martes, 21 de febrero de 2017

Una semana en Delhi 4. Taj Mahal

Si uno visita India, imprescindible es ver el Taj Mahal, el mas hermoso y perfecto monumento construido por amor en toda la historia de la humanidad. Obviare la informacion al respecto, el que no conozca nada sobre el lugar, que vaya a wikipedia y se entere, muy recomendable. La cuestion es que son las 6am y un coche privado nos esta esperando a mi guia Zuali y a mi para llevarnos hasta Agra, donde se encuentra la mencionada maravilla. Son tres horas y media de conduccion para llegar hasta alla, y otras tantas para volver, obviamente, asi que cuanto antes mejor. Con nuestro propio chofer, que estara todo el dia esperando por nosotros y llevandonos a donde quiera que le digamos. todo por el modico precio de 50 pavos, peajes, gasolina e impuestos varios incluidos. Quiza os parezca barato pero para este pais es una barbaridad de precio que solo los putos ricachones nos podemos permitir. Me encanta India.

Emprendemos la marcha, yo bastante fresco porque me fui a dormir mas o menos pronto y no muy doblado, pero el careto de la pobre Zuali lo dice todo, apenas ha dormido una hora y parece un zombi, y es que se ve que a ella tambien le va el pimploneo, especialmente en solitario en casa. Ayer se estuvo poniendo fina hasta cerca de las 4am, y me da que todavia va algo piripi por la cantidad de conversacion que me da y lo feliz y sonriente que parece. Y eso que el amanecer es asqueroso, con una neblina que no se acaba de disipar y una temperatura que, a mi me gusta bastante, pero para estos indios es como ir al Polo Norte. Debemos de estar a 12 o 13 grados centigrados.

La autopista desde Delhi hasta Agra es de lo mas placida. Cuatro carriles, ni un puto coche, y una tranquilidad que mataria a un muerto. Hemos salido de la marabunta de Delhi y aqui practicamente no hay nada, apenas algunas lejanas granjas, y esa niebla que no se acaba de ir, ocultando el sol y dejando entrever desolados paisajes de matorrales, bastante verdes, todo sea dicho. Esto no es como la amarilla Castilla, ni mucho menos. La conduccion de los indios, aunque sea por una autopista de pago, sigue siendo la misma pirula macabra de siempre. De vez en cuando nos vemos pasar una moto que viene de frente por nuestro mismo carril, o nos topamos con un tipo en carreta cruzando como si nada, o adelantamos a un tranquilo aldeano en bicicleta. Lo de siempre, no hay ley.

Son casi las diez y ya estamos en Agra, enfilando la calle, camino o lo que sea que nos va a dejar en el "parking" (grupo de coches amontonados en una explanada de tierra) junto al Taj Mahal. Siendo que Agra no es ni mucho menos un pueblo, no hay la masificacion de Delhi ni de lejos. Observo una vida mas placida y tranquila para los habitantes del lugar, que no pueden evitar mirar extrañados al individuo que va sentado en este coche, o sea yo, un hombre blanco, algo que muchos de ellos rara vez han podido contemplar. Despues de sortear un par de vacas, que ya se sabe son el animal sagrado del pais, que estaban tranquilamente durmiendo en mitad de la calzada, finalmente nuestro chofer nos deja lo mas cerca que puede del recinto del Taj Mahal, ya que por ley no se puede circular en un radio de un kilometro del monumento. Vamos, en el susodicho parking macabro.

Los diez minutos de paseo hasta la entrada son un suplicio. Todo dios me intenta vender absolutamente todo lo que puede. El unico que me cae bien es un tal Johnny, quiza por el nombrecito que se ha puesto, o quiza porque no me da mucho la murga y simplemente me dice que le busque despues de la visita al lugar para comprarle souvenirs. Es un indio mas occidentalizado, no tan plasta como sus conciudadanos, y hasta habla un ingles bastante aceptable. Bueno, por fin, ya estamos dentro del recinto, paseamos por la explanada de entrada y tras atravesar un inmensa puerta roja, ahi vemos, al fondo, flanqueado por sus imponentes y perfectos jardines, esa obra maestra de la arquitectura universal, el Taj Mahal.

Tengo que decir que hay muy pocas cosas que me impresionan en este mundo, y menos aun si son construidas por el hombre, pero lo del puto Taj Mahal me deja con la boca abierta. Es mucho mas incluso de lo que esperaba. No voy a entrar en detalles pero creo que nuestro paseo por los jardines, alrededores e interior del edificio se debio de extender durante dos o tres horas. Zuali, que a pesar de ser india es la segunda vez que viene al lugar, esta absolutamente embobada con la perfeccion de como el marmol blanco ha sido vaciado y pulido para conseguir unos relieves decorativos absolutamente inauditos en cuanto a dibujo y simetria. Y yo... bueno, a mi me gusta absolutamente todo, aunque he de reconocer que las vistas desde el monumento al rio Yamuna me ponen especialmente cachondo. Que belleza, por Dios, y eso que aun no voy borracho.

Y ahora que lo menciono... con este solecito que tenemos y el paseillo por los jardines, me esta entrando una sed cervecera... Disfrutamos de nuestras ultimas vistas y obligadas fotos del lugar y decidimos salir buscando un sitio para menear el bigote (hay bastantes) y refrescarnos el gaznate. Pero antes, oh vaya, nuestro amigo Johnny nos caza, y yo que casi me habia olvidado de el. Pero bueno, tampoco me sabe mal, como me tengo que llevar algun souvenir de aqui, le regateo los precios, como es costumbre en el pais, y me llevo cuatro o cinco cosillas para rememorar mi visita al lugar. Y apenas cien metros mas alla, una especie de restaurante cutre (con cuatro mesas) que simplemente llama nuestra atencion por el letrero de la entrada, "tenemos cerveza fria". Mirada complice entre Zuali y yo, que tenemos aficiones etilicas similares, y para dentro.

Por el comportamiento de los camatas, me doy cuenta rapidamente de que he entrado en un local de musulmanes, pero aqui en India, como son una autentica minoria, son realmente liberales, asi que pronto nos sacan un par de cervezas de 650ml (buena medida), con el tipico cachondeo del moro que dice que para la mujer la de 4% de alcohol y para mi la de 8%, que para eso soy un hombre. Moros. Para comer Zuali se pide un rollito vegetal indio (parecido al chino pero de tamaño descomunal) y yo me decido a probar un curry de pollo, en la tierra por excelencia del curry. Y bien bueno que esta, tengo que admitirlo. Como anecdota, recomendaros que nunca jamas entreis al servicio en un local de moros, por mucho que os esteis meando. Supongo que habeis visto la pelicula Trainspotting. Ahi lo dejo.

Nuestro chofer, coche incluido, esta donde tiene que estar, en el cutreparking, esperandonos. Le comentamos que nos lleve a ver la otra atraccion de la ciudad, el Fuerte Rojo de Agra, que es inmenso y espectacular, por cierto, pero veo el cansancio de Zuali y me hago cargo de que si entramos a verlo llegaremos realmente tarde de vuelta a Delhi, asi que simplemente visitamos el exterior, que ya de por si es bastante increible. Y decidimos volvernos hacia la capital. A esta hora habra mas trafico, sobre todo de entrada a Delhi, asi que vamos a llegar practicamente cuando se ponga el sol. La pobre Zuali acaba durmiendose en el camino de vuelta, y yo voy dando cabezadas, aunque no me quiero perder nada del paisaje que va surgiendo a mi alrededor.

Una vez en Delhi, Zuali decide emigrar a dormir la mona, la resaca o lo que sea que lleva encima, prometiendome que mañana va a estar con las pilas cargadas y que tiene planes para que pasemos un gran dia. Yo, por si acaso, le pregunto donde esta la tienda de licores mas cercana, que aun son las seis de la tarde y necesito mi racion habitual de chuza. Visito la susodicha tienda y me compro cervezas locales varias y una botella de vino tinto indio. Pero decido meter toda esta metralla en la maleta y llevarmela de vuelta a casa. Ahora toca visitar de nuevo el Hawkers, un pub que ayer me dejo muy buenas sensaciones, y ponerme totalmente del reves.

Vamos a lo grande, directamente me pido una jarra de cerveza de litro y medio. El camata indio, que se acuerda de mi de ayer, me pregunta si estoy seguro, que soy una sola persona y eso es mucho liquido. Rapidamente le cierro la boca, "soy escoces, saca la puta jarra", quiza me he pasado un poco con los modales, sobre todo con lo educadamente que me ha tratado el indio, pero pronto nos hacemos buenos colegas entre risas y conversacion (estan muy interesados en los single malt escoceses), y cuando pido la segunda jarra ya no hay mas preguntas tontas. Para cenar pruebo una recomendacion de Zuali, el pollo en salsa de mantequilla, que no esta mal, pero me parece demasiado suave. Creo que me tiro unas cinco horas mamando y mamando y mamando en el Hawkers. Para que moverme, estoy a gusto y aqui ya todos los camatas son colegas. Para llegar de vuelta al hotel tengo que atravesar tres o cuatro calles, el tipico deporte de riesgo, especialmente yendo doblado como voy. Finalmente lo consigo, me tumbo a dormir y me doy cuenta de lo jodido que tengo el estomago. Creo que va a ser una noche demasiado larga...
 
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