El check-in en el relativamente centrico apartamento que hemos reservado no debe realizarse hasta las tres de la tarde, asi que no madrugamos en exceso y nos tomamos la cosa con una cierta calma. Ducha, taza de vaciado, desayuno, primera chelita del dia... Lo peor de todo es que hoy, precisamente, el demente no aparece por ninguna parte. Y yo que me queria despedir muy efusivamente de el, porque desde luego al final se ha convertido en un mas que entrañable personaje. Cuando le pregunto a Radek al respecto, me indica que, como hace de vez en cuando, seguramente ha salido temprano a pegarse un desahogo con una de sus habituales amantes que tiene repartidas por los pueblos de alrededor. En fin, pues ya le vere en una proxima ocasion, si sigue vivo, claro. O si yo sigo vivo...
El caso es que finalmente salimos en direccion a Poznan. El navegador me indica que tenemos casi dos horas hasta el alojamiento, el cual marco como destino final de la ruta de hoy. Asi que nos lo tomamos con calma, porque nos sigue sobrando tiempo y porque tampoco tenemos ningun plan concreto una vez que lleguemos a la gran ciudad. Como nosotros venimos del oeste y nuestro apartamento, curiosamente, queda en la parte este de la urbe, la ultima media hora, aproximadamente, consiste en bordear la localidad por la parte norte hasta llegar al otro lado, asi que nos entretenemos visualizando toda esta zona del extrarradio desde el automovil. Area que Radek, muy acertadamente, describe como "rascacielos comunistas en mitad de un bosque". Y es que, ciertamente, por entre la frondosidad que rodea la carretera por la que transitamos, de vez en cuando te surgen unos chuzos que van bastante poco en consonancia con tan verde paisaje.
Finalmente llegamos a un pequeño barrio de calles adoquinadas con bastante vidilla, puesto que hay terracitas, bares y restaurants absolutamente por todas partes. Se supone que en una de estas calles esta nuestro alojamiento, asi que parece que hemos elegido bien. O no. Porque nada mas aparcar y bajar del coche, mi colega suelta un "¿pero que mierdas es esto?" con un tono enfadado que no me suena nada bien. Justo delante de nosotros una barberia con la bandera del orgullo marica en pleno ventanal. Y un poco mas alla un pub con otra de esas banderas, la cual mi colega señala mientras su jeto empieza a desencajarse. "Tio, nos has traido al barrio de los maricones", protesta Radek mientras yo me encojo de hombros. Joder, yo no conozco la ciudad, y el apartamento esta de puta madre y es barato. No todo iba a ser perfecto, hombre.
Otro tema que inquieta a mi colega es que, como estamos bastante cerca del centro, hay que pagar por el aparcamiento en la calle. Ya sabeis, la tipica maquina que te da un ticket. Todavia bastante enfurecido por el tema de los bujarras, Radek se dispone a efectuar la transaccion pero, quiza porque su nerviosismo sigue a flor de piel, lo unico que consigue es joder la maquina y al final casi se lia a golpes con ella. Mas calmado, soy yo el que intento conseguir el ticket de marras, pero definitivamente mi colega se ha cargado el meter. Pues nada, ya que no queda otra, dejamos ahi el coche sin pagar y a tomar por culo. Y si lo quieren multar que lo multen. Total, le explico a mi colega, es sabado y no creo que hoy haya ningun trabajador demasiado ocupado como para ir comprobando automovil por automovil si todos tienen ticket. Y bueno, que al final va a resultar que tengo yo razon. O sea que, ya sabeis, si vais a Poznan con vuestro vehiculo mejor ni pagueis, porque nadie os va a decir nada. Menudo engañabobos.
Aun tenemos casi un par de horas hasta la hora del check-in, asi que sugiero que nos sentemos en una terracita a tomar un par de buenas chelas. A pesar de las reticencias de Radek, porque en la terraza elegida tambien hay banderita de colorines, a mi la cervecita me sienta de pelotas. Y aun nos queda una hora para entrar al apartamento. Pues venga, primer paseito al centro a ver un par de pirulas para hacer tiempo. Plan que convence mucho mas a mi colega (todo por alejarse de los maricas) y que va a incluir una visita express a la catedral de Poznan, la cual tenemos a apenas dos minutos de marcha y una primera inspeccion a la zona de la Plaza del Mercado, el centro neuralgico y turistico (muy turistico) de la ciudad. Demasiada gente, hasta el punto de que nos planteamos si volver luego hasta aqui o ver otras cosas, porque esto es excesivamente agobiante.
Finalmente volvemos al alojamiento. Ya nos han enviado los codigos de entrada y ya podemos dejar los bartulos. Y de paso enfriar ligeramente en el congelador las chelas que llevabamos en el equipaje y tomarnos una antes de salir a seguir paseando. El apartamento en si esta realmente bien, con dos habitaciones, un amplio salon, cocina y baño completisimos... y hasta una revista con tias en pelotas que alguien ha dejado, posiblemente de una anterior visita. O quiza ha sido el propietario para hacernos mas amena la estancia, quien sabe. Aunque siendo este el barrio de los maricas, algo no concuerda... En fin, mejor no seguir con las elucubraciones y salir a por mas chelas.
Y a comer algo, que tambien hay gazuza ya. Radek pide consejo sobre algun lugar para jalar y mamar bien y barato. Y lo hace llamando a su viejo colega Marcel, que si recordais fue el que nos llevo de excursion por los "pueblos prusianos". Al parecer el chaval estudio en Poznan en su juventud y mas o menos conoce los tugurios mas interesantes de la ciudad. El lugar recomendado es un pub tipo americano llamado "Whiskey in the Jar", como la cancion de la banda irlandesa Thin Lizzy. Pero consultando el menu nos damos cuenta de que es un timo. Hamburguesas de mierda a precios de gran capital europea y jarras de cerveza de marcas no demasiado atractivas. "A la mierda, prefiero un kebab", suelta un Radek que hoy parece que va todo el dia medio cabreado (supongo que tema de los maricas le sigue afectando). Pues por kebabs aqui en Polonia no sera. Si es que hasta en los pueblos perdidos hay uno de esos establecimientos.
Asi que caminamos un par de calles hacia una zona algo menos turistica (el Whiskey in the Jar estaba en pleno centro) y alli conseguimos un kebab en un local que esta tan petado que no hay ni mesa en la que sentarse. Supongo que todos vamos huyendo del turisteo y de los precios abusivos. Ademas, todo hay que decirlo, el kebab de este sitio esta absolutamente cojonudo. Eso si, nos toca sentarnos en un banco en la calle, cual pordioseros, a degustar nuestra tan ansiada comida. Y venga, ya podemos continuar con el paseo por Poznan. Paseo que nos llevara a ver una antigua fabrica de cerveza reconvertida en centro comercial, un buen numero de iglesias (hay muchas en esta ciudad) y varias callejuelas antiguas con toque decimononico (esta urbe fue bastante respetada durante la Segunda Guerra Mundial).
Ya de vuelta al barrio preferido de Radek (el de nuestro alojamiento) con la idea de descansar hasta mañana ya que el vuelo es muy tempranero, nos encontramos con un supermercado ucraniano. La exposicion de cervezas de la nacion ex-sovietica nos deja extasiados, hasta el punto de que nos hacemos con unas cuantas para seguir la fiesta durante un rato mas ya en la tranquilidad del apartamento. Pero ahora parece que a mi colega se le ha pasado el mal rollo y empieza a olvidarse del asunto de las banderitas de colorines. Hasta el punto de sugerir que, ya que aun no es muy tarde, nos bajemos al pub de la esquina a hacernos alguna chelita extra. Para ver el ambientillo mas que nada. Si, claro, el pub que vimos a nuestra llegada con una de sus banderas preferidas. Si es que no hay como hacerse un par de cervezas ucranianas para que a uno le cambie el humor.
Efectivamente bajamos al garito, pero yo advierto que solo nos vamos a hacer una porque ya son mas de las once y al menos algo quiero dormir antes de subir al avion. Pedimos unas chelas de una brewery artesanal que se encuentra en un pueblo cercano y que estan realmente de pelotas, suaves, cremosas, con poco gas... Tentado estoy de pedir una segunda pero mis horas en Polonia estan llegando a su fin. Hay que retirarse a descansar. Radek me pincha, ya directamente, para irnos al centro de la ciudad a una discoteca. Este, a medida que se chuza, se exhacerba mas y mas. Al final voy a ser yo el responsable, ya veras. Que no, colega, que nos retiramos. Que yo tengo que subir al avion y tu volver a Bogdaniec sano y salvo. Menos mal que al final entra en razon, porque ya me veia yo otra noche de cervezas y porros, cada cual con lo suyo, eso si. Y de esta manera terminamos nuestra aventura polaca de 2026. En unas horitas subiremos al avion y nos iremos. Pero como casi siempre digo cuando un viaje sale bien... volveremos. Ya lo creo que volveremos.
