miércoles, 26 de julio de 2017

Longyearbyen 4. El dia D

Hay dias en los que te levantas y no te puedes imaginar ni remotamente la locura de jornada que vas a tener. Mi primera actividad de hoy resulta mas que interesante, o al menos asi creo que va a ser, y no me va a defraudar. Toca visitar la mina numero 3, excavada en una montaña junto al aeropuerto, al oeste del asentamiento. Alrededor de Longyearbyen hay siete minas de carbon (mas algunas otras en otros diferentes puntos de la isla), pero a dia de hoy tan solo una continua en funcionamiento. La mayoria cerraron porque ya no eran rentables, a pesar de la cantidad de carbon que todavia quedaba en su interior, bien porque la infraestructura se hacia cara de mantener, bien por poca seguridad o bien porque simplemente a la empresa le salia de los cojones cerrar. Pero algunas otras ven envuelto su cierre en un macabro misterio sin resolver, como casi todo por estos lares, y ese es el caso de esta mas que interesante mina numero 3.

Nuestro guia de hoy es un aleman bastante robusto, que nos viene a recoger al alojamiento, como ya es habitual con casi todas las actividades, en una furgoneta destartalada, algo que tambien empieza a resultar habitual aqui, el destartalamiento de los vehiculos. Nos da un paseo por todo Longyearbyen (una vez mas) y nos cuenta las mil y una historias. Este pavo en particular me cae bien porque, aparte de las historias de las minas y los mineros, pronto se desvia y empieza a hablar como sin venir mucho al caso de la Segunda Guerra Mundial, nazis, Hitler, el Reich y... bueno tio, que estamos en Svalbard, en el Polo Norte. Pero el tio venga a contar la batalla de Minsk, Stalingrado, el norte de Africa... De camino a la mina, y entre todo este recital nacionalsocialista, pasamos a recoger a otras dos personas que van a hacer el tour por la mina. Si, solo seremos tres en total, y ya lo dije ayer, aqui somos tan pocos que siempre vamos a ver las mismas caras. Se trata de la curiosa pareja que encontre ayer en la fabrica de cerveza, el abuelo noruego y la surcoreana. En fin, y a la mina que nos vamos.

No voy a entrar en muchos detalles del tour, te meten por varios pasillos de la mina y te enseñan como se trabajaba y eso, pero vamos, que si tienes claustrofobia o miedo a la oscuridad, no hagas el puto tour, ya te lo digo. Misterios de la mina, bueno, todo esta tal y como lo dejaron el dia que la cerraron alla por 1996. Libros de cuentas, herramientas, vestimentas, efectos particulares... echaron el cerrojo y nadie jamas volvio, salvo los curiosos turistas cuando se empezo a hacer este macabro tour. Vamos, que salieron de alli como alma que lleva el diablo. Al final de un oscuro pasillo nos encontramos una doble puerta metalica que nuestro guia dice que no se puede abrir, que es top secret. Una pequeña placa metalica indica que alli se guardan los archivos secretos del Artico, junto con los archivos nacionales de Mexico y Brasil (esto ultimo no lo entiendo mucho). Que cada cual piense lo que quiera, pero con tanto puto misterio misterioso ya me empiezo hasta a creer aquella teoria perturbada de que en el Polo Norte hay un agujero que lleva a unas bases secretas alienigenas en el centro del planeta. Manda huevos.

Ya de vuelta al asentamiento y tras toda la matinal mineando, a uno es normal que le entren gazuza y sed, asi que me acerco al Svalbar a cascarme la primera pinta del dia y hacerme el bacalao artico a la plancha, que es el especial del dia. Mi proxima actividad es a las siete de la tarde asi que tras la comida me relajo con otra cervecita y empiezo a considerar la idea de volver al Polarrigg a echar una cabezada de un par de horitas. Pero aqui es cuando alguien, sin que tu te des cuenta, cambia la via por la que tu tren discurre tranquilamente y sin comerlo ni beberlo acabas de narices en el infierno. Estoy en la barra, dandole el primer sorbo a mi nueva chela, y de pronto dos tipos bastante curiosos se dirigen a mi. Me preguntan si quiero otra, cuando aun ni he empezado con la que tengo en la mano, pero bueno, no voy a decir que no. Y cuando ya tengo una en cada mano, entonces empiezan la conversacion, lo primero presentandose.

Son Thomas y Stevie (este ultimo apodado Caponata), treintañero delgado pero fuerte y cincuenton gordo y barbudo. Ambos son obreros (aunque no me dejan claro si hacen soldaduras o fontaneria), vienen de Newcastle y estan trabajando en el proyecto secreto de la NASA en las antenas de la montaña. Al parecer no pueden decir nada sobre lo que hacen porque firmaron un contrato de confidencialidad, pero yo veo que van tan doblados que en breve van a empezar a largar. Al parecer hoy les han dicho que no tenian faena para ellos, asi que se han quedado en el asentamiento mamando todo el dia, y lo bueno es que les pagan igual. Son las 3 o 4 de la tarde y ya van finos, asi que me creo su version. Despues de unas pachangas al billar y un par de rondas mas, me dicen que me vaya con ellos al Huset, que es un restaurante-alojamiento que hay donde se acaba la carretera en direccion sur, una especie de complejo solamente para trabajadores. Dicen que alli podemos jalar por la cara en el buffet de los curreles, aunque yo no trabaje alli, simplemente porque no te preguntan ni te piden ninguna credencial.

Caponata Stevie nos sube en su furgoneta destartalada (una mas, pero esta la peor que he visto hasta el momento) y llena de mierda hasta los topes. En un par de minutos ya estamos jalando roast beef con salsa por el jeto, aunque yo acabo de comer, pero a caballo regalado... Despues de ponernos mas tibios y finos todavia, Caponata dice que es hora de tocar el piano. Si, no va de coña, en mitad de un pasillo hay un piano, al cual me siento a interpretar Let It Be y Hey Jude, mientras los dos borrachines intentan hacer unos coros que creo que estan despertando a todos los pobres obreros del turno de noche, a los osos polares de toda la isla y hasta a los muertos incorruptos del cementerio de Longyearbyen. Bueno, aqui reclamo mi derecho a aparecer en el Libro Guinness de los records por ser el unico tipo que ha tocado dos canciones de The Beatles mas alla del paralelo 78 norte.

Sinceramente voy muy doblado. No se que ha pasado con Thomas pero ha desaparecido, posiblemente se haya ido a dormir la mona. Caponata me dice que nos volvemos al centro de Longyearbyen, por supuesto a seguir mamando, asi que nos dirigimos al Karlsberger, que acaba de abrir. Alli conozco a una camarera sueca, de Vitsand, casualidades de la vida una minuscula aldea que fue el primer sitio en que me aloje en mi visita a Suecia. El mundo es un pañuelo, me repite ella, que no habia conocido jamas a nadie que hubiera hecho noche en su aldeilla, y se lo tiene que encontrar aqui en el Polo Norte. Ya sabeis que yo soy un cerdo, y camarera que veo, ahi que me lanzo y ya no me puedo despegar de la barra, pero esta vez va a ser diferente, puesto que un nuevo personaje que llama aun mucho mas mi atencion acaba de entrar por la puerta. 

Se trata de un tipo rubio, casi con el pelo blanco, en sus 50, y unos rasgos muy tipicos que a primera vista ya me indican cual es su pais de origen. Finlandes, no falla. El menda anda medio encorvado, con los ojos casi cerrados, y sus movimientos son extremadamente lentos, pero eso no impide que, aunque apenas si lleva un minuto en el pub, ya tenga una pinta en la mano. Al parecer es el taxista del lugar. Logicamente todo dios le conoce y le saluda, a mi me da una tarjeta por si requiero de sus 'servicios', lo cual viniendo de un tio con una pinta tan tetrica no me da nada de buen rollo. Su inicial timidez va desapareciendo cuando su grave voz (de puta ultratumba) empieza a largar una serie de chistes de lo mas politicamente incorrecto uno detras de otro. Negros, maricones, judios, putas... el menda no deja titere con cabeza. El tio ya se ha convertido en el protagonista del pub. Cuando mejor me lo estoy pasando resulta que se hace casi la hora de mi proxima actividad, asi que tengo que volver al Polarrigg. Caponata me mira tristemente, como pensando que su colega de chumeo se desvanece por la puerta, pero no me queda otra, a pesar de que en muy buenas condiciones para realizar una actividad no voy, porque no he parado de chumar desde hace seis horas.

El Arctic Tapas Bus es un autobus bastante tocho que te da un paseo por el asentamiento y alrededores (una vez mas) al tiempo que te ofrece de comer y beber. Obviamente se trata de una desgustacion de comida tipica artica, asi que creo que me lo voy a pasar bien, especialmente porque aun no se ha puesto en marcha el bus y ya tengo otra chela en la mano. Reno ahumado, salazon de bacalao, salmon, arenque, queso artico... en fin, que el papeo esta completito. Al cabo de un rato ya no se ni donde estamos, el chofer-guia ha metido el autobus por un camino que discurre junto al mar y se ha quedado atascado en mitad de la nada. Buen rollito. Nos toca salir a todos del vehiculo, entre la cantidad de papeo que llevamos y que estamos en mitad de ninguna parte, fijo que empiezan a aparecer osos hambrientos que nos rodean. El chofer tiene cara de acojono (obviamente el bus no es suyo y le va a caer un buen marron), la camarera que nos iba sirviendo, una rusa llamada Galina que tampoco esta de mal ver, esta sentada en el suelo, palida, sin saber que hacer, y los turistas... bueno, los turistas nos dedicamos a hacer fotos, y yo en mi caso a cascarme otra chela mas.

El chofer dice que ya ha pedido un helicoptero de rescate, yo me acerco y le espeto que si hace un par de maniobras puede salir, que le puedo guiar. Un poco inutil es el hombre, si no se habia dado cuenta de ello, pero parece que mi consejo le alivia y lo intenta. Al final, y con la ayuda de un par de suecos que me ayudan a empujar el bus, conseguimos encarrilar el vehiculo de nuevo caminucho abajo hacia la civilizacion. Ya me pueden estar agradecidos. Oh, y si que lo estan, hasta el punto de que la rusa me dice que mis cervezas extra (solo daban una con el papeo) ya estan pagadas. Somos todos de facil entendimiento. De vuelta hacia el asentamiento me quedo mirando unas cabañas con la bandera tailandesa que aparecen en mitad de la nada. Esto no puede ser otra cosa, tailandeses tarados que, como para vivir en Svalbard no te hace falta ni visa, ni pasaporte, ni nada, aqui se han afincado, construido su propia caseta y hale, a disfrutar del Polo Norte. Digo yo que algunos que tanto se quejan de los paises en donde viven, bien podrian hacer lo mismo y ser felices aqui. Pero claro, a lo mejor no tienen lo principal que se necesita para ello, cojones.

Ya de vuelta en Longyearbyen le digo al chofer que me deje directamente en el pub. Hoy paso de ir al hotel. Realmente voy muy mamado, y si me meto en el Svalbar la cosa no va a ir a mejor, y obviamente no lo va. En la barra unos viejos conocidos, la camarerita de Montana y su novio el barbudo cabron, que hoy por lo visto tienen el dia libre y se estan poniendo tibios a vinos. Me tiro varias horas mamando y conversando con ellos aunque ya con tal pedo que no me acuerdo ni de lo que hablamos. Bueno, recuerdo perfectamente una frase que me solto el tipo, 'a mi me mola Tom Petty porque tiene que ser muy bueno para, con lo feo que es, haber tenido exito en el negocio de la musica'. Y no le falta razon. Llegamos a la medianoche y salgo a la puerta del pub, a trompicones, buscando el sol de medianoche, pero no hay mas que nubes. Ya no puedo ni hablar, solo balbuceo (hay un video demostrativo), pero aun asi me vuelvo para la barra y sigo tajandome.

Los mendas de Montana han desaparecido, no se como ni cuando, pero ahora de repente han entrado en el pub como unos cincuenta marineros locos cantando canciones y pidiendo priva como autenticos energumenos. Se da la casualidad de que el capitan del barco, un noruego calvo y sin cejas, con cara de pedofilo perturbado, se me sienta al lado. Conversamos (si es que podemos en las condiciones que estamos) y me invita a varios chupos de vodka con lima que me acaban de rematar. El tipo me dice que estan faenando en el Artico y han atracado aqui dos dias para cargar combustible y no se que cojones mas. Y ya se sabe, marineros de permiso, peligro seguro. Han perdido a su chef en las ultimas semanas (no me dice como), asi que me invita a irme con ellos en el barco en dos dias, vamos que me ofrece curro. No recuerdo mucho mas, supongo que no acepte, o si, pero obviamente al dia siguiente nadie se iba a acordar de mi respuesta. Mi ultima imagen es la de un camarero diciendome que me largue del pub, que estan cerrando. Deben de ser por lo tanto las dos, vete a saber, porque fuera hace puto sol. Asi que me pongo las gafas oscuras y me voy dando tumbos hacia mi alojamiento. Y supongo que de alguna manera consegui llegar.
 
Clicky Web Analytics