lunes, 24 de julio de 2017

Longyearbyen 2. Conociendo el lugar

A pesar del constante sol artico, al final he podido dormir unas pocas horas, suficientes para reponer fuerzas de cara a las actividades de hoy. Para abrir boca me espera un tour por el asentamiento y alrededores, hasta donde las carreteras llegan, que apenas son tres o cuatro kilometros en direccion este y oeste desde el centro de Longyearbyen. Me da a mi que esto va a ser interesante y genuino, sobre todo cuando veo el bus que nos va a llevar de tour. Una furgoneta Mercedes destartalada y llena de mierda conducida por un viejo noruego, tipico vikingo ya sesenton con una barriga cervecera que le pasa por encima del volante. Lo bueno es que, como casi todas las actividades que se realizan por aqui, y ante el ya comentado peligro de los osos, te vienen a recoger a la misma puerta de tu alojamiento.

Una vez recogidos todos los participantes del tour en cuestion, enumero a siete personas, incluyendome a mi, una pareja de autenticos vejestorios italianos (mas de setenta tacos) que apenas si pueden subir y bajar de la furgo, una pareja de suecos ya en los sesenta pero con mejor pinta, y la tipica pareja de novios de veintipocos, alemanes, que da toda la sensacion de que no saben muy bien que cojones hacen en el puto extremo norte del mundo. Y ahi vamos, primero paseo en furgo por el asentamiento, basicamente una calle arriba y abajo. El vikingo de la pancha cervecera nos cuenta que ha trabajado aqui toda la vida como minero, ganando una puta barbaridad, y ahora que la mayoria de las minas han cerrado, se dedica a pasear turistas. Porque no se puede retirar, y es que aqui no existe el retiro. Otra peculiaridad de Svalbard, recordad que no hay tasas ni retenciones de tu sueldo, con lo cual no hay pension. Cuando quieres retirarte, voluntario porque no hay edad de jubilacion, lo haces y, o bien te quedas aqui subsistiendo con lo que tengas, o bien te piras a otro sitio y ya te las apañaras.

El caso es que el menda esta orgulloso de este lugar que considera su casa. Nos comenta las mil y una historias y peculiaridades del asentamiento. Por ejemplo, que nadie es de aqui, pero a la vez todos lo son. Aqui no se puede nacer, no hay infraestructuras, asi que a las mujeres embarazadas se las manda a sus respectivos paises a parir (cuando aun pueden volar) y luego si quieren ya volveran. Tambien, y esto es mejor aun, esta prohibido morirse aqui. Bueno, si te ataca un oso, te jodes, pero tranquilo que no te enterraran aqui. De hecho a los viejos que empiezan a estar pachuchos, el gobernador les obliga a salir de la isla e ir a morir a otro sitio. Y todo esto debido a que, basicamente, aqui no se puede enterrar a nadie.

El vikingo cervecero nos explica esta eventualidad mientras nos muestra un vetusto cementerio con apenas veinte cruces blancas. Debido al permafrost, una capa permanentemente congelada a unos dos metros bajo tierra, los cadaveres no se descomponen. Estos del cementerio pertenecen a unos mineros fallecidos en 1917, despues en los 50 alguien desenterro algun cuerpo y se dio cuenta de que estaba aun intacto, conservado en el hielo. La curiosidad hizo que se estudiara el fiambre bien a fondo y pronto de descubrio que habia fallecido por el virus de la gripe española que, para mas morbo, se habia tambien conservado en perfecto estado y estaba en condiciones de volver a infectar y extenderse. Este hecho tan macabro inspiro la serie de television Fortitude, un policiaco artico basado precisamente en este asentamiento y todas sus peculiaridades, la cual os recomiendo de verdad. Y bueno, he aqui la explicacion del tema este de los fiambres que no se pueden enterrar. Por cierto, los de los mineros ahi siguen, y nadie se atreve ni a tocarlos.

Saliendo hacia el este del asentamiento se ubican unas antenas de la NASA, en lo alto de una montaña que ofrece unas espectaculares vistas de los glaciares. Todo tan privado y misterioso que ni nuestro guia nos sabe decir de que cojones va el asunto. No menos misterioso que el deposito de semillas internacional que se encuentra en plena ascension a la tambien misteriosa mina numero 3 (que visitaremos en unos dias), todo esto al oeste de Longyearbyen y muy cerca del aeropuerto. Aqui se supone que hay un pasillo excavado en plena montaña donde se guarda una muestra de todas las semillas del planeta, por si hay una catastrofe y esas cosas. Tambien es tan secreto y misterioso que nuestro guia nos dice que tan solo podemos hacer un par de fotos desde unos setenta metros de distancia. Todo muy propio de este macabro lugar que poco a poco vamos conociendo mejor.

A peticion propia, nuestro entrañable chofer nos deja en el centro del asentamiento. Vamos, al lado del pub. El paseito en furgo ha estado muy bien pero ahora me apetece comer algo y mamarme la primera del dia. El Karlsbergen esta cerrado porque es muy pronto, asi que me encamino al otro pub del lugar, el cual aun no conozco. El Svalbar, bonito juego de palabras. Alli me casco una cerveza de trigo de la fabrica local, la Svalbard, y me pido una hamburguesa porque en este sitio no tienen nada demasiado tipico. Eso si, la hamburguesa esta mas que cojonuda, de las mejores que he probado nunca, perfectamente cocinada a un punto medio. Y, como soy un cerdo, no puedo dejar escapar la oportunidad de echar los trastos a la camarerita del dia de hoy. Se trata de una rubia de Montana, USA, que esta para mojar pan. Hasta el punto que me dice su nombre dos o tres veces y a dia de hoy sigo sin acordarme. No estaba precisamente muy pendiente de lo que me decia, no.

Con tan interesante perspectiva, decido quedarme en el Svalbar cascandome tres o cuatro chelas mas. Ademas mi proxima actividad, un paseo por todo el asentamiento con guia armado (por si los osos, ya se sabe), comienza justo delante de este pub, asi que puedo empalmar una cosa con otra. Para mas guasa, Miss Montana me dice que su turno acaba justo a la hora que yo empiezo mi actividad. Asi que ahi me quedo dando la brasa a ver si cae algo. Aunque lo unico que consigo es que me cuente toda su puta vida, que acaba de llegar aqui a currar, que ha tenido que pillar tres vuelos diferentes desde Seattle y que le ha acompañado un 'amigo'. Y esto ultimo es lo que peor me suena de todo.

El guia armado de mi proxima actividad es una señora suiza de cincuenta y largos, que aparece, obviamente, rifle en mano. Esta bastante tarada aunque, como ella bien dice, es logico, si no no estaria aqui. Todo el que reside en Longyearbyen es porque tiene algo en su chola que no funciona muy bien. Me quedo con esta frase dicha por la pajara para darme cuenta de lo peculiar que es aqui todo dios. El recorrido no esta mal. Entre otras cosas subimos hasta la iglesia (logicamente con el record de ser la mas al norte de todo el planeta), que esta abierta las 24 horas todos los dias del año. Ofrece cafe, te y galletas a todo el que entre. Que pena que no ofrezcan tambien la sangre de Cristo, ya puestos. Vemos la casa del gobernador, subimos a la montaña desde donde hay grandes vistas al asentamiento, y vemos los restos de las primeras casas construidas en Longyearbyen, a finales del siglo XIX, que basicamente son cuatro palos podridos. Al parecer los nazis, que llegaron a hacer varias incursiones en la isla, arrasaron con todas estas construcciones alla por 1942.

Y hablando de los nazis, ahi va una anecdota buena de la Segunda Guerra Mundial acontecida en Svalbard. La posicion estrategica de la isla hizo que los nazis establecieran aqui una estacion meteorologica para recoger informes sobre todo el Atlantico Norte. Aquella guarnicion se mantuvo alli varios años, y a medida que el Reich iba perdiendo fuerza y se hacia evidente una derrota alemana en la guerra, cada vez su aislamiento era mayor, ya que, a pesar de que ellos seguian enviando sus informes periodicos, ya rara vez se les respondia desde Alemania. Y paso lo que tenia que pasar, la guerra termino y ellos siguieron alli, haciendo su trabajo y olvidados del resto del planeta. Asi pues, el asentamiento meteorologico de Svalbard supuso el ultimo contingente nazi en rendirse, a finales de 1945, cuando un barco de pesca noruego se los encontro de casualidad y les dijo como estaba el tema.

Bueno, al final el paseo cultural me ha servido para aprender unas cuantas curiosidades mas. La señora suiza me ofrece un cafe en el centro cultural (o algo asi) del asentamiento, pero amablemente declino la invitacion, le digo que soy un alcoholico y que me quiero ir al pub, y es asi como acabo rebotando primero en el Svalbar y despues en el Karlsbergen. Me hago un par en cada sitio, pero como ni Miss Montana ni Miss Russia estan detras de las barras, decido irme al Polarrigg, mi alojamiento, porque ya es hora de cenar y ayer el camata croata me dijo que hoy iban a tener ballena.

Y la puta ballena esta cojonuda, muy parecida a la foca de ayer aunque quiza con algo mas de nervios y grasa. No hay queja, en cualquier caso. Hoy para acompañar le meto a la sidra esa de citricos articos. Esta tan cojonuda que me acabo todas las que tienen. Bueno, pues me paso a un clasico de mi cosecha, la sidra de pera, Somersby, danesa, que curiosamente probe por primera vez en mi visita a Islandia y me parecio un gran descubrimiento. Entre el papeo, el mamoneo y lo bien que me trata el croata calvo de los cojones, me lo estoy pasando en grande, asi que decido que esta noche me quedare tajandome en el bar del alojamiento, basicamente porque cierra a las dos.

Y no me voy a arrepentir de mi decision. A eso de las diez y algo empiezan a aparecer tipos tarados por el bar, se ve que son gente que curra en el sitio y han acabado su turno. La pareja escocesa me llama la atencion, una es recepcionista por la mañana (yo solo habia visto a la rusa) y el otro camata ocasional. Ella gorda como una foca y el delgado como un sidoso. Pero los mejores son los dos curreles islandeses. Uno con perilla en plan rockero y todo el rato birra en mano y partiendose la caja, que es el 'manitas' que lo arregla todo, y el otro con melena morena llena de mierda, delgaducho y de piel tan oscura que parece un gitano, que es el electricista. El tipo mucha pinta de islandes no tiene, pero de que esta perturbado no me cabe la menor duda cuando le veo intentar arreglar un reproductor de DVD con un embudo y una lata de cerveza.

Y asi, entre risas, anecdotas y mas de una referencia a lo perjudicial que es el comunismo (en lo que todos estamos de acuerdo) va pasando la noche, hasta que a eso de la una y algo decido que es hora de intentar dormir algo, si el puto eterno sol me deja. Antes de retirarme el camata croata me comenta si me puede interesar un curro aqui, que estan buscando a alguien y les parezco un buen tipo y 'adecuado' para trabajar aqui arriba, en el puto Polo Norte. Intuyo que cuando dice 'adecuado' se refiere a que han detectado en mi la tipica tara mental de todo el que reside en Svalbard. Obviamente acepto la oferta y me emplaza a una entrevista con la propietaria, que viene el viernes desde Noruega. En fin, asi de faciles son las cosas cuando un sitio te viene como anillo al dedo. Si, ya lo se, al igual que ellos, ahora tambien soy un tarado.
 
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