sábado, 11 de marzo de 2017

Pensamientos islandeses, sidras y resacas


Ayer noche, despues de doce horas de intenso curro, en las que no tuve ni el puto tiempo de ir a mear, pues me apetecía cascarme unos jarrillos. Asi que me hice tres chelas y dos sidras, una tras otra, por supuesto. Y mientras me ponia fino acudia a mi mente una idea bastante recurrente, sobre todo en mi caso, el del vikingo macabro. Joder, hace tiempo que no piso Islandia, así que habria que darse un nuevo paseito por el "pato" del Atlantico Norte. Y en realidad, mientras pensaba en ello, no me daba cuenta de que ya tengo pasajes para el pais vikingo, y yo casi sin enterarme.

En realidad, de aqui a dos semanas me voy a dar un garbeo por America, y curiosamente de camino tengo que hacer una paradita en Keflavik, la tipica mierda de los vuelos directos, que siempre son demasiado caros y escasos y es mejor pillarse alguno que haga una escala o tenga un pequeño desvio. Pero si es que yo creo que lo hice a proposito, y es que cuando reserve los vuelos, me da que costaba absolutamente lo mismo ir directo o parar en Islandia. Pero, joder, el morbo es el morbo, y aunque solo sea durante una horita y sin salir siquiera del aeropuerto, pues tiene su gracia eso de volver a pisar suelo islandes. Pues oye, perfecto, y si me da tiempo, hasta me hare un par de cervecitas, que es de lo mejor que tiene el pais.

Bueno, que mientras pensaba en ello, las chelas y sidras caian. Al final llegue a casa a eso de las dos de la madrugada y con un pedo mas que considerable. Lo positivo es que no fue de esas noches en las que doy vueltas y vueltas en la cama antes de coger el sueño. No, cai redondo, y practicamente ni me acuerdo de ello. Eso si, al despertar vino a mi el tipico malestar estomacal y dolor de chola indicativos de una buena resaca. Y lo peor es que tampoco me chuce tanto. Aun recuerdo cuando me hacia veintitantos cubatas en mi juventud. En fin, que me hago viejo, es lo que tiene.

Y hoy, pues ya me he cascado una sidra mientras comia. Tampoco me la queria hacer con el estomago vacio, pero tampoco me sento muy bien jalar algo. Es como si las caguetas constantes que tuve durante mi visita a India me persiguieran de nuevo. Veremos como se desarrolla el tema a lo largo del dia. De aqui a un par de horitas empezare a chuzarme mas intensamente. Y mañana por supuesto estare hecho una puta mierda, especialmente teniendo en cuenta que me toca otra criminal sesion de curro de doce horas. Y encima hay enfrentamiento futbolero entre los dos grandes equipos de la ciudad. O sea que estamos jodidos, va a ser una resaca dura.

Y a todo esto... no se muy bien por que cojones estoy escribiendo este post. Quiza es una excusa para hacer alguna otra actividad distinta a meterme otra sidra, pero lo cierto, es que eso es algo que tambien puedo hacer mientras escribo. Y de hecho ahora que me ha venido la idea a la mente, voy a por una sidra, cojones. En fin, colegas, que siento haberos molestado con este post un tanto estupido. Pero al fin y al cabo como solo lo voy a leer yo, pues sin problema. Y si alguien esta tan jodidamente enfermo como para curiosear en un escrito de semejante catadura intelectual, pues yo de ti, amigo, iria directamente a visitar a un psiquiatra. Aunque bueno, de todo tiene que haber en este mundo, incluso putos comunistas.

lunes, 23 de enero de 2017

Fauna deportiva bajo cero

Me levanto a una hora decente y se me ocurre, como vengo haciendo en las ultimas semanas, salir correr un poco, unos cuarenta minutos, no mas, no vaya a ser que queme mas alcohol del que me puedo beber. Lo cierto es que viviendo al lado del rio, sobre todo en esta parte del este de la ciudad, es una gozada. Me bajo por un sendero hasta la vera del cauce fluvial y alli sigo un caminito que en una direccion lleva hasta el mismisimo centro de la ciudad y mas alla, y en la otra direccion, quien sabe, la verdad es que nunca he llegado tan lejos como para averiguarlo. En fin, pongamonos en marcha.

Uno se piensa que a estas horas y por este tipo de caminitos, que parecen casi exclusivamente habilitados para la practica de alguno de estos deportes populares, en su mayoria nos vamos a encontrar con deportistas madrugadores y algun que otro vecino despistado paseando al perro, pero lo cierto es que de todo hay por estos parajes. Y frio, porque aunque la ciudad es moderadamente templada en invierno, hoy a estas primeras horas del dia nos encontramos con dos grados bajo cero. Sinceramente es la mejor temperatura para correr, al menos en lo que a mi respecta. Quiza tenga algo que ver con mi alcoholismo cronico. Asi no voy todo el rato sudando alcohol como un poseso.

Decido coger el camino junto al rio en direccion este, remontando el cauce, hare veinte minutos y luego dare media vuelta y me volvere. Nunca falla, aunque el lugar esta bastante poco transitado por lo general, siempre te encuentras con algun tarado perdido. Para abrir boca un ciclista chafando huevos que me adelanta sin demasiados problemas, aunque a poca mas velocidad que yo, y eso que voy a pie. De equipo no va mal, buena bici, abrigado, pero insisto, es que el menda iria mas rapido si se bajara de su montura. Por otro lado, y ahora que lo veo, me da a mi la impresion de que soy el unico que tiene cojones a ir en pantalon corto a esta temperatura.

A los siguiente ya me los he cruzado un par de veces, una pareja de viejos y una rubia de unos treinta que intuyo es la hija, todos ellos paseando a dos perros. Nada del otro mundo. A continuacion me pasan dos corredores que van tan follados que parece que anden persiguiendo su comida del dia de hoy. Tampoco seria algo raro, lo cierto es que por este caminito, con la cantidad de maleza que hay, en ocasiones veo cruzar conejos, ardillas, zorros... en fin, mientras no me salga un puto tigre, nada que reprochar. A todo esto sigo siendo el unico menda en pantalon corto, y lo peor es que estoy empezando a sudar.

Doy media vuelta y empieza mi festival. Al otro lado del rio, ya me he fijado en este lugar muchas veces, hay una especie de caseron blanco, que por alguna rara conexion de mi cerebro relaciono con una comuna, una secta o alguna mierda similar. Siempre, sea la hora a la que pase, oigo una especie de musiquilla hipnotica y en ocasiones a un tio como con un megafono dando instrucciones o soltando parrafadas o vete a saber que, dado que a consecuencia de la lejania no acierto a distinguir bien las palabras. El sitio me da bastante mal rollo, pero por suerte hay un rio bastante caudaloso de por medio. Y en estos mismos momentos una barcaza de regatistas con cuatro mendas a bordo surca sus aguas a toda velocidad. Deben de estar preparandose para la Oxford contra Cambridge, vaya usted a saber.

Otro corredor, abrigado como si estuviera en el puto Polo Norte, se me cruza. Otro que va chafando huevos, aunque me da que este lo que no puede es ni moverse de tanta puta ropa. Y a lo lejos viene mi heroe... distingo una silueta, delgaducha, viene corriendo, seguro, pero con el cuerpo de medio lado. Esperate que no lleva camiseta... y va en vaqueros... y con zapatos. Menudo esperpento. Se me cruza y ni me ve, va con la mirada perdida. Y yo que creia que lo mio con el pantalon corto era de machote. Joder, a este le doy el titulo de deportista del mes. Y el que viene a continuacion otro que tal, este ya ni corre, anda tres pasos y se para, se tambalea, cojones que se me cae encima, me dice algo balbuceando, paso de el. O era un yonkarra o un tio al que el pedo de anoche aun le dura y no acaba de encontrar el camino de vuelta a casa. Pues que siga paseando, que siga, que el rio cauce arriba es muy largo.

Al final llego de vuelta al hogar sudoroso, con las primeras gotas de alcohol cayendo por mi frente abajo. Pues creo que sera mejor que haga caer algunos chorros, no gotas, de alcohol del que tengo en la nevera por mi garganta abajo. Primero me doy una reconfortante ducha, a continuacion me asomo a la cocina y, oh si, todavia un par de chelas bien fresquitas. Tendre que ir a comprar algunas mas en breve, pero primero, y sin mas dilacion, me casco la primera y me siento como un puto campeon. Y eso que la carrera de hoy, viendo la cantidad de especimenes que pululan por el mundo, creo que la he perdido. Salud.

sábado, 20 de agosto de 2016

La abrasion del pensar

Este sandwich que me estoy cascando va a pasar a la historia. Esta mas que cojonudo, y no creo que sea por el hambre porque como entrante me he hecho ya un hotdog. El pan bien tostadito, por supuesto y de relleno un revuelto con cebolla y ajo sofritos, haggis y queso cheddar Arran ahumado. Para coronar y dar algo de consistencia a la grasienta pastita, un par de lonchas de chicken roll. Ahora si que estoy lleno, hasta el punto de que necesito cascarme una sidra que me baje la hinchazon, sidra de pera, por supuesto, creo que tengo una Magners en la nevera, voy a por ella.

Supongo que este mini festival de papeo viene a que me he levantado hoy a primera hora y me he dado cuenta de que tengo cinco dias de vacaciones. Aunque tengo pensado irme un par de dias conduciendo al norte, posiblemente a algun solitario hospedaje en mitad de las Highlands, de momento voy a pasarme una o dos jornadas en casa mamando como un cosaco. Cuando uno llega a trabajar hasta ochenta horas a la semana es lo que tiene, que necesita descanso y relax. Estaria en la cama todo el dia, pero en esa posicion no puedo mamar, asi que intentare incorporarme de vez en cuando para cascarme mis sidritas. Ah, y esta noche a ver si me puedo hacer una buena mariscada. La putada es que tengo que ir a la pescaderia a comprar todo el material y no me apetece mucho, pero bueno, a ver como va discurriendo el dia.

Cuando uno se levanta de esta manera y con estas expectativas, puede dedicarse a pensar en muchas cosas. Me pasa demasiado a menudo, a pesar de las horas y horas de trabajo, aun sigo teniendo demasiado tiempo para pensar. Quiza es por eso que si por mi fuera trabajaria cien horas a la semana, para intentar no pensar en absoluto. Alguna vez creo que ya lo hice, recuerdo aquella semana de las 105 horas. Lo malo es que si bajas el piston a la semana siguiente te dedicas a pensar mas todavia. Tal vez pensar no sea una actividad nociva pero a mi me abrasa el cerebro. Posiblemente porque tengo mas inquietudes que el resto de seres humanos del planeta.

No hace mucho me levante pensando en la mierda que somos en comparacion con todo el Universo. Y lo grandes que se creen que son algunos idiotas. Cuanto mas idiota es uno, mas delirios de grandeza tiene, siempre pasa. En realidad somos minusculos seres pululando por la superficie de una roca redonda que da vueltas alrededor de un sol dorado. Un sol bastante mierdoso, todo sea dicho. Para nosotros se supone que es todo, pero resulta que es una bolita mas dentro de nuestro sistema solar, que a su vez es una cagarruta dentro de la inmensa Via Lactea, que tambien a su vez no es mas que una mas de las muchisimas galaxias que van flotando por ahi, sin mucho que hacer y sin oficio ni beneficio, por todo el Universo. Y aun diciendo todo esto, yo creo que nadie se da cuenta realmente de la diminuta mierda que suponemos dentro de todo el sistema existencial universal.

Y esperate, que ahora es cuando nos deberiamos de poner a pensar en el susodicho sistema existencial. Las tipicas preguntas, buscando al sentido a todo el puto Universo. Porque en realidad si no hubiera ni Universo, ni galaxias, ni soles, ni planetas, ni seres humanos, ni nada de nada, tampoco cambiarian mucho las cosas. Vale, tenemos la capacidad de asombrarnos ante nuestros logros (que la mayoria de veces son una chorrada) y la belleza del planeta, la inmensidad del Universo y bla bla bla. Bueno, y si no la tuvieramos es que tampoco pasaria nada. Facil, si nadie estuviera aqui, nadie pensaria en ello. Aunque tampoco creo que nadie piense en ello en absoluto. Para ser honesto creo que ahora mismo soy el unico que esta pensando en estas tonterias. Y tampoco me esta sirviendo para mucho. Al final tengo razon, pensar es abrasivo. Voy a cascarme esa Magners de la nevera y a tomar por culo tanto escribir sobre chorradas. Que paseis un buen dia... pero sin pensar.

jueves, 21 de julio de 2016

Una semana en Finlandia 7. La costa de Espoo

Me levanto con una buena resaca, lo de ayer fue intenso de cojones, pero la vida continua y hay que levantarse y andar... o arrastrarse si uno no encuentra fuerza en las piernas. Poco a poco voy espabilando, tengo mi vuelo de vuelta a casa a mediodia, pero aun me queda toda la mañana para intentar llenar mi tiempo con algo de actividad. Asi que voy recogiendo mis pertenencias, cerrando la maleta y dejando un par de bolsas con restos etilicos en la habitacion del hotel de Espoo. Hora de salir a la recepcion a ver como esta la recepcionista de hoy, despedirme y pensar en que pelotas hago y a donde narices voy hasta que sea la hora de acudir al aeropuerto.

Una recepcionista nueva, buen material tambien, sin duda. Ya que tengo incluido el desayuno, me acerco a una especie de buffet y pico tres o cuatro cosas, pero tampoco tengo el estomago para muchas alegrias despues de la chuza de ayer. Al parecer sigo estando solo en el hotel. Me siento en una mesa para seis comensales toda para mi y mientras como algo a ritmo muy pausado me pongo a leer un periodico que alguien ha dejado justo al alcance de mi mano. En un perfecto finlandes, claro, asi que leer, leo poco, pero bueno, asi a grandes rasgos me entero de cuatro o cinco tonterias. Tampoco es que mi memoria vaya a retener mucha informacion en el estado en el que estoy.

Finalmente me despido del hotel y subo al coche. Una luz se me ha encendido en el cerebro, recordando que alguien en algun momento me dijo que la costa sur de Espoo es digna de visitar. Preciosas playas, puertecillos para pequeñas embarcaciones de recreo y zona, en general, muy pija, para los grandes pastosos de Finlandia. Chalets de lujo, con acceso privado a las playas, urbanizaciones tranquilas y propiedades que quitan el habla, con todo eso me encuentro despues de conducir unos diez minutos en direccion sur hasta la susodicha costa.

En un momento dado decido acercarme a unas de las varias playas que hay por la zona. Alli aparco y me doy un paseo para ver el lugar mas a fondo. Mucha calma, mucho silencio. Hace un dia con claros y nubes pero con una temperatura bastante agradable, sin embargo no se ve mucho trasiego de gente. Intuyo que la zona es demasiado privada y elitista, asi que poco movimiento de grandes masas voy a ver. Aparte de que el pais tampoco es que de para ver aglomeraciones de grandes masas. Aun si me dijeras en torno a una zona de chumeo, vale, pero esto de ir a la playa no parece en absoluto una aficion demasiado marcada para los finlandeses.

Y se acabo lo que se daba, hora de ir hacia el aeropuerto de Vantaa. Una media horita segun el navegador, un cierto trafico pero nada especialmente tragico, y alli que llego, dejo mi coche de alquiler en el sitio acordado con la compañia, deposito las llaves en un buzon y me dirijo a la zona de seguridad y de embarque. La tipica mierda de los aeropuertos, tanta seguridad y luego resulta que un moro con un camion o con un hacha se carga a la gente a lo largo y ancho de Europa como si nada. Pero los que tenemos que ir jodidos somos los sufridos turistas que lo unico que queremos es coger un puto avion. En fin, como decia Julio Iglesias, las cosas de la vida son asi.

Despues de que el policia del control de pasaportes me haya tenido que preguntar cuatro veces cual era mi destino porque no me entendia (cosas del acento escoces), finalmente aqui estoy, sentado en uno de los bares del aeropuerto, haciendo tiempo, como se suele decir. Pinta de lager finlandesa en mano y degustando un combo de arenques marinados con diferentes sabores. Una buena manera de despedirse del pais. No ha estado nada mal. Intuyo que en algun momento, y posiblemente a no mucho tardar, tendre que volver a encaminar mis pasos hacia Finlandia. Hasta entonces, nakemiin Suomi.

martes, 12 de julio de 2016

Una semana en Finlandia 6. Espoo

Cuando uno se levanta demasiado pronto en Helsinki lo unico que puede hacer es pasear. Hasta los mamodromos estan cerrados a estas horas tan intempestivas, asi que voy a ejercitar un rato las piernas hasta que se haga la hora de cambiar de ciudad y de hotel. Y es que hoy, a eso del mediodia, debo hacer check-in en el que va a ser mi ultimo alojamiento finlandes, un fantastico hotel-resort en la cercana ciudad de Espoo, apenas a media horita, si llega, del centro de Helsinki. Pero lo primero es lo primero, paseemos.

Pues cojo toda la costa, el puerto, el paseo junto al mar, pero en direccion contraria a la que fui ayer, y a ver que narices hay por aqui. Barcos de toda indole, finlandesas haciendo footing a primera hora, un sol que poco a poco se va haciendo mas y mas torrido y... mira, el museo militar. Cerrado, demasiado pronto, pero en una especie de plaza junto al edificio principal puedo gozar del visionado de varios tanques y piezas de artilleria que alguien ha dejado ahi aparcadas junto al resto de coches de los vecinos de la zona. Se ve que no les cabian dentro del museo. Curioso es ver como los tanques finlandeses, sin ningun tipo de pudor, llevan la insignia de su ejercito. Esto es, la svastica, algo mas recortada que la clasica usada por los nazis en los 30 y 40, pero con una similitud que llega incluso a asustar. Pero a ver quien se mete con los finlandeses, al que le moleste que se tape los ojos o basicamente, que se joda.

En algun sitio lei que aqui en Helsinki era tipico hacer topless en los parques, y mira tu por donde que mi paseo me lleva a cruzar un par de parques, pero quiza aun es demasiado pronto para que las hermosas finlandesas dejen ver sus encantos mas sabrosos, y eso que hoy la temperatura parece que va a acompañar. Decepcionado tras no ver ninguna protuberancia femenina al natural, mis pasos me conducen a la ciudad subterranea. Y es que Helsinki tiene toda una red de galerias subterraneas que recorren el centro de la ciudad como si de una segunda urbe diseñada para topos se tratara. Aqui abajo, aparte de las logicas entradas a las lineas de metro, tenemos pasillos y pasillos de tiendas de toda indole, restaurantes, bares e incluso accesos a viviendas. Hay que pensar que cuando llega el invierno debe de ser mas agradable ir pirulando por aqui abajo bien calentito que helarse en la superficie. Que blandengues.

Al final mi paseo acaba donde ayer empece a descubrir la ciudad, la plaza del Senado y el mercado del puerto. Tengo algo de gazuza asi que me siento en uno de los muchos puestos donde sirven comida y me hago unos pescaditos fritos del artico. Por desgracia no hay sidras, pero teniendo en cuenta que aun tengo que conducir hasta Espoo no es cuestion de ponerse del reves tan pronto. Y bueno, que tampoco me apetece presentarme en la recepcion del hotel balbuceando y tambaleandome. Pero todo llegara, amigos, todo llegara.

Finalmente dejo Helsinki y en menos de media hora llego hasta el hotel de Espoo, situado en pleno centro de la ciudad. Bueno, vamos a ver, centro porque esta en el puto medio, pero que nadie se espere un casco historico. Esta urbe parece la tipica creada a mediados del siglo XX para servir unicamente como dormitorio a trabajadores de la cercana Helsinki. Vamos, que no hay nada, solo urbanizaciones de autenticos pastosos y en esta zona mas centrica los tipicos bloques de apartamentos donde imagino que la poblacion vivira bastante condensada. Aunque hay un trafico relativo, por momentos me parece estar en una pelicula post-nuclear, ya que no veo absolutamente a nadie paseando por las aceras de las anchas avenidas de este lugar.

El hotel, lo esperado, un enorme edificio que lo contiene todo. Mas de cuatrocientas habitaciones, varias saunas y piscinas cubiertas, bares, restaurantes... Pero no veo a nadie, seguimos con el ambiente post-nuclear. En el parking solo hay un coche, el mio. En la recepcion solo dos personas, la recepcionista y yo. Antes de tomar posesion de mi habitacion me informo sobre los abrevaderos y lugares para menear el bigote mas cercanos. La rubia de la recepcion es mas que amable, me da un plano y se tira veinte minutos explicandomelo todo. Tambien me dice que el hotel esta bastante vacio, por lo que los restaurantes estan hoy cerrados y tan solo tienen un bar abierto. Suficiente.

Con la informacion de la rubia me voy a dar un paseo por Espoo. Para empezar a menear al bigote me meto en una especie de restaurante mexicano donde basicamente sirven fritanga. Lo de mexicano supongo que es porque hay un par de cactus flanqueando la entrada. Obviamente me casco un par de sidras, para ir entrando en calor, pero el dependiente no es excesivamente amable y no veo personal femenino, asi que despues del tipico combo de alitas y cuatro chorradas mas, salgo en busca de mas alcohol y de paso intento conocer un poco el centro de la ciudad. Estacion de tren, ayuntamiento, anchas avenidas, esta ciudad es aburrida de cojones y apenas si hay sitios donde mamar.

Finalmente encuentro algo. Si, el Kannunkulma Club, un garito en condiciones, inmenso, dos pistas de baile, varias pantallas para ver eventos deportivos, una sesion de karaoke en marcha, una preciosa rubia tras la barra y hasta un escueto cuartucho dentro del mismo pub donde la gente se pone tibia a fumar. Hacia tiempo que no veia las clasicas zonas de fumadores, cerradas a cal y canto, donde hay tanto humo que apenas puedes ver las caras del resto de la gente. Obviamente caen unas sidras. Pues voy a aprovechar la sesion de karaoke, que es lo suyo, y me voy a hacer el My Way de Sinatra. Ya empiezo a ir fino, no me entiendo con el DJ, ah no, que es que el menda solo habla finlandes. Bueno, despues de un par de horas de entonamiento etilico, voy a ir pensando en recogerme.

Pero antes tengo hambre, encuentro otro restaurante que va a ser una aventura, porque no se que tipo de comida sirven. Estoy yo solo, sigue el rollo post-nuclear. Por suerte el camarero habla ingles y me dice que estoy en un restaurante macedonio. Unos mejillones tipicos y unos tortellini al estilo macedonio. Suficiente para mitigar el hambre, y por supuesto un par de cervezas macedonias, que no estan nada mal, todo sea dicho. A ver si me voy a tener que ir a pasar mis proximas vacaciones a Macedonia. Ahora si, hora de volver al hotel, sauna, piscina... que cojones, antes voy a pasar por el bar. Me enchufo dos sidras mas, ya voy encendido.

En recepcion pido informacion sobre la sauna y demas, por si hay que reservar turno. Nada de nada, resulta que, ahora me lo dice la recepcionista (ha cambiado, ahora es una morena, pero tampoco esta nada mal), estoy absolutamente solo en el puto resort de 400 habitaciones. En tono de broma, la pajara me dice que si quiero ir desnudo de la habitacion a la sauna y de ahi a la piscina, que no pasa nada, que no hay absolutamente ningun otro huesped en el hotel. Conmigo no se bromea. Salgo de la habitacion en pelota picada, bajo dos pisos tal cual hasta llegar a la zona de las saunas, alli me tiro veinte minutos asandome a noventa grados centigrados. Acto seguido me meto, todavia en pelota picada, en la piscina. Un agradable bañito.

Esto son vacaciones, ahora estoy en el cielo. Solo falta una cosa, irme a mi habitacion, enchufar la tele y ver la final de la Champions League mientras me acabo una botella de vodka finlandes que no se muy bien de donde me he sacado. He debido de comprarla hace un rato, pero no me acuerdo. Creo que al final gana el Real Madrid, pero si eso ya lo leere mañana o cuando sea en la prensa deportiva. Con el pedal que llevo en estos momentos no estoy como para computar tanta informacion. Me voy a ir a dormir, si es que no estoy durmiendo ya. Mañana un ultimo paseo y a primera hora de la tarde avion de vuelta a casa. Que pena que esto no dure mas.

miércoles, 29 de junio de 2016

Una semana en Finlandia 5. Helsinki

Con una buena resaca se inicia el dia en Kitee, es lo que pasa cuando uno mezcla demasiados brebajes etilicos la noche anterior. Despues de despedirnos efusivamente de Natalia, y sin perder ni un apice de tiempo, es hora de salir de este entramado de aldeas junto a la frontera rusa y enfilar carretera en direccion suroeste, hacia la gran capital del pais, Helsinki. Aunque con poco mas de medio millon de habitantes y un centro historico no demasiado extenso, no se si eso de "gran capital" se puede aplicar. Bueno, dejemoslo en la capital.

Intentando no atropellar a un grupo de macizas vacas que se planta en mitad de nuestro camino, quiza para despedirnos de la zona, conseguimos finalmente coger la carretera numero 6 en direccion a Helsinki. Por el camino iremos dejando atras poblaciones como Lappeenranta, sede de otro aeropuerto internacional, o Taavetti, donde paramos a poner gasolina junto a un interesante bar con comidas caseras para currantes, o finalmente Elimaki, donde ya se nos ha abierto el apetito de tal manera que no nos importa meternos en la pizzeria de un moro a que nos ponga una aberrante pizza denominada "Finlandia". Supongo que el nombrecito sera porque lleva toda la comida que uno pueda encontrar en Finlandia dentro de la misma puta pizza. Que barbaridad, a ver quien cojones conduce ahora.

Antes de ir a nuestro alojamiento de hoy nos damos un garbeo por las transitadas afueras de la capital. Los poligonos, fabricas y demas, ya se sabe, trafico, movimiento. Pero es que resulta que hay una tienda de uniformes militares de toda indole que uno no puede dejar de visitar si pasa por esta zona. Por supuesto la tienda tiene bar, para alegrarle a uno la estancia. Si bien los uniformes vintage que voy buscando no estan expuestos al publico, lo cual me decepciona un poco. Si, esta claro, yo vengo aqui a ver que material nazi tienen. Este es uno de los pocos paises de Europa donde no se andan con tapujos con esas cosas. Desgraciadamente uno de los dependientes me dice que este tipo de materiales los tienen en el almacen y solo los venden via internet. Aun asi, las mascaras anti-gas y los kits de supervivencia, entre otros varios ropajes curiosos, hacen las delicias de los diversos clientes (bastante macabros por cierto) que se mueven por entre los pasillos del lugar.

Helsinki, la eterna capital, aqui estamos. Con un trafico endiablado, avenidas demasiado estrechas para tanto puto coche. Aparte de que llegamos en hora punta de salir de currar y esas cosas. Y para mas guasa nuestro hotel-apartamento se encuentra casi al final de esta especie de peninsula que forma el nucleo urbano. Vamos, que tenemos que atravesar la ciudad de cabo a rabo. Finalmente llegamos junto a la imponente catedral ortodoxa, uno de los simbolos de la ciudad. Justo detras, en una especie de isla comunicada por puentes al resto de la urbe, Katajanokka, se encuentra nuestro complejo hotelero. Hoy nos toca un apartamento muy aseado y espacioso, que tiene hasta sauna propia dentro del cuarto de baño. Pero la verdad es que esto me interesa poco, ya estoy en Helsinki, acabo de dejar el coche y es hora de mamar como un cosaco.

Hace un puto sol y calor de justicia, la lluvia que nos salpico en los dos dias que fuimos bordeando la frontera rusa ha desaparecido por completo. Vamos, que me aso, lo mismo que las jamonas finlandesas que pasean por la calle, que con esta solana no hacen mas que despojarse de mas y mas ropa y realmente le ponen a uno muy nervioso. Tampoco me voy a parar mucho en describir las tipicas mierdas para turistas, decir simplemente que paseo por el puerto y su mercado, la imprescindible plaza del Senado, y enfilo hacia Kamppi. Si, lo habeis adivinado, la zona de los pubs y el mamoneo.

Resulta que hay un tranvia turistico que recorre toda la ciudad. Y es gratis. Bueno, relativamente gratis. Mejor que gratis, tal vez. Tu no pagas nada por subir al tranvia pero hay consumicion obligatoria. Habeis leido bien, consumicion en el tranvia. Se trata de un tranvia con barra de bar y todo el alcohol que uno pueda desear. La verdad es que soy mas de patear, pero por una vez igual me subo al puto tranvia. Eso si, mientras espero a que pase me voy a meter en un abrevadero a ir calentando motores. Bueno, lo tipico, mama que te mama al final pierdo el tranvia de los cojones. Repito la operacion una parada mas adelante. De nuevo me entretengo haciendome una mientras pasa el cacharro y... lo vuelvo a perder. Pues esta claro, a la mierda el tranvia, me meto en otro garito y sigo mamando.

Finlandia es el pais del heavy metal por definicion, todos los pubs van de ese rollo, mucha musica violenta en directo, lo cual incita a chumar mas todavia. Empieza a ser tarde, voy pedo y creo que ya es hora de meter algo solido en el estomago. Despues de calibrar varias opciones, acabo con lo que ya me imaginaba que iba a pasar aunque queria evitarlo. El restaurante de comida tipica finlandesa mas caro y famoso de todo Helsinki, el Lappi, ahi voy. Al no tener mesa reservada y entrar como un andrajoso alcoholico, la primera impresion de los camareros no parece la mas positiva, y se resisten a darme mesa. Despues de vacilar un poco y ver como empiezo a menear la cartera llena de euros, viendo que soy una sola persona y que en cualquier momento puedo empezar a cagarme en alguien, se deciden a darme una mesa. Y no creo que se vayan a arrepentir.

Voy a pedir lo mas caro, que cojones. Por supuesto sidra de pera en grandes cantidades. Para abrir boca (o ponerme mas ciego aun), empezamos con la "lagrima de reno", esto es un aguardiente tipico lapon que debe de tener un 60 o 70% de alcohol y que se sirve a -30 grados con un arandano congelado dentro del vaso. A continuacion pasamos a la degustacion de entrantes, que entre otras cosas incluye diversos tipos de caviar, salmon, arenque y un mas que cojonudo carpaccio de reno. El plato fuerte se compondra de otra bandeja de degustacion, con dos o tres tipos de carne de reno y sin duda mi preferida, la carne de alce poco hecha. A pesar de la insistencia del camarero no tomo postre. Si, tio, fijo que esta muy bueno como dices, pero es que creo que voy a reventar, colega.

Ahora deberia de ser la hora de salir de juerga por ahi, pero entre el madrugon con resaca, que ya me he ido poniendo a tono antes de cenar y la cena propiamente dicha, que se me sale por las orejas, creo que voy a ir tranquilamente paseando hacia el hotel para tumbarme y morir. Eso si, la desdicha hace que tenga que atravesar la zona de Kamppi otra vez, con todos sus pubs y tal cantidad de finlandesas pechugonas por todas partes, que no puedo evitar parar a hacerme un par de sidras mas. Ahora si que voy a estallar de verdad. Finalmente, a rastras, consigo llegar al apartamento. Mira que tenia idea de meterme en la sauna, pero le van a dar por el culo. Cama, roncar y mañana sera otro dia.

miércoles, 15 de junio de 2016

Una semana en Finlandia 4. Coqueteando con Rusia

Nos despertamos en Suomussalmi, es hora de visitar el museo de la Guerra de Invierno. En enero de 1940 el comunismo sovietico decidio anexionarse Finlandia intentando emular la guerra relampago que Alemania habia comenzado con Polonia tan solo unos meses antes. Ni los rusos tenian la determinacion alemana, ni los finlandeses eran la perita en dulce que suponian los polacos. Ahora no vamos a entrar en consideraciones historicas, el que quiera saber algo mas de la batalla en cuestion, que se remita a wikipedia, pero el tema es que los bolcheviques salieron trasquilados de una forma mas que espectacular. Siempre pongo el ejemplo del finlandes que reventaba tanques con un palo, para que uno se haga una idea de la desproporcion de un ejercito al otro y el merito que aquellos granjeros suomis tuvieron al detener a la maquinaria belica mas potente de la epoca.

Al lio. Ya que es muy temprano y el museo no abre hasta las diez, nos dedicamos a circular por la carretera de Raate, la ruta historica que los rusos tuvieron que recorrer para entrar en Finlandia, y donde les dieron a base de bien. Alli todavia quedan, algunas restauradas y otras no tanto, las trincheras que los finlandeses cavaron junto a la carretera y el rio, y que fueron una de las grandes claves de su victoria. La susodicha carretera a dia de hoy apenas si une un par de granjas perdidas con Suomussalmi, asi que en su tramo final ya no esta ni asfaltada. Imaginamos la mezcla de barro, hielo y nieve que en enero de 1940 debio de ser esto, y como los finlandeses despedazaron a los rusos a temperaturas de hasta cuarenta grados bajo cero.

Una vez abierto el museo, nos recreamos con la maquinaria belica sovietica de la epoca. Y digo bien, sovietica, porque los finlandeses carecian de este tipo de maquinaria. Asi que todos los tanques, antitanques y piezas de artilleria que aqui encontramos pertenecen al bando comunista. Obviamente hay menciones a los heroes finlandeses por todas partes y algunas recreaciones de lo que fueron la batalla y los campamentos con muñecos a tamaño real, que da una idea bastante buena de lo que aqui sucedio. Fuera del edificio del museo, un memorial a base de piedras, muchas piedras, inmumerables piedras apiladas y colocadas en filas, nos recuerda que el numero total de estas piedras es equivalente al numero total de muertos (tanto rusos como finlandeses) en aquella batalla en apenas una semana. Puedo imaginar que en vez de piedras veo cadaveres apilados. Quiza con esta escena mas de un mequetrefe deberia reflexionar acerca de las "bondades" del comunismo. Aunque de donde no hay ya sabemos que no se puede sacar.

Dejamos atras la historica y a la vez macabra carretera de Raate para volver al centro de Suomussalmi y alli tomar carretera direccion sur. Antes de tomar el desvio, nos topamos con un rebaño de renos a los que por poco nos llevamos por delante. Supongo que si por accidente atropellas a un reno no te queda otra que echarlo al maletero y cenartelo a la noche. Mejor no pienso en ello que me esta entrando gazuza. El caso es que al final enfilamos la susodicha carretera hacia el sur, que discurre paralela a la frontera rusa, en direccion a Kajaani, Nurmes, Joensuu y finalmente Kitee, donde se encuentra nuestro alojamiento para acabar la jornada de hoy, un macabro resort en plena naturaleza ubicado a tan solo 500 metros de la frontera rusa.

Como todos estos dias anteriores, la conduccion por estas carreteras nos deja innumerables anecdotas. Volvemos a ver lagos por doquier, estamos nuevamente en la region de los lagos, nos encontramos no muy lejos de Kuopio, y obviamente nos vuelve a asolar la tentacion de visitar esta ciudad, pero seguimos rumbo fijo a nuestro destino final de hoy, esa frontera rusa. En Nurmes hacemos una parada para avituallarnos, comida y sidras para esta noche. Descubrimos con gran regocijo que en este pueblo hay un Alko, la tienda nacional regentada por el Estado donde puedes comprar alcohol de alta graduacion. Y por supuesto no me lo pienso, va siendo hora de tomar algo mas duro, me compro una violenta sidra de pera con un 8% de alcohol, un vodka finlandes bastante raro y un extraño licor de cafe que luego va a resultar ser la version suomi del Tia Maria.

Y finalmente, tras un rato mas de conduccion, llegamos a la villa de Kitee, que tampoco ofrece nada mas que una ultima ocasion de comprar dos o tres chorradas para hacer una barbacoa esta noche en nuestro macabro alojamiento en plena naturaleza. El Riihivalkea, que asi se llama el resort en cuestion, esta ubicado en mitad de ninguna parte, a unos 30 kilometros del centro de Kitee en direccion a Rusia. Las carreteras son bastante sadicas, huele a Rusia por doquier, y la lluvia y el frio que nos llevan acompañando todo el dia hace que esta sensacion de estar en pleno territorio bolchevique sea mas y mas intensa. Incluso con el navegador, nos pasamos de largo dos veces, pero al final, y despues de unas cuantas maniobras bastante inverosimiles, conseguimos llegar a nuestro destino.

Natalia, la propietaria del lugar, nos da la bienvenida. Mujer de 43 primaveras muy bien llevadas, muy simpatica y, como no podia ser de otra manera, rusa, la tipica belleza rusa, de Murmansk, para ser mas concretos. Quiza hemos cruzado la frontera sin darnos cuenta, porque aqui todo dios habla ruso y da la sensacion de que en una de estas alguien va a salir con un gorro de piel de oso y un Kalashnikov. Entre risas, Natalia nos confirma que no, no hemos cruzado la frontera, y que no lo hagamos ni locos, hace una semana unos turistas franceses fueron a hacerse fotos al otro lado de la barrera, entre risas y jolgorio, y cuando fueron a tomar su avion de vuelta a Paris fueron detenidos por las autoridades fronterizas, ya que habian sido identificados y localizados.

Aunque no figura en ningun mapa, ni en google, ni en el navegador, Natalia confirma las sospechas que yo tenia al respecto de este lugar. Efectivamente hay un paso fronterizo a traves de caminos de tierra. Obviamente vigilado, si no que se lo digan a los franchutes. Tal y como me entero de este hecho, casi dejo a la pobre mujer con la palabra en la boca y salgo disparado a ver ese paso fronterizo semi-ilegal. Apenas a 500 metros del resort, un pequeño paseo por una carreterucha sin asfaltar y alli llego, a una misera barrera de color amarillo y rojo y un par de carteles que advierten en varios idiomas y con una palma de una mano dibujada que alto, que ni se me ocurra pasar. A lo lejos, ya en territorio ruso, veo una garita aparentemente vacia. Si, Natalia me ha dicho que hay camaras escondidas por el bosque, que por cierto es bastante espeso a ambos lados del camino. De forma consciente o inconsciente, mientras hago unas cuantas fotos pongo un pie, o quiza los dos, en territorio ruso. Ejem, bueno, ha sido solo por veinte centimetros y apenas por dos segundos. Un accidente lo tiene cualquiera.

De vuelta a ver las curvas de Natalia, la bien plantada rusa me enseña la zona donde puedo hacer mi barbacoa. Me tiro un buen rato hablando con ella sobre veinte mil asuntos, parece que esta tan agobiada de no ver gente, que esta mas contenta que un clavel de poder charlar con alguien. Entre otras cosas me comenta que soy el primer turista no finlandes ni ruso que aparece por este lugar en dos años. Je, que honor. De paso me ofrece trabajo. Pues me lo pensaria, pero ahora mismo no estoy necesitado, la verdad, pero quien sabe en un futuro. Y entre unas cosas y otras me dice que se le ha olvidado ofrecerme la sauna, como se nota que no es finlandesa, si no habria sido el primer tema a mencionar nada mas verme. No, amablemente declino la sauna por hoy, prefiero bajarme los licores que he comprado en el Alko de Nurmes junto a la barbacoa, que por cierto va a incluir una latita de caviar ruso que, estando donde estoy, no he podido dejar de comprar.

El frio me ha acompañado en estas dos jornadas bordeando la frontera rusa. Es como una invitacion a no pasar al otro lado, supongo. Hoy no es tan intenso como en Suomussalmi, pero debemos de estar a siete u ocho grados y a ratos se pone a llover. Continuo con mi barbacoa junto al rio, me pongo tibio de comida y bebida, me doy un garbeo por este resort junto a la naturaleza. Justo antes de subir a dormir, ya en buenas condiciones etilicas, me encuentro por ultima vez a Natalia, que sonrie al verme observando una maceta que no es una maceta, que es un obus reconvertido en maceta. Si, aqui hay muchos recuerdos sovieticos. Y para cerrar el dia me cuenta la historia mas curiosa de todas. Justo en el sitio donde estoy, estaba ubicada hasta hace apenas diez o quince años la frontera. Por alguna extraña razon los finlandeses decidieron ganar 500 metros y la trasladaron hasta su ubicacion actual, eliminando gran parte de la llamada "tierra de nadie". Natalia me enseña, dentro del propio resort, los antiguos postes fronterizos. No se si sera el alcohol o tanta historia rara sobre rusos, pero algo me dice que estoy en el sitio adecuado. Adecuado no se para que, pero adecuado. Me voy a dormir.
 
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