias pero por una mas no me voy a morir. Ademas, el paseo con esa temperatura congelada que tenemos hoy me deberia de venir bien para el resacon. Bueno, la verdad es que no, lo paso bastante mal, apenas puedo respirar y parece que lleve dos cadenas con bolas de acero atadas a los tobillos. Poco a poco, sin prisa, con mas de un quejido y medio agonizante, finalmente llego a mi destino.

Tengo sed. Hoy no voy a aguantar sin chuzarme hasta la comida, ya se sabe que la resaca pide alcohol, vamos que tengo el mono. Estoy muy cerca de la estacion de tren de Termini, la cual esta rodeada, como casi todas las estaciones del mundo, de bares. Me meto en un sitio simplemente llamado 'Birreria', donde encuentro a un viejo en los servicios que esta meando en pelota picada. Tampoco es que me interese mucho, porque yo voy a lo mio, que es mear tambien, pero con el frio que hace y la tos tisica que tiene el hombre, yo le recomendaria que se cubriera un poco. En fin, debe de ser una costumbre romana.

Soy un tipo raro, me gustan las estaciones de tren, las veo como monumentos tanto o mas importantes que iglesias, coliseos y demas mierdas habituales. La estacion actual de Termini fue una obra iniciada por el Duce en 1942. Autentica arquitectura de la Segunda Guerra Mundial. No la puedo dejar escapar. Pero lo cierto es que me decepciona, posiblemente porque tras el colapso con la derrota en la guerra, esta ambiciosa obra nunca pudo ser acabada por el ejecutivo fascista. Asi que a lo largo de los tiempos posteriores se han ido agregando elementos y reformando otros muchos. Vamos, que la estacion es una porqueria post-modernista que parece mas un centro comercial que otra cosa. Mejor sigo caminando direccion norte sin rumbo establecido a ver si me encuentro alguna otra pirula interesante. Cojones, casi me estampo contra una farola con esto de ir mirando hacia la decepcionante fachada de la estacion. Bonita farola, con un grabado de un aguila de las Fasces. Ya sabia yo que la mano del Duce por algun lado tenia que aparecer.

Parando a hacerme alguna que otra cervecita mas, llego hasta la Villa Borghese, que a dia de hoy es un espectacular e inmenso (no os podeis imaginar cuanto) parque de esos que la gente usa para pasear y despejar la mente. Me tiro mas de media hora atravesando la Villa Borghese de los cojones que nunca se acaba, hasta que al final se me acaba la paciencia, me vuelve a entrar sed y tengo que buscar en el mapa la salida mas proxima. Voy a dar casi por casualidad a la monumental Piazza del Popolo, que mira tu por donde esta flanqueada por diversas callejuelas todas ellas llenas de bares y restaurantes. Caros, supongo, la tipica mierda para turistas. Asi que ando durante unos diez minutos mas para intentar salir del meollo y cuando veo un sitio algo mas cutre me meto a hacerme un par de buenas birras y comer, como no, un buen plato de pasta.

El paseo de hoy ha sido largo, y si lo sumamos a la resaca y el intenso frio, hace que yo ahora mismo me encuentre bastante reventado. Pronto anochecera, asi que tras el papeo voy tranquilamente paseando hacia el hotel, que ya no queda muy lejos tras todo el voltio que he pegado. Obviamente aun hago un par de paraditas a cascarme dos cervezas mas. Una vez llego al hotel arreglo todas mis cuentas, que con tantas chuzas y resacas concatenadas aun se me va a olvidar pagar. Ya que al dia siguiente me largo temprano al aeropuerto, decido reservar un taxi y casi despedirme del recepcionista indio, al cual le espeto que en breve voy a visitar su pais de origen. Supongo que el tipo se alegra, aunque su expresion tampoco cambia mucho de la eterna sonrisa que me ha mostrado durante todos estos dias. O quiza era el otro indio, porque los dos recepcionistas son clavados y como siempre voy borracho la verdad es que los confundo. En fin, que me da igual.

El tipo al final me recomienda un sitio para cenar esta noche, un restaurante cercano llamado 'Los Tres Amigos' o algo asi, obviamente en italiano. A mi eso me suena a una pelicula mexicana muy mala de los 80, pero ya que no tengo ningun otro plan, casi que voy a probar. Buen sitio, ambiente muy tranquilo, no excesivamente caro y nuevamente la pasta (no puedo comer otra cosa) esta cojonuda. Por supuesto botella de vino para cenar y licores para cerrar la paraeta. Un ultimo paseo de apenas un par de calles me separa del hotel, asi que recorro mis ultimos pasos por los adoquines de Roma y me despido, hoy sin ir excesivamente doblado, de esta ciudad y este pais tan cargados de historia. A dormir, y tras unas cuantas horitas, avion y vuelta a la realidad.
 
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