Todo esto de ir explayandome tan lentamente en las primeras actividades del dia, aparte de por la ya comentada resaquilla, es por no tener que bajar a la cocina y hacer frente a la habitual cantinela matutina del demente. Aunque bien cierto es que hoy tengo a Radek en casa, puesto que recordemos que ayer le fue concedida una baja para dos semanas, y seguramente preferira taladrarle a el, que al menos entiende sus chaladuras en polaco. Pero claro, de mi colega de momento no hay ningun rastro. Me da que el tambien se paso con las chelitas y, ademas, hay que agregarle el vicio del fumeteo. Asi que con todos estos ingredientes en su maltrecho cuerpo, lo mas facil es que este todavia durmiendo durante un par de horas mas. Durante las cuales, logicamente, me tocara a mi aguantar al demente.
Tal cual. En mi primera aproximacion al refrigerador en busca de algo de jugo de cebada que me pueda alegrar un poquito estas primeras horas del dia, me oigo unos alaridos a mi espalda que, sin entender nada de polaco, ya se cual es la tematica sobre la que versan. Si, oiga, que ya lo se, que es la hora del desayuno. Pero, coño, ¿que no me ve que ya estoy abriendo la nevera? Ni corto ni perezoso, de forma bastante brusca y violenta, y sin dejar de soltar su perorata en polaco, el tipo se interpone entre el frigorifico y yo y empieza a rebuscar por unos cajones inferiores hasta que encuentra su objetivo. Un troncho enorme de cerdo que, por lo visto, habia descongelado en la jornada anterior con la intencion de que fuera cocinado.
Vamos, que ya me ha pillado para otra sesion de cocina. Pero mira, como hoy no tenia ningun paseo planeado y mi colega Radek esta desaparecido en combate, casi que voy a cocinar el marrano y asi, de paso, me quito al demente de encima. Porque normalmente, cuando me pongo a preparar alguna comida, el tio misteriosamente desaparece y se tira un par de horas pegado a la television. "Schnitzel! Schnitzel!", berrea el tarado mientras deja el pedazo de carne sobre el banco de la cocina y finalmente desaparece en direccion a la caja tonta. Ya, que quiere que le prepare unos schnitzels, plato tradicional germano que consiste, basicamente, en finas cortadas de carne, empanadas y pasadas por la freidora. Pues vale, al fin y al cabo no es algo demasiado dificil. Laborioso tal vez si, y me llevara un buen rato porque hay mucha carne que cortar en ese troncho. Pero casi que mejor, porque a mas tiempo cocinando, mas tiempo mamando chelas. Y a todo esto, que ya va siendo hora de abrirse la primera del dia.
Cuando mi colega finalmente revive, ahi que me pilla enfrascado con los schnitzels, imagen ante la cual no deja de partirse el culo mientras repite una y otra vez "ya te ha pillado el tarado de mi tio". Como lo sabes, joder. El caso es que al final los filetitos de puerco estan listos y todos nos decidimos a catarlos, aunque unos en menor cuantia y otros (el demente) en cantidades realmente excesivas. Que saque sigue teniendo el muy hijo de puta. A continuacion Radek me sugiere que, si no tengo planes de pateo, tal vez podriamos ir en automovil a dar una vuelta por Gorzow, la ciudad mas cercana que ayer apenas si tocamos de refilon cuando fuimos a casa de su hermana, y asi me muestra los lugares mas interesantes. Y es que el es buen conocedor de la urbe (pequeña urbe, porque no pasa de cien mil habitantes), ya que en su juventud estuvo estudiando en el lugar.
Pues me parece un buen plan y ahi que vamos. Ademas hoy ha salido un dia soleado y caluroso y casi que lo de ir en el coche con el aire acondicionado es bastante mas preferible que la opcion de pegarme algun nuevo pateo macabro por otro pueblo perdido. De esta manera recorremos poligonos industriales (que es lo que mas hay en esta ciudad), avenidas, el centro historico que en algunas zonas esta siendo minuciosamente reconstruido al antiguo estilo prusiano, cruzamos el rio Warta varias veces e incluso subimos y bajamos por las siete colinas que forman parte de la ciudad y se supone que le dan una cierta fama. En uno de los barrios ubicados sobre una de las susodichas colinas, hacemos una parada para recoger a un ya mas que entrañable personaje. Nuestro ucraniano preferido, Andriy, aparece por entre un jardin medio oculto al girar una esquina, por supuesto con una de sus famosas chelas del 8% en la mano y con unos ojos rojos y una media sonrisilla que denotan que le ha estado pegando al vicio porrero muy recientemente.
Ya con el en el vehiculo, lanzando varias incongruencias tipicas del que va en camino de un buen colocon, decidimos iniciar viaje de regreso a Bogdaniec y a ver que planes se nos ocurren para la tarde y noche. Pero antes hay que llenar el vehiculo de combustible, para lo cual, logicamente, nos detenemos en una estacion de servicio. Deposito lleno hasta arriba, ya lo tenemos todo, en marcha. O no. Apenas recorremos veinte metros y de pronto Radek suelta un inesperado "estamos jodidos". Y si que lo estamos, porque de pronto me hago cargo de que mi colega esta intentado cambiar de marchas pero la palanca del cambio no responde. O bueno, quiza deberia de decir que responde demasiado, porque va de un lado para otro sin ofrecer ninguna resistencia y, evidentemente, sin ubicar ninguna marcha que pueda hacer avanzar el vehiculo.
Por suerte, justo al lado de la gasolinera hay un supermercado Aldi con aparcamiento, hasta donde empujamos el automovil e intentamos revisarlo. Radek, que tiene bastantes nociones de mecanica porque en su dia trabajo en un taller junto a su hermano, lo tiene mas que claro. Alguna pieza del cambio se ha partido y necesita ser reemplazada. ¿Lo puedes hacer, colega? Si, claro, pero aqui no y necesito la pieza de repuesto. Vamos, que nos hemos quedado tirados. Pues vamos a ver si pensamos en una solucion, pero eso si, mientras tanto, y ya que tenemos un Aldi ahi delante, ¿por que no entramos y compramos unas cervecitas? Para que la espera se nos haga mas amena, digo yo.
Finalmente, y tras unas llamadas y degustar un par de chelitas en el parking del supermercado, aparecen dos coches con varios personajes que se supone nos vienen a ayudar. En el primero viene el demente (este no se podia perder el show) con un vecino que se supone que es mecanico y que va a remolcar el coche con un cable de acero. Vale. El segundo automovil lo maneja otro colega de Radek, un ruso llamado Sergey que tiene una pinta de chuloputas tatuado de la mafia rusa que da autentico miedo. Y el tal Sergey se supone que nos tiene que llevar a casa a Radek, a Andriy y a mi. Y cuando lleguemos a casa, le preparamos una barbacoa, le ofrecemos unas chelas y todos contentos. Asi funcionan las cosas en Polonia.
De camino de vuelta a Bogdaniec, aun presenciaremos un accidente de lo mas bizarro, practicamente cincuenta metros delante de nosotros. En un cruce un tanto peligroso, un coche se salta un semaforo y de pronto es arrollado... por un tranvia. Por lo visto estos trastos, a pesar de su aparente fragilidad, son duros de cojones, porque al tranvia no le pasa absolutamente nada y ni siquiera descarrila. Pero eso si, el automovil, que ademas es un todoterreno, se lleva semejante galleta que acaba tumbado de lado con todas las ventanillas rotas en mitad de la via. Y bueno, que la unica reflexion que sale de nuestros etilizados cerebros es que por suerte se ha accidentado sobre la via y no nos ha bloqueado la carretera, por lo que podemos seguir nuestro camino en direccion a casa para la barbacoa y el mamoneo que alli nos espera.
Ya que nos hemos quedado sin automovil, pues pinta que el resto del dia, y ademas con el calor que hace hoy, lo vamos a pasar de chuza, barbacoa y piscinita. Un escoces, un polaco, un ucraniano y un ruso tajandose y jalando sin parar hasta la puesta de sol, que imagen mas bella. Y por cierto, al final el demente y el vecino tambien arriban sanos y salvos, con el coche enganchado con el cable de acero. Como aqui todas las reparaciones son caseras, el vehiculo es llevado a la zona de trabajo de la propiedad, donde Radek tiene todo tipo de herramientas, y el vecino-mecanico le hace una primera inspeccion, comprobando que efectivamente una pieza del cambio se ha partido, pero confirmando que mañana mismo la conseguira y el mismo la cambiara. Bueno, al final tampoco este inesperado lance ha resultado tan tragico.
Teniendo en cuenta la cantidad de schnitzels que yo ya habia cocinado por la mañana y la mega barbacoa que el ruso y el ucraniano se han encargado de preparar, ahora resulta que tenemos aqui comida para una semana. Desde luego quien no se va a quejar va a ser el demente, cuyo insaciable estomago ya tiene donde elegir. Por nuestra parte, y ya con la noche caida sobre Bogdaniec, nos despedimos del chuloputas ruso, que al final resulta ser un responsable padre de familia y su esposa hace rato que lo esta reclamando, y tras ello procedemos a subir un rato a la habitacion de Radek. Si, ya sabeis lo que toca, sesion de porros para Radek y Andriy y ultimas cervecitas del dia para mi. Aunque hoy tengo que decir, quiza porque tampoco dormi nada bien la pasada noche, que estoy especialmente cansado y me retiro bastante pronto. Y lo de siempre, que estos dos continuaran con su ritual de humo posiblemente hasta que vuelva a salir el sol.






