martes, 25 de julio de 2017

Longyearbyen 3. Cultura y cerveza

Abro los ojos, sigo vivo, en Longyearbyen, aqui arriba, en el Polo Norte, en lo mas alto. Quiere decir esto varias cosas, lo primero que haber llegado aqui no ha sido un sueño, y lo segundo, dado que me puedo mover con relativa facilidad, que la resaca no va a ser extremadamente dura. Hoy he dormido algo mas, entre el alcohol y que ya me empiezo a habituar a la eterna claridad, mi cuerpo poco a poco se adapta a este lugar. Ademas, como hoy no tengo ninguna actividad programada para la matinal, pues me he dejado llevar un poquito mas de lo normal por la siempre confortable estancia en posicion horizontal. Pero venga, movamos el culo, que aun hay muchas cosas que ver y hacer por estos lares.

Para abrir boca me dirijo a la universidad. Si, majos, aqui en este asentamiento casi en el Polo Norte tenemos una universidad. Obviamente la situada mas al norte de todo el planeta, como todo lo que encontramos en Longyearbyen, ya os habreis dado cuenta. Cuatro carreras a elegir y unos pocos estudiantes que rotan cada seis meses provenientes de todos los rincones del planeta. Pero yo no vengo hoy aqui a estudiar, sino a ver el museo, ubicado dentro del edificio con forma de platillo volante amorfo que es la universidad en si. Otra curiosidad sobre los edificios aqui es que todos ellos se levantan metro y pico sobre el suelo y se asientan sobre postes, quedando siempre bajo ellos un importante hueco. Alguien se dio cuenta en algun momento que si se construia directamente sobre el suelo, el permafrost que dijimos ayer, con el deshielo tras el invierno, el edificio se iria por ahi flotando. Fijo que a algun listo ya le paso en su dia.

En el museo de Svalbard me tiro dos horas, me lo leo todo, cultivado que es uno. Y mira que tampoco es que sea muy grande, pero no pierdo detalle de nada. Mucha explicacion sobre la evolucion de los modos de vida de los habitantes del lugar, la flora, la fauna (con osos y morsas disecados), alguna recreacion de las primeras cabinas de los mineros, muchos utensilios reales y bueno, pues lo tipico de los museos, tampoco me voy a extender mucho. De todas formas lo que me interesa esta en la calle de al lado (bueno, camino de al lado), otro museo, algo mas pequeño, pero con mucho mas atractivo para mi, el que detalla las expediciones al Polo Norte.

Pero antes es hora de comer. Ayer me recomendaron el Kroa, un restaurante situado al lado de los pubs que parece ser es el mas popular entre los residentes del asentamiento. Ellos lo conocen como la 'braseria', simplemente. El menu de mediodia no ofrece nada especialmente exotico, asi que me pido una 'pizza artica', que basicamente es una pizza de toda la vida con carne y cebolla. Eso si, esta realmente cojonuda y el tamaño es para alimentar a cinco personas, hasta el punto de que no puedo acabarmela. Por supuesto para que no este muy seca me hago un par de cervecitas locales, la Svalbard de trigo, otra vez.

Es curioso, aun no he hablado de mujeres hoy, sera que con esto de los museos uno se vuelve mas culto y menos cerdo. Claro, el problema es cuando finalmente entro al museo de las expediciones polares y alli me atiende la checa. Si, una rubia espectacular de la Republica Checa, ademas simpatica y locuaz. Muy pronto conectamos con nuestra pasion comun, el Polo Norte, hablamos sobre todo el contenido del museo, debatimos sobre las falsas expediciones americanas, ponemos a Amundsen en un altar y con la tonteria me tiro mas de tres horas en un museo que es basicamente una caseta de dos plantas. Eso si, como suele pasar siempre, todo se tuerce cuando me empieza a relatar su vida y como ha acabado aqui. Pues eso, que su 'novio'... ya la hemos cagado, ya hemos soltado la palabrita de mierda. Hale maja, quedate aqui con tu puto Polo Norte y los cojones checos de tu jodido novio.

Por suerte para esta tarde tengo una actividad que me va a devolver el animo sin duda ninguna. En apenas unos minutos comienza mi tour por la fabrica de cerveza local. A unos quince minutos a pie del centro del asentamiento, junto al puerto, en mitad de una zona de fabricas y almacenes que parecen abandonados o devastados tras una guerra nuclear, se encuentra tan interesante lugar. Me acerco hasta alli andando, pasando ya olimpicamente del peligro de los osos, aunque aqui al no haber ya poblacion el riesgo se supone que es algo mayor. Cada dia me la sudan mas los osos, sera que el pedo que agarre la primera noche aun no me ha bajado. En fin, que tras unas cuantas vueltas y buscar el sitio que no acabo de encontrar, un coche con el logo de la cerveza, aparcado junto a una puerta cutre de metal, es como una señal caida del cielo. Si, debe de ser aqui. Junto a la puerta veo una plaquita con letras minusculas que pone Svalbard. Empujo la puerta de marras y se abre. Ante mi aparecen latas y latas y latas de cerveza y, entre ellas, un pasillito con flechas pintadas en el suelo que me dirigen hacia una escalera metalica que no ofrece mucha fiabilidad al caminar sobre ella.

El tipico puto misterio de todo aqui en este macabro asentamiento. Al final de la escalera un grupo de ocho personas y una chica gorda que parece la guia me saludan todos meneando las manos. Me piden que me siente, que llego el ultimo y me estaban esperando. Nos tenemos que presentar todos, asi que os relato el cumulo de personajes. Una pareja noruega cincuentona, otra pareja mas joven de Belgica (buenos cerveceros), una curiosisima pareja compuesta por un abuelo (mas de 65) de Oslo y una surcoreana de treinta y pico, y para el final, oh si, la camarerita de Montana de ayer, eso si, con su puto maromo, un barbudo que parece recien salido de los ZZ Top y que me empieza a caer bien cuando veo que aun no ha empezado el tour y ya se esta mamando una cerveza.

En el tour obviamente se explica toda la historia que llevo a un tarado a montar una fabrica de chelas en el Polo (tan solo hace dos años, corta historia), y como se tuvo que cambiar la ley adrede para el, puesto que era ilegal fabricar ningun tipo de alcohol por estos parajes. Hay un problema con el asunto alcoholico en Longyearbyen, y pronto nuestra guia, que por cierto se llama Ida (muy apropiado para vivir aqui), nos lo va a explicar mas a fondo. Los residentes del asentamiento tienen una cartilla de racionamiento de chumeo. Tal cual. En la tienda alcoholica solo pueden comprar 24 litros de cerveza y dos botellas de alcohol duro a la semana. Pensareis que eso es mucho pero en realidad son siete pintas al dia y unos cuanto chupos. Para mi no es bastante. Eso si, hecha la ley, hecha la trampa, porque si tu quieres ir al pub y mamar, ahi no hay restriccion de ningun tipo. Un poco absurdo, pero en el fondo casi todas las prohibiciones y restricciones lo son, jodidamente absurdas.

Obviamente tenemos incluida una cata que a mas de uno se nos va de las manos, porque nos dan a probar los cinco diferentes tipos de chela que aqui se fabrican, pero no un chupito no, en buena cantidad. La surcoreana se deja todos los vasos tras un sorbo y el cabron del barbudo de Montana se esta cascando los suyos, los de la novia y aun encima le pide a la asiatica los suyos si no se los va a beber. Tremendo el menda. Yo miro de reojo a la pareja noruega, que mayores ellos, ya se empiezan a plantar en la tercera. Obviamente, y tras una educada peticion, saco provecho de ello y me casco unas extras. La cata ha terminado y en la mesa aun quedan algunos vasos que no se sabe de quien son, pero una cosa es segura, ni son mios ni del puto barbas. Cuando salgo de la fabrica voy haciendo eses, de pronto el barbudo de los cojones se para y dice que tiene que volver a mear. A mear, si, este hijoputa lo que quiere es subir a acabarse las chelas que se han quedado sobre la mesa ahora que ya no hay nadie en la fabrica. Y ojo no se meta dentro de una cuba.

Tengo bastante hambre asi que me vuelvo al Polarrigg a ver que tienen hoy en el menu. Sobredosis de pescado, me vendra bien para rebajar el pedo. Empiezo con bacalao artico rebozado y para el plato principal me pido un filete de fletan a la plancha que esta mas que de pelotas. Obviamente caen dos cervezas de Tromso, la famosa Mack. Aun es pronto asi que me acerco al Karlsberger a hacerme un par. Alli entablo conversacion con un tipo gordo barbudo que es de Iran, y que no para de decir cuanto odia a los musulmanes (mientras se baja las pintas de un trago, el cabron) y lo mal que se lo han hecho pasar al pueblo persa. Pronto se unen a la conversacion dos viejos locales, tienen pinta de noruegos del norte, aguerridos y talanquines como pocos.

Los tipos me dicen algo de ir a una cabaña que tienen con alcohol clandestino a ponernos tibios. Yo soy un facilon, y encima segun sus indicaciones veo que el lugar esta cerca del Polarrigg, asi que casi hasta pilla de paso. No tengo nada que perder aparte de acabar muy mal, pero eso no seria la primera ni la segunda vez. El irani ya se ha quedado sin habla y sin capacidad del movimiento mas que subir y bajar el vaso hacia su boca, con los ojos vidriosos y la mirada perdida en las botellas de las estanterias, asi que no hace ni ademan de acompañarnos. Los viejos me muestran un atajo para llegar al Polarrigg, cruzado un par de arrollos y siguiendo las tuberias de agua que pasan sobre el rio. Uno de ellos al cruzar un riachuelo se cae rodando y acaba empapado retozandose entre agua, barro y piedras. El otro, que me doy cuenta viste con sandalias en pleno Polo Norte, va pateando piedras con los dedos descubiertos. Cuando llego a la altura del Polarrigg los mendas han desaparecido, y eso que los iba siguiendo. No me extrañaria que se hubieran caido al rio.

Pero no es mi problema, y la solucion la tengo a tiro de abrir una puerta. Me meto pues en el bar de mi alojamiento, por enesima vez. Es medianoche y alli concurren los pajaros habituales, el croata, la pareja escocesa, los islandeses alcoholicos... Desde una mesa me saluda una pareja de cierta edad. Son los suecos que vinieron conmigo ayer al tour de la furgo. Coincidimos en que en un asentamiento de esta indole siempre vamos a ver las mismas caras, asi que no nos sorprendemos de vernos y me invitan a sentarme con ellos a esperar la llegada del sol de medianoche, que hoy mas bien son nubes de medianoche. Y con toda la gentucilla habitual, entre alcohol, risas, anecdotas y comentarios de diversa indole, es como acaba esta mi tercera jornada al lado del Polo Norte.
 
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