lunes, 10 de abril de 2017

Al asalto de Manhattan 3. Central Park y la chuza

El jet-lag es jodidamente permanente. Aun no son ni las cinco y ya tengo los ojos abiertos. O me desfaso y me tiro una noche en vela hasta las tantas o no voy a ser capaz de corregir esto. Y aun asi no lo tengo muy claro. Bueno, misma rutina de ayer, tomarmelo todo con mucha calma y entre las siete y las ocho ponerme a pasear Manhattan hacia arriba, que es lo que toca hoy. Mi ruta del dia se basa en coger la archifamosa Quinta Avenida direccion norte, visitando unos cuantos rascatas de esos que todo dios conoce, llegar hasta Central Park, darme una vueltecilla entre la naturaleza y acabar en la puerta del edificio Dakota, residencia de los postreros años de vida de John Lennon y lugar donde fue asesinado a balazos.

Caminando por la avenida mas reputada y reconocida de Manhattan (si Broadway me lo permite), uno se va encontrando con autenticos chuzos verticales que se pierden en la inmensidad del cielo. El mas emblematico y espectacular es el Empire State Building, aunque sin King Kong colgando de el, ya os digo que no es lo mismo. Un minimo desvio de dos calles nos acerca a otra mole, el edificio Chrysler, junto a la espectacular e inmensa Grand Central Station. Y un poco mas arriba nos encontraremos con el Rockefeller Center. Y vale, que tengo hambre. Es que no he desayunado. Tampoco tengo mucha sed etilica (todavia), sera que apenas si me he despertado con resaca, asi que puedo pasar con un zumito.

Brillante idea me ha venido a la mente, justo en el momento en que me quedo plantado delante de otro inmenso tocho vertical. Estoy ya casi en Central Park, asi que el sitio perfecto para desayunar va a ser el restaurante de la Trump Tower. Claro que si, si a alguien le tengo que dar mi pasta, que sea al señor Presidente. Los tontolhabas de siempre, los maricomplejines politicamente correctos y los pijohippyprogretas pro-terroristas ahora mismo se deben de estar cagando en mi puta madre. Pues que os jodan a todos. Trump es un tio que me cae de pelotas, a mi personalmente no me ha hecho nada (lo mismo que a vosotros), y visto lo visto, parece que va a conseguir hacer de este mundo un sitio mucho mejor, exterminando a moromierdas. comunistas e hijos de puta varios. Larga vida a Trump.

Despues de desayunar felizmente, visitar gran parte del edificio (lo cual me lleva mas de una hora) y decepcionarme porque el Trump Bar aun estaba cerrado (demasiado pronto), salgo con una sonrisa de oreja a oreja, paso por delante de la puerta de Tiffany's y en un salto me planto en Central Park. Ahora disfrutemos un rato de la naturaleza. Por suerte el dia esta soleado, porque el astro rey me sirve para guiarme en mis pasos y es que este puto parque es un laberinto y es mas que facil perderse dentro de el. Aunque tambien me sirven de referencia los ahora lejanos rascatas que flanquean a uno y otro lado de esta inmensidad de arboles, plantas y riachuelos.

Las horas han ido pasando y mi sed etilica ha comenzado a despertarse, pero en serio. Por desgracia aun me tendre que aguantar un rato. He llegado a Strawberry Fields, la zona del parque dedicada a John Lennon, donde los tipicos turistas se hacen fotos y un viejo reventado guitarra en mano ameniza el ambiente tocando (bastante mal, por cierto) temas legendarios del ex-Beatle. Justo enfrente queda el edificio Dakota, al que nadie presta atencion. Ni un puto turista, mejor. Me acerco, le hago un par de preguntas al mas que serio conserje negro que esta en la puerta impasible como una farola y acto seguido hago las cuarenta fotos de rigor. Estoy por entrar a visitar a Yoko Ono pero todo sea que me acabe violando. Asi que mejor concluyo mi visita de tramite y empiezo a buscar el mamodromo mas cercano, que hace sed.

Para mi desgracia, en toda esta zona no veo ni un puto bar. Callejeo haciendo diagonales, nada. Calles, avenidas, rincones... nada. Al final me toca enfilar la Segunda Avenida en direccion sur y tras una angustiosa y sedienta media hora de paseo interminable, al fin localizo el Albion Bar. Un bar de vecinos, cutre, pequeño, donde no hay ni papeo. Y encima la camata va de estrella, te sirve y no te habla. Voy a durar poco aqui. Me acabo mi Brooklyn y me paso al siguiente local. Ahora resulta que se amontonan uno tras otro, manda huevos. Aqui me atiende un mexicano medio maricon (o del todo) que aparte de ponerme una Bud Light (la de los maricones, ya lo decia yo), me pregunta si quiero comer algo. Veo una oferta de seis ostras a un dolar que no puedo dejar pasar. Y ademas estan cojonudas. Aprovecho y, ya puestos, y a pesar del mexicano amanerado, decido comer en este pub, que no se ni como se llama. Pulpo a la portuguesa y mas cerveza. Y para rematar un chupo, que he perdido mucho tiempo y aun no voy doblado. El mexicano rarito me pone algo llamado Kamikaze, pero no me explica lo que lleva. Hala, ya esta gaznate abajo, a tomar por culo, sobre todo el mexicano, que fijo que le mola.

Ya en el hotel, empiezo a pensar en los maquiavelicos planes de la tarde-noche. Hoy hay que agarrar una buena, eso esta claro. Tras echar un ojo al mapa decido que voy a visitar los locales del East Village, una zona que no parece tan pija como la Tercera Avenida y que me pilla a poco mas de cinco minutos del hotel en direccion este. Pues a ver que encuentro. Para abrir boca, cuando aun no son ni las cinco de la tarde, atravieso la puerta del Planet Rose, un cutre-bar-karaoke donde de momento solo estan la camarera y dos rubias totalmente tajadas cantando como el culo. Tras amenizar mi gaznate con un par de Brooklyns, pillo el libreto de canciones y empiezo a solicitar mi repertorio. El local se va llenando, yo voy mamando mas y mas, e intercalandome con varios tarados desafinados, me hago un repertorio de lo mas espectacular con Thin Lizzy, Elvis, Traveling Wilburys y, para cerrar, el My Way de Sinatra, que provoca que un grupo de gordos con pinta de mafiosos al fondo de la barra se levanten con cara mas seria que un palo y no paren de aplaudirme durante dos minutos.

Se acabo el show, tengo hambre. Una negra gorda con pinta de pordiosera me para en la puerta. Es la tipica que sale en todas las pelis taladrando a todo dios y que no puede parar de hablar ni bajo el agua. Me dice que no me vaya ahora, que siga entreteniendo al publico. Se debe de referir al resto de borrachos que cantan mas desafinados que Carmen de Mairena. Paso de la negra y reboto al otro lado de la calle, donde se ubica Percy's Tavern, un pub irlandes que va a resultar muy nocivo para mi salud. Me doy cuenta de que ya voy fino cuando no atino a subirme al taburete. La camarera, una rubia irlandesa de bastante buen ver, se empieza a partir y ya se da cuenta de que va el tema. Me pone una Brooklyn sin ni pedirla. Este pub me mola.

En este parrafo contare mis ultimos recuerdos de la noche. Y recordados con alguna que otra laguna, por cierto. Veo que en el menu hay una alitas ultra-picantes, el estilo americano me dice la irlandesa. Quiero joderme el estomago, asi que me pido una docena. A la segunda ala ya no me siento ni los labios ni la lengua, totalmente anestesiados por el mega-picante. Lo peor es que no puedo dejar de pensar que mañana las tengo que cagar, e instintivamente empiezo a rascarme el culo aunque aun no me pica. Esto en mitad del pub, por supuesto. Las Brooklyn caen por doquier, obviamente, pero no son capaces de quitarme el picor. Una brillante idea de borracho me hace solicitar un coctel, porque seguro que asi me deja de picar todo. El elegido es el favorito de John Lennon, Brandy Alexander. La irlandesa ya es practicamente mi camarera particular, porque no dejo de pedirle alcohol. Me casco el primer Alexander de un trago, le pido otro. La tipa no para de partirse la caja pero yo ya hace rato que la veo doble, asi que entre la boca grande que tiene y mi pedal, solo veo dientes.

Ya no recuerdo nada mas. Como en un sueño, me aparece la imagen de que en un momento dado volvi al cutre-bar-karaoke, donde la negra, que aun estaba en la puerta, me hacia preguntas, las cuales yo no acertaba a contestar porque mi estado ya era el de un zombi. No creo que bebiera nada mas... o si, que me conozco. Igual hasta monte un pollo en el karaoke. O quiza ni siquiera llegue a entrar. Pues sinceramente no lo se. La cuestion es que de una forma u otra llegue sano y salvo al hotel, con todo el dinero, la cartera, las llaves. Si es que hasta cuando voy pedo soy responsable, cojones.
 
Clicky Web Analytics