miércoles, 19 de abril de 2017

Al asalto de Manhattan 5. Rebotando

Sigo despertandome a las cinco de la mañana, pero al menos hoy no tengo esa criminal resaca que ayer me martirizo a lo largo de toda la jornada. Tampoco es que este al cien por cien, pero lo importante es que puedo andar sin cagarme encima a cada diez pasos. Al igual que estos ultimos dias, me tomo los preparativos de mi paseo con mucha calma y tras dos o tres horas de desperezamiento trazo en mi cabeza la ruta del dia, que me va a llevar, basicamente, de nuevo al sur del Manhattan, como en la primera jornada, aunque con algunas diferencias.

Una media hora larga de caminar me lleva hasta Bank Street, primer objetivo del dia. Aqui John Lennon tenia un apartamento en el que vivio un par de años antes de desplazarse al Dakota. Esta zona es Greenwich Village, se dice que hay bastante gente adinerada que tiene apartamentos por estas calles, pero a mi no me parecen nada del otro mundo. Muy tranquilo todo, si, sobre todo para estar no demasiado lejos del World Trade Center y Wall Street, pero aun asi me puedo imaginar familias de negros e hispanos sin demasiados recursos correteando por estas calles. No se diferencia mucho de los Queens, Brooklyn o Harlem de los años 80.

Tras encontrar el edificio lennoniano en cuestion, y descubrir que se trata de una finca de tres plantas bastante cutre (por no decir cutre de cojones), le hago un par de fotos y me largo, enfilando el proximo destino del dia. Hoy si, sin cagaleras que me atosiguen, voy a llegar hasta los muelles y al paseo junto al Hudson. Por si acaso, y para evitar contratiempos, sigo en ayunas. El clima hoy sigue siendo frio de la leche, pero a pesar de estar muy nublado, no llueve en absoluto. Asi que todo es mas llevadero. La corriente del rio sigue bastante movidita y las vistas a la otra orilla, a New Jersey, son bastante espectaculares, asi que al final, y tras el fracaso de ayer, esta visita ha merecido la pena. Lo que me ha costado.

Son las diez de la mañana y ya no tengo nada que hacer. Empiezo a tener gazuza y me apetece volver a visitar Katz's, el sitio del mejor hotdog del mundo. Lo tengo a una media hora de paseo, direccion este, asi que me lo tomo con calma. Resulta que a estas horas, y un sabado como hoy, esta petado hasta la bandera, en su mayoria de turistas amarillos, que como siempre pasa alla a donde vaya, estan por todas partes. Hoy me pido el archifamoso sandwich de pastrami y mostaza, que consiste en una montaña de pastrami entre dos rebanadas de pan. No tiene ningun secreto en particular salvo la cantidad y la frescura de los ingredientes. Y por supuesto me casco la primera Brooklyn del dia.

Mientras degusto el manjar pienso en mi proximo movimiento. Pues casi volver a donde estaba hace un rato, el lado oeste de esta parte sur de Manhattan, porque tambien me apetece repetir en Puffy's Tavern, junto al WTC, donde hace unos dias Gloriana me trato de puta madre, ofreciendo chumeo y comida a un sediento y hambriento caminante como yo. Como no abre hasta las doce, hago tiempo, paseando por Chinatown y Little Italy donde me topo con los mercados y las tiendas mas macabras que uno pueda imaginar. Y bueno, que al final llego a Puffy's, como un reloj, justo a mediodia, siendo asi el primer cliente del dia.

Pues Gloriana no esta. En su lugar hay un tipo gordo y feo detras de la barra. Menuda tomadura de pelo. Para mas inri, el menda pasa de hablar, esta con la nariz clavada en un portatil que tiene sobre la barra y pasa olimpicamente de los pocos clientes que poco a poco van entrando al bar. Obviamente ante semejante panorama tan solo me hago una. Mientras bebo pienso en que cojones puedo hacer en el sur de Manhattan a la una del mediodia. Si, ya se que la respuesta es obvia, como diria el señor Rourke en 'El Borracho'... BEBER. Pero no vamos a ser tan simples. Me apetece llevarme algunas cervezas de la tierra de vuelta para casa, los tipicos souvenirs, que en mi caso son etilicos souvenirs. Que mejor sitio para adquirir esta mercancia que el Top Hops, si, el sitio aquel de las mas de 700 cervezas diferentes. Pero adivinad, esta al lado de Katz's, justo donde me encontraba hace una hora, al este del sur de Manhattan.

Me he pasado toda la mañana y mediodia rebotando de oeste a este y viceversa por el sur de Manhattan, que gran deporte. Cuando por fin llego al Top Hops, me relajo, oh si, recuerdo que aqui tenian la famosa sidra de piña... pues me casco cuatro. Y no me hago mas porque en la nevera solo tienen seis y me quiero llevar dos de vuelta a casa. Bien, resulta que yo venia aqui a comprar cervezas americanas variadas para llevarmelas como souvenir y acabo de salir del local con solo dos sidras de piña, pero eso si, borracho. Manda huevos. Pero ya se sabe que la suerte siempre se alia con el alcoholico. Caminando de vuelta al hotel para dejar las sidras, por un triste callejon me topo de repente con un letrero que llama mi atencion. Good Beer. Entro en lo que parece una tetrica bodega al mas puro estilo del sur de Italia o la Peninsula Iberica de los años 80.

Good Beer es el paraiso, una tienda donde solo tienen cerveza estadounidense, muy variada y en grandes cantidades. El tendero me hace una seleccion personal con birras de California, Texas, Chicago, Florida, Alabama y por supuesto New York. Estoy babeando y con los ojos brillantes, el tipo lo capta y me dice que me siente en una mesita de mierda que hay a la entrada que me va a ofrecer varias degustaciones extra. Con la tonteria me casco tres pintas. Ahora si que voy como una peonza, ya son las cuatro o cinco de la tarde y despues de despedirme muy cordialmente de este cojonudo tendero, me dirijo al hotel, que apenas me queda ya a diez minutos, cargado con dos bolsas marrones en plan tipico alcoholico que pulula sin rumbo por las calles de Manhattan una vez ha adquirido su mercancia mas preciada.

En el hotel me quedo sopas, tal es mi cogorza. Cuando me despierto ya ha anochecido y a mi todavia me da todo vueltas. Estoy cansado y mañana tengo mi vuelo de vuelta, asi que no me quiero exceder. Pero aun asi me bajo a la calle a hacerme un par antes de ponerme a roncar definitivamente. En la Segunda Avenida me topo con un restaurante que solo sirve pescado y marisco. Para mi decepcion se les ha acabado la langosta, asi que tan solo me hago un par de tapitas de mejillones y langostinos. Eso si, el 'entrante' de mejillones consiste en kilo y medio de los susodichos. Pero por huevos no va a ser. Hago el esfuerzo, por supuesto ayudado por tres Brooklyns, y ya con la barriga llena y etilicamente entonado de nuevo, me doy un ultimo y corto paseo disfrutando del frio neoyorkino de esta noche de sabado y acabo en mi cama del hotel roncando hasta el dia siguiente.
 
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