jueves, 16 de febrero de 2017

Una semana en Delhi 2. Visitando la ciudad

Buenos dias, India. Pues tampoco he dormido mucho porque al final me acoste tarde de cojones y me costo un poco coger el sueño confortable, pero tras cinco o seis horas de maldormir aqui estamos, listos y dispuestos para ver que cojones dan de si esta ciudad y este pais. La habitacion del hotel es mas cutre aun de lo esperado, una vez despierto y echando un ojo a todos los detalles. El somier es lo mejor, basicamente estoy durmiendo en un puto ataud, una base de maderos bien duros y un colchon de apenas tres dedos de espesor. Eso si, rigido estoy, vamos, como un muerto. El baño es mejor aun, con desconchados debidos a la humedad por todas partes y grietas tan tochas en la pared que por momentos parece que vayan a empezar a salir serpientes encantadas de ellas. Pero bueno, como no soy maricon, tampoco me voy a extender en la descripcion, mejor me pego una ducha taleguera, porque la ducha es peor que la de muchos talegos europeos, y me preparo para empezar mi primer paseo por Delhi.

En la recepcion del hotel me encuentro a mister sonrisa, y es que el recepcionista habitual de dia es un indio de cuarenta y pocos, amplio, bien peinado y trajeado, para que no se diga, y con unos modales y sonrisa que sobrepasan el limite de la amabilidad absoluta. Si, señor, por supuesto, señor, gracias, señor... Una educacion extrema en los modales, que pronto voy a ver que es comun a todo el pueblo indio. Gente honesta, honrada, y que se preocupa mas por el que hay al lado que de uno mismo. Ya podrian algunos paises occidentales, concretamente del oeste europeo, y especialmente de la peninsula iberica, aprender de estas gentes. Y no, no me refiero a los portugueses, que tambien son bastante educados, todo sea dicho.

Salgo a la calle y descubro la realidad del trafico de Delhi. Aqui no hay leyes ni normas. Veremos una avenida de cuatro carriles donde circulan a la vez coches modernos, coches antiguos, motos, morocarros, bicicletas, gente andando, vacas, elefantes, camellos... y digo carriles por decir algo, porque cada cual va por donde puede, incluso por la acera. Los semaforos no existen, en los cruces gana el primero que se mete, o ninguno, porque lo mas normal es que entren todos a la vez y al final se acaben petando. Todo esto imaginadlo en vuestra ciudad y multiplicadlo por mil, porque aqui la poblacion es inmensa. Alla a donde miro solo veo cabezas, apenas puedes caminar porque la muchedumbre te tapona. El sonido de las bocinas en ensordecedor y constante. Lo podria explicar una y otra vez pero ya os digo que si no se vive es imposible de imaginar. Va mas alla de la peor de las locuras que podais pensar.

En mitad de todo esto, apenas tengo que caminar dos manzanas para encontrarme con mi contacto. Asi es, conozco a alguien, una vieja amiga que me va a servir de guia durante dos o tres dias, para que mi estancia en Delhi no sea tan salvaje. Como ella misma me dijo antes de llegar aqui, no esta claro si lo que voy a experimentar me va a gustar o no, pero va a ser tan diferente a todo lo visto anteriormente, que mejor tener a alguien que me lo explique. Y tengo a ese alguien, Zuali, la bella Zuali, una joven india procedente de la provincia de Mizoram, en el noreste del pais, que por alguna macabra razon en un momento dado se traslado a vivir a la capital y, extrañamente, ha acabado por adaptarse a esta puta locura de ciudad que es Delhi.

No voy a explicar como y cuando conoci a Zuali, seria muy largo, pero la cuestion es que me alegro mucho de encontrarme con ella despues de casi dos o tres años desde la ultima vez. Y la chica no quiere perder el tiempo, ya que estoy en Delhi, pues a visitar cosas. Para abrir boca algo casi prohibido a turistas, un paseo por la vieja ciudad de Delhi. El motocarro es el taxi por excelencia. Mas manejable y barato que un taxi convencional, sobre todo para estos transitos por la ciudad, y siempre con el cachondeo del regateo con los conductores, especialmente si eres turista. Pero Zuali se las sabe todas. Despues de una autentica aventura suicida de conduccion criminal por media urbe, llegamos a la mezquita mas grande de todo el pais, que se situa justo a la entrada de Old Delhi.

Somos catolicos y se nos nota, asi que tenemos algun que otro problema para entrar al templo. Para mas inri, mi camiseta haciendo apologia de la sidra irlandesa no ayuda mucho a hacerme amigo de los musulmanes. Aun asi, varios moros que no han visto a un hombre blanco en su vida se paran a mi lado para hacerse fotos conmigo. Si, leeis bien, yo soy el turista pero son ellos los que sacan fotos de mi. Y no me parece raro, en la vieja Delhi soy el unico rostro palido. Todos me miran y me preguntan, soy el foco de atencion. Esto es algo bastante comun en la ciudad, apenas hay turismo, practicamente ninguno. Asi que soy el unico payaso que pulula por estos lares. Y encima, como soy un cachondo mental, me meto en los sitios mas tetricos y perdidos. Es asi como Zuali y yo pronto acabamos en un restaurante tipico solo para gente local, que apenas si conoce ella misma, pero intuyo que el papeo va a estar cojonudo. Pollo picante, arroz, pan de naan... en fin, un menu para dos que al final nos sale por dos pavos. Si, los precios aqui estan tirados. Si sabes donde ir, claro, porque en cuanto te muevas a una zona con mas pasta o donde caiga algun turista, se acabo el chollo. Sin ser excesivamente caro, pero no 'tirado', que es la unica definicion que se puede aplicar a una comida para dos por dos pavos. Ah, y no podemos acabarnosla.

Y seguimos nuestra ruta. La tumba de Humanyun es un parque gigantesco con varios edificios, entre ellos la tumba del susodicho, que suelen ser reclamo para algun que otro turista. Bueno, seamos realistas, solo para mi, y porque me han traido aqui. Aunque el sitio es muy bonito, a decir verdad yo me estoy muriendo de sed, hacen 25 grados, que para mi es un puto horno viniendo de donde vengo, y no hago mas que preguntarle a mi guia por las cervezas. Si, pronto, seguro, pero va, cojones, que me deshidrato. Aun visitaremos el Red Fort, que para mi suerte esta cerrado, y un par de tiendas de musica donde expreso mi interes por sitares, tambouras, tablas y demas instrumentos indios. Hasta que entro en una donde un indio melenudo me dice que no venden esas mierdas, que alli solo se dedican a la musica heavy. Bien, ya veo que chevutas hay en todas partes. Hale, joder, a beber.

Mi primer contacto con los pubs indios es chocante. Sobre todo despues de pasar todo el dia entre lo mas profundo de la ciudad. No hay termino medio, esto es pijo y estilista a tope. Hasta te piden identificarte antes de entrar, te abren la puerta y te sientan en la mesa como si fueras James Bond. Despues de lo de anoche con las viejas californianas, aun lo soy. Los baretos aqui solo son para gente muy pudiente, aun asi los precios, sin ser tirados, son razonables. 0.80 por una cerveza o 4 pavos por una jarra de litro y medio. Me tiro a las locales, Kingfisher y Bira, dos grandes descubrimientos, sobre todo esta ultima, a pesar de las caguetas que produce.

Tras un par de rondas, mi preciosa guia decide emigrar hacia su apartamento en la zona norte de la ciudad. Tiene que cuidar de sus hermanas... y yo de mi cogorza. Tampoco necesito mucha mas guia para ponerme a tono, la verdad, lo unico es que siempre mola recrearse la vista con hermosas mujeres. Pero si no queda otra... me tomo un pequeño relax en el hotel y me preparo para la cena. El hombre de la eterna sonrisa ahi esta, perenne en la recepcion, asi que le pregunto por el mejor restaurante de toda la ciudad. El United Coffee House, sin duda, a unas tres o cuatro manzanas de donde esta mi hotel. Estamos en Connaught Place, el centro de Delhi, alrededor nuestro esta lo mas pijo, caro y especial de todo el pais. Vamos, que aqui me puedo sentir como un puto rey. Vamos a ello.

Llego al local. Varios indios me hacen la reverencia (sin exagerar), me sientan casi a la fuerza y me cubren de perfumes, servilletas bordadas y diferentes menus. Todo dios me mira. No hay mucha clientela pero son todo indios super trajeados y con pinta de muy pastosos. Yo soy blanco, como la leche, y voy en vaqueros y camiseta. Pero saben lo que hay, el poder del dolar, o mejor dicho, de la libra esterlina. James Bond, ya lo decian las viejas californianas, asi que de entrante me meto un Cinzano con vodka, sin remover y sin agitar, que yo tengo mi estilo propio, cojones. Eso si, acto seguido le digo al camata indio que me empiece a sacar Kingfishers, una tras otra, y que cuando vea mi vaso vacio saque otra, que yo mamo mucho. Sus deseos son ordenes, señor, y asi lo hace.

Para empezar a llenar el buche, bocaditos de paneer, que es un queso tipico indio, con una salsa de espinacas, que barbaridad, de lo mejor que he probado en mi vida... No me voy a parar a describir mucho la comida, solo decir que al final de semejante atracon, me senti bastante enfermo. Luego vino la pierna de cordero entera para mi solo y para finalizar el triple helado casero de pistacho con no se que mas mierdas. Lo dicho, enfermo. Y de paso borracho. Consigo llegar de vuelta al hotel no se ni como, aun tengo los santos cojones de hablar por telefono con Zuali planeando lo que voy a hacer los proximos dias y... bueno, al final me quede dormido, y no se muy bien ni cuando ni como.

 
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