lunes, 17 de abril de 2017

Al asalto de Manhattan 4. Batiendo records

Me levanto muy jodido. El jet-lag sigue presente, son las cuatro de la madrugada, y ademas hoy hay que agregar la terrible resaca despues del mega-exceso de ayer. Cuando abro los ojos me cuesta hasta ver la hora, el tipico reloj despertador de la mesita de noche no es mas que una mancha borrosa. Intento acercarme al retrete para vaciar desperdicios etilicos pero no mantengo la vertical. Me caigo de la cama totalmente a plomo y me quedo veinte minutos tirado en el suelo. Al final consigo llegar a la taza y me siento en ella a oscuras porque la luz es absolutamente insoportable. Dejo pasar algunas horas tirado entre la cama y el suelo, pero la cosa no mejora.

Para acabar de arreglarlo, hoy el dia es de lo mas asqueroso. La temperatura ha bajado de forma espectacular y apenas estamos a uno o dos grados. La lluvia es constante y el cielo esta totalmente oscuro. En mis primeros pasos por la calle, despues de varias horas combatiendo con mi propia angustia en la habitacion, observo que los rascatas de la Quinta Avenida, a lo lejos, apenas se pueden ver entre la neblina y las nubes bajas. Todo dios va por la calle abrigado hasta los dientes y tiritando, yo tambien, pero lo mio no creo que sea por el frio, sino mas bien por una resaca brutal que me va a durar todo el dia y posiblemente hasta que abandone esta ciudad de aqui a unas jornadas.

Mi primer objetivo del dia es visitar el Madison Square Garden, al que llego en algo menos de una media hora de angustioso caminar. El aspecto que ofrezco hoy a cualquiera que se cruce conmigo, en algun que otro pais que yo me se donde se vive unica y exclusivamente por la imagen me llevaria directamente al talego por indecente, pero por suerte estoy en New York donde a nadie le importa nada una mierda. Apenas si me he cambiado al salir de la cama, chandal roñoso, sudadera maloliente y por supuesto mi impermeable abrigo nordico para combatir el frio y la lluvia. A pesar de todo ello, el hecho de que nada mas dejar el Madison Square Garden empiece a llover lo que no ha llovido en siglos, hace que acabe mas chopado que una puta sopa.

Busco refugio en un elegante restaurante tipico americano de desayunos, donde para mi desgracia no sirven alcohol, aunque no se si ahora mismo una Brooklyn me sentaria muy alla. Me pido un clasico neoyorkino, sandwich de pastrami, crujiente y sabroso servido con una racion de nachos, pepinillos y demas mierdas. Al lado una jarra de agua que me esta diciendo que si me la bebo voy a acabar mal. Mi cuerpo no esta habituado al H2O. Aun asi la resaca me pide liquido. Pero algo no va bien. Apenas me he zampado medio sandwich y mis manos empiezan a temblar. Mi estomago cruje de muy mala manera y empiezan los sudores frios. El camata mexicano, muy educado el, se da cuenta de que mi aspecto ahora mismo no es el mejor del mundo y se acerca y me pregunta si todo va bien. Medio balbuceando con una voz que apenas me sale le pregunto por el cagadero. Y llego bien justo a descargar, un segundo mas y hubiera habido show marron en los pantalones del chandal.

A pesar de estar descargando durante diez minutos, me siento cada vez peor. Vuelvo a la mesa, el mexicano me pregunta si realmente me encuentro bien. Y que le voy a decir al hombre, pues si, mire, me acabo de cagar encima, ayer me chuce como una bestia y necesito que me preste el coche para volver a mi hotel y, quien sabe, quiza me cague en el asiento porque no pueda llegar a tiempo. En fin, que mi correccion me hace fingir buena cara (complicado) y acabarme el sandwich. A los nachos y los pepinillos que les den por culo. Mueca de sonrisa al pagar y ahi que me preparo para volver a salir a la incesante lluvia y al horrible frio.

Estoy bastante cerca de los muelles, en la parte oeste de Manhattan, asi que me voy a acercar a hacer unas fotos del Hudson que en un dia como hoy tiene que bajar embravecido y debe de ser todo un espectaculo. Ya estoy en la Avenida 12, la ultima, solo cruzarla y ahi esta el rio. Esperate que de pronto se me han parado las piernas. Ay que no puedo andar, mi estomago, se me retuerce, joder que dolor, me cago, me cago, me voy a cagar. Necesito vaciar. No se que hacer, los muelles estan ahi, cruzar la avenida, pero es que no puedo. Necesito una taza. Si entro en un bar... es muy pronto, y vamos, iria directo al retrete sin ni pedir una cerveza, porque no me aguanto. Fijo que me echan. Y si me pido la birra... me cago mas. Joder, al hotel, pero estoy lejos. Esta en la Tercera con la 17 y yo estoy en la Avenida 12 con la Calle 34. O sea, al otro puto lado de Manhattan.

Atletismo. Supongo que en New York todo el mundo habra visto de todo. Pero esto es algo que solo se ve una vez en la vida. Un tio cruzandose Manhattan de oeste a este corriendo como un loco, sujetandose el estomago y el culo a la vez. Saltandose todos los semaforos, cruzando por entre el trafico en las avenidas mas concurridas, y todo entre gestos de horrible dolor y sudores frios. Pues si, amigos, he batido el puto record de cruzar Manhattan corriendo de lado a lado. No me pregunteis cuanto he tardado porque obviamente no estaba pensando en poner el cronometro en marcha precisamente. La cuestion es que ya estoy sentado en la taza y evacuando en el hotel. Y asi voy a quedarme durante las proximas cuatro o cinco horas.

Deben de ser ya mas o menos las tres o cuatro de la tarde. Podria pensar que he perdido el dia, pero en realidad veo el lado positivo, he salvado mi vida y no me he cagado encima. Esto hay que celebrarlo, y solo se me ocurre una manera de hacerlo. Durante estas horas de 'relax' en el hotel me he dedicado a examinar el mapa de las inmediaciones. He encontrado unos pubs bastante interesantes en la Segunda Avenida, a apenas tres o cuatro calles de aqui. Asi que, comprobando que no cago mas y que mi estomago ya no esta tan dolorido como antes, me vuelvo a abrigar para salir al criminal frio y la incesante lluvia que continuan reinando ahi fuera, y ahi voy, caminito a iniciar la tarde-noche en Manhattan nuevamente.

Para abrir boca, y sentirme un poco como en casa, el Shoolbred's, pub declaradamente escoces, donde, sin embargo ni me pido una Tennent's ni un single malt, sino una Brooklyn, que para eso estoy donde estoy y esta birra esta cojonuda. Para suerte mia he llegado en plena hora feliz, dos por el precio de una. Obviamente no soy tonto y no le hago ascos a los regalos. Tranquilamente estoy cascandome la segunda chela cuando una rubita de muy buen ver me empieza a dar conversacion, se me presenta (Catherine) y me pregunta por el menu del pub, si esta bien o no. A pesar de no encontrarme muy cristiano despues de todo lo acontecido, le espetaria que yo le ofreceria un menu mejor en mi habitacion del hotel, pero soy un tipo demasiado educado y lo dejo todo en una amable conversacion sobre las bondades de la comida escocesa. Y me largo. A veces soy asi de raro, dejo pasar las oportunidades. Aunque creo que aqui ha actuado mi subconsciente, si me lio de farra con la rubia quizas folle, si, pero lo que es seguro es que voy a acabar como anoche o peor, y otra jornada como la de hoy no la sufro ni por el mejor polvo del mundo, lo siento.

Cambio de atmosfera y me meto en el Finnerty's, pub irlandes ubicado en la siguiente manzana. Me pido otra Brooklyn, pero aqui hay demasiada gente y yo no estoy para aglomeraciones. Me acabo mi chela y salto al siguiente pub, pared con pared, el Professor Thom's, un autentico sports bar americano, con casi una pantalla de television por cliente y con veinte mil eventos deportivos aconteciendo al mismo tiempo en cada una de ellas. El camata es un tipo con rastas, blanco pero con rastas, tipico acento neoyorkino cerrado y muy jovial. Me pido una Bud Light (la de los maricones) y veo que el menda me mira raro. Asi que en cuanto la acabo me pido una Brooklyn y una hamburguesa de pavo con todos los complementos. Gesto de aprobacion por parte del rastas. Lo cierto es que ya llevo cinco chelas y, aparte de haber combatido con exito la deshidratacion de tanto cagar, empiezo a ir mas que contento.

Es en este momento cuando decido que hoy me retirare pronto. Hay que tener fuerza de voluntad, como con la rubia de antes, porque si no esto va a acabar como ayer, que me conozco. Asi pues, dejo que el menda de las rastas me ponga una ultima Brooklyn y mientras me la bebo tranquilamente viendo un partido de la NBA (no se ni quien cojones juega), dejo que pase lentamente el tiempo. Deben de ser ya las nueve o las diez. Hora perfecta para irse al hotel a dormir. Si, lo habeis leido bien, a dormir. Y hoy solamente me he mamado seis birras. Que bien me siento conmigo mismo.
 
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