jueves, 1 de marzo de 2018

Dos semanas en Tokyo 13. El eterno retorno

Menuda ultima cena. Me he tenido que levantar a cagar cada dos horas. Ya no se si es el exceso de comida y bebida acumulado o es que el destino es asi de gracioso y me tiene que joder justo la noche en que mas necesito dormir de cara a un viaje tan jodidamente largo. El caso es que a las cinco de la matinal ya tengo el careto de Yosiaki delante del mio, dandome los buenos dias e incitandome a que me coloque en posicion vertical. Se ve que este hijo de puta nunca ha sufrido unas cagaleras o una indigestion. Sera el shochu que lo cura todo.

Al menos el hombre tiene el detalle de llevarme a la estacion de autobuses a estas horas tan intempestivas. Lo de acercarme al aeropuerto lo ha descartado debido a que a la vuelta seria hora punta en la circunvalacion a Tokyo y el tio se puede quedar atascado durante cinco o seis horas. Soy comprensivo con la situacion, asi que me subo al bus que me lleva a Narita. Tampoco es una puta broma porque son tres horas de camino, pero bueno, como hay internet a bordo me entretengo leyendo las ultimas noticias deportivas. No es que me interesen demasiado, pero mejor eso que el resto de noticias, que siempre son la misma mierda, politica absurda, terroristas locos y demas gilipolleces para alelar al ciudadano de a pie.

Aeropuerto. Hora de subir al primer avion de la jornada, once horas y media hasta Amsterdam. No se si tomarmelo con resignacion o empezar a pedir chelas, a pesar de que es un poco pronto. Recordemos que tengo barra libre de chumeo durante el vuelo. Lo peor en esta ocasion son mis compañeros de asientos. Me han tocado dos putos mongolos. Uno es un noruego que se tira las once horas jugando con el movil, se le van a caer los putos ojos al suelo al muy subnormal. La otra es una holandesa alta, rubia, con el pelo corto, que parece un tio. No puede ocultar que es bollera. Y encima de las amargadas, porque la muy zorra ni saluda, ni habla, ni pide las cosas por favor. Solo gruñe. Con razon te has hecho lesbiana, no creo que haya tio que pueda soportar semejante estupidez mental.

Entre chelas varias, y es que al final he sucumbido a la tentacion de mamar sin parar, me casco tres peliculas. Dunkerque es bastante mala, esperaba algo mas belico, pero me topo con un puto dramon donde con tantos saltos temporales es imposible seguir la accion de un modo mas o menos ordenado. Mierda de cine moderno. Geostorm es realmente buena, tipica americanada de desastres masivos, pero esta gente sabe como hacer este tipo de peliculas para que resulten entretenidas. La nueva version del Orient Express, con el bigotudo detective Poirot a la cabeza, es interesante de ver aunque no aporta nada nuevo si uno ya ha visto las viejas versiones. Lo peor es la aparicion de una de las personas que mas odio de este planeta, la pseudo-actriz spanisha Chupapenes Cruz.

La llegada a Amsterdam no me reconforta. Quiza deberia de ser asi solo por el hecho de que se que ya estamos en Europa y por fin puedo volver a comunicarme en idiomas que entiendo. Lo malo es que tengo que esperar aqui seis putas horas a mi proximo vuelo, el que por fin me va a llevar a casa. El cambio horario ya me ha vuelto del todo loco, fijo que mañana vuelvo a empezar una nueva sesion de jet lag. No salgo de una para meterme en otra. Intento pegar una cabezada en el aeropuerto pero sentado en una silla de mierda no hay manera, asi que tengo ya los ojos rojos como tomates y empiezo a tener un aspecto que da pena. Como para pasar controles y fronteras.

No se si por este aspecto o por mi puta mala suerte, en el control de seguridad de Amsterdam me cachea un negro con una pinta bastante asquerosa. Y encima el muy cerdo parece que me va buscando las pelotas. No digo nada porque solo quiero llegar a casa y tumbarme pero la mirada que le echo me parece que se lo ha explicado todo bien explicadito. Ya en el segundo avion del dia me quedo totalmente frito, estoy reventado. Lo jodido es que este vuelo apenas dura una hora, asi que antes de darme cuenta ya estamos aterrizando y me tengo que preparar para el control de pasaportes.

No hay nada como estar en casa, ningun problema, cordial bienvenida de los agentes y ahora a esperar a mi colega el chulo, que se supone que tiene que venir a recogerme al aeropuerto. El problema del chulo es que es tan rata que por no pagar un pavo, que es lo que cuesta entrar con el coche a recogerme, se queda con el vehiculo medio tirado en mitad de un camino cerca del aeropuerto. Relativamente cerca, mejor dicho, porque por su puta rateria me toca andar diez minutos a lo largo de dos carreteras y varios caminos de barro cargado con las jodidas maletas. Todo sea por llegar a casa de una maldita vez y por fin poder pegar una cabezada como Dios manda. No mas Japon por una buena temporada.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Dos semanas en Tokyo 12. Ultimo dia

Abro mis ojos para despertarme en lo que va a ser mi ultima jornada aqui en el pais del sol naciente. Despues de lo acontecido en los dos ultimos dias, solamente me apetece un poco de relax. Aunque para abrir boca no me puedo escapar del ya mas que usual desayuno salvaje preparado por Moriko. Yosiaki se marcha a currar, asi que la ocasion es perfecta para pegarme una larga y relajante ducha. Claro que mi paz pronto se va a ver turbada. Y es que nada mas salir de la ducha Moriko me detiene y señalando hacia el reloj simplemente dice 'once, karaoke'. Vamos, que ya se que a esa hora me espera una sesion de cantinela. Si es que uno no puede estar tranquilo ni un jodido segundo.

Pues ahi que me voy con la señora a hacerme esta maravillosa sesion de karaoke. Ella se canta los grandes exitos de su japonesa juventud, que obviamente yo no conozco ni mucho menos entiendo. Por suerte hay bastantes temas de Lennon disponibles, asi que me canto casi todo el album Mind Games mas el Teo Torriatte de Queen (cancion con el estribillo en japones, todo un detalle por mi parte). Obviamente me casco tres chelas de tamaño considerable para amenizar la sesion. Asi que en el camino de vuelta a casa ya voy haciendo eses. Lo cual no me impide parar por ultima vez en mi farmacia preferida y hacer cargamento de mas alcohol. Habra que beber algo durante el dia, no vamos a estar en dique seco.

Para comer, Moriko prepara unos noodles con cerdo realmente escandalosos. Grasientos y llenos de calorias, justo lo que me hace falta para darme mas sed aun. Tambien hay unos pinchos muy raros con unas bolas hechas con masa de arroz. La cuestion es que acabo lleno, hinchado, con la puta barriga hasta el techo. Lo cual no impide que de postre me haga unas cuantas cervecitas mas. Para eso siempre hay espacio. Estoy tan saciado que casi me quedo sopas en la mesa despues de comer. Esto no puede ser, me voy a dar un paseo, mi ultimo paseo por Tokorozawa, a disfrutar un poco del solecito que hoy tenemos en lo mas alto y la buena temperatura. Aquellos primeros dias con siete bajo cero ya han pasado a la historia.

En este ultimo relajado caminar, que me va a llevar cerca de dos horas, aunque tampoco llego a ningun sitio extremadamente lejano, me doy cuenta de la cantidad de ancianos reventados que hay por la calle. Pero es porque son muy viejos. Pero viejos de cojones. Yo creo que me he cruzado con mas de uno que supera la centena. Es de sobra conocida la longevidad de las gentes en este pais, pero es que hay mogollon de estos tipos por todas partes. Se podria hacer una pelicula llamada 'La Invasion De Los Centenarios' o algo asi. De todas formas, todo esto es puta envidia, porque yo tengo claro que jamas llegare a esas edades. Y fijo que los cabrones aun siguen mamando.

Vias de tren arriba y abajo, mi paseo acaba en un supermercado donde compro algo de sashimi para deshacerme de los pocos yenes que aun tengo por el bolsillo. Asi nos pegaremos una buena ultima cena, de paso. Yosiaki ya debe de haber llegado de currar y a estas alturas imagino que el shochu habra empezado a bajar por su garganta abajo, asi que me apresuro en volver a casa. Mis sospechas son ciertas, la mesa ya esta servida y mi anfitrion ya esta en su sitio, vaso en mano, partiendose la caja no se sabe muy bien de que. Dejo sobre la mesa el papeo que he comprado y entre aplausos de alegria por parte de Yosi, comenzamos a degustar los diferentes manjares que estan ante nosotros.

Yo no quiero pero no puedo evitarlo. Ya voy otra vez doblado a chelas. Y eso que mañana hay que madrugar para un viaje de vuelta a casa que me va a llevar casi veinticuatro horas. Pero joder, es que con tanta cantidad de comida no puedo evitar mamar mas y mas. Aparte de mi sashimi, entre diferentes snacks y chorraditas para picar, tenemos jamon japones (jodidamente exquisito) y estomago de cerdo. Este ultimo plato es definido por Yosiaki como 'numero uno', expresion que utiliza cuando algo esta tan de puta madre que no puede parar de comerlo. Apenas acabo de menear el bigote, me hago una ultima chela de despedida y me dirijo a la cama. Yosiaki, entre risas y con su vaso de shochu al viento, me recuerda que mañana a las cinco debo estar en pie. Tranquilo, tio, que ya te aseguro yo que semejante putada no se me va a pasar por alto.

lunes, 26 de febrero de 2018

Dos semanas en Tokyo 11. En busca de la cartera

Yosiaki sigue con sus mini-vacaciones en la nieve, asi que me evito ver su jeto dando por culo a las siete de la matinal, como ya es costumbre. Sin embargo, en su lugar, hoy quien me despierta es Moriko. Todo lo alterada que una señora japonesa puede estar (o sea nada) me dice que deberia de ir a la policia para ver si tienen mi cartera en la comisaria y preguntar por uno y otro sitio y demas. Yo tengo una resaca de cojones, asi que le sigo la corriente, me jalo el habitual desayuno criminal, y me vuelvo a tumbar porque todo me da vueltas. Y asi creo que me tiro hasta las once, en que la mujer me da una especie de ultimatum porque quiere salir a comprar y se ve que no le apetece tener un cadaver pudriendose en su casa.

Como no tengo nada que hacer, me pongo a pasear sin rumbo. Por el camino voy haciendo los tipicos tramites con el movil, mientras paseo, cancelar la tarjeta de credito, solicitar una nueva, lo mismo con el permiso de conducir... Hace un sol de justicia y a la vez un frio que da bastante por culo. O quiza sea la puta resaca, que hace que cualquier situacion climatologica, sea la que sea, me resulte bastante incomoda. Como voy en plan zombie, no me doy cuenta ni de la direccion que tomo, no hago mas que pasear por calles y mas calles. Al cabo de una hora y pico de pateo me encuentro una caseta de policia, y me viene a la mente que igual puedo preguntar a ver si alguien sabe algo de mi cartera. Pero con esto de que en este pais no hay delincuencia, la caseta esta cerrada y no hay ni un solo policia a la vista.

Al final, tras mas de dos horas de dar vueltas sin rumbo, resulta que me encuentro en la misma zona donde ayer estuve de farra con Yoko. Pues ya puestos, voy a preguntar en los lugares por los que pase a ver si alguien se ha encontrado mis pertenencias. Pero nada de nada. Sigo paseando ya casi como por inercia, pero sin ningun objetivo concreto. Ya he dado por perdida la puta cartera, que tampoco es que sea una gran perdida, cuando de pronto me tomo con otra caseta de policia y esta si que tiene a un menda dentro. Rapidamente le hago una señal de que quiero hablar con el y el tio, bastante joven, me abre la puerta y me hace dos reverencias. Claro, el tema es a ver como cojones le explico todo lo que le quiero explicar porque, obviamente, no habla otra cosa que no sea japones. Y decir cuatro chorradas en ese idioma aun puedo, pero explicarle todo lo que acontecio ayer, no se yo...

Por suerte esta gente lo tiene todo previsto. En cuanto le menciono la palabra 'cartera', el tipo me saca unas laminas con dibujos donde basicamente puedes señalar las cosas que has perdido, anotando forma, color y demas descripciones necesarias. Me tiro con el policia mas amable que he encontrado en mi puta vida mas de media hora. El tipo se desvive, hace como unas cuarenta llamadas diferentes. Por otro lado, se ve que mucha mas faena tampoco tiene, el menda. De pronto aparece otro madero en bicicleta y se ponen a hablar de forma bastante acalorada. Confirmado, el de la bici viene a proposito desde una comisaria que esta a tomar por culo a decir que mi cartera esta alli. Y ahora dos preguntas vienen a mi mente. Primero por que cojones viene en bici a decirselo y no le ha llamado por telefono. Y segundo, ya que ha venido, por que cojones no ha traido mi cartera.

El caso es que ambos me dicen que tengo que ir a la comisaria de Tanashi, que esta a otra puta hora andando. A estas alturas yo creo que ya se me ha pasado la puta resaca de tanto patear. Resignado, inicio mi caminar hasta llegar al susodicho lugar. Esta es una comisaria de verdad, con sus mostradores, oficinas y demas, no una caseta de vigilancia de mierda en mitad de la calle. En cuanto todos aquellos policias amarillos me ven entrar por la puerta, absolutamente todo dios sale de su oficina y se me pone a hacer reverencias y atenderme. Me da que estos tampoco han visto a un occidental en su vida. Al final me sacan mi cartera de una caja fuerte y me la entregan con mas reverencias aun. Obviamente no falta nada y todo esta en perfecto orden tal como yo lo habia dejado. Intuyo que alguien la encontraria tirada por el suelo y la llevaria hasta alli. Ya puestos, yo tambien les hago un par de reverencias y les doy las gracias, no voy a quedar como el maleducado. Cartera recuperada.

Estoy al lado de una estacion de tren y ya tengo mi pase ferroviario, que se habia quedado en la cartera perdida, pero resulta que esta linea no lleva a Tokorozawa, sino al puto centro de Tokyo. No me apetece la locura de la capital, asi que me pego otro pateo de cuarenta minutos hasta la estacion por donde pasa el tren que necesito. Estoy hasta los huevos de caminar. Los maderos de la comisaria ya estaban flipando cuando les contaba todo el recorrido que habia hecho hoy, asi que se acabo el ejercicio. En un momento dado entro en un puto bar y me casco dos chelas, unas dumplings y unas salchichas japonesas. Empiezo a recuperar fuerzas.

Curiosamente ahora tengo la tarjeta de credito en mi poder, pero cancelada. Aun asi la pruebo en un cajero (uno que esta en ingles, afortunadamente) para ver si puedo sacar dinero por la cara, pero mi banco ha hecho bien su trabajo, la tarjeta no escupe nada. Por suerte aun me queda algo de efectivo para pasarme por mi farmacia favorita de camino a casa y comprar unas cuantas chelas. Moriko me esta esperando y me da varios abrazos cuando ve que he recuperado mi cartera. Yoko, casi al instante, me envia un mensaje para alegrarse tambien. Lo mejor es que me lo envia desde Hawaii, a donde acaba de llegar para estar dos semanas de vacaciones. Joder, lo que me he perdido en las ultimas horas.

Tengo una rodilla bastante jodida y dolorida, apenas la puedo doblar, creo que hoy me he pasado con las horas de paseo. Me intento anestesiar a base de chelas durante una relajada cena casera con Moriko. Pero el relax dura poco. De pronto Yosiaki aparece cargado con unos esquis por la puerta. Su pequeña excursion parece que ya ha terminado. El tipo se me echa encima partiendose la caja y dice que me va a presentar a sus colegas de andanzas, dos tipos bastante jovenes que no hacen mas que sonreirme y hacerme mas putas reverencias, de las cuales hoy ya empiezo a estar hasta el culo. Creo que ya me quiero ir a la cama, sin embargo Yosi ya se ha sentado a la mesa y ha comenzado a meterse shochu garganta abajo. Me hago dos chelas mas y caigo, no quiero mas historietas por hoy.

domingo, 25 de febrero de 2018

Dos semanas en Tokyo 10. El dia D

Me levanto y me doy cuenta de que es mi cumpleaños. Hey, happy birthday to myself. Supongo que, al igual que en los ultimos tiempos, me pasare el dia del aniversario de mi nacimiento paseando por una ciudad yo solo y, con un poco de suerte, puede que hasta pille una cogorza conmigo mismo. Es una buena forma de autoconocimiento. Bueno, en realidad el año pasado me tire medio dia paseando por Delhi y el otro medio en un avion de regreso a casa. Y encima con unas cagaleras tremendas. Peor no creo que vaya a ser. Y en cualquier caso me la suda, al fin y al cabo despues de cierta edad a uno le hace bastante poca ilusion eso de celebrar que es un puto año mas viejo.

Para abrir boca tengo otro desayuno duro esperandome. Resulta que Yosiaki se ha largado a las cuatro de la madrugada a tomarse unas mini-vacaciones con unos colegas. Se ha ido tres dias a esquiar. Ya decia yo que cuando me levante a cagar sobre esa hora me parecio ver a una sombra cargada de maletas, pero como iba medio zombie creia que seria algun sueño extraño de los que a veces tengo. El caso es que como no tengo mucho que hacer, me decido a coger el tren para darme otro paseo mas por Tokyo. Lo tipico, estacion de Ikebukuro, desembarco y a caminar. Sin un rumbo claro, a ver que cojones me encuentro por ahi.

Tres horas me tiro andando, vagando por las calles, celebrando mi cumpleaños a base de estirar las piernas. Cruzo por delante de la Universidad de Tokyo, que no es mas que un compendio de edificios enormes que no ofrecen absolutamente nada. Despues paso por delante del Museo del Futbol, incluso entro en la recepcion, pero viendo que tengo que pagar 500 yenes por ver cuatro camisetas de mierda de equipos japoneses que no conoce ni su puta madre, considero que es prescindible. Y finalmente llego a la zona de Asakusa, posiblemente la pirula mas turistica de Tokyo, un compendio de templos y callejuelas con puestecillos de comida y souvenirs varios. Por fin veo alguna que otra cara occidental, en su mayoria yankees. Pero esto tampoco me llama mucho, asi que lo paso de puntillas.

Me meto en una taberna de mierda un poco apartada de la zona turistica, el tipico sitio con cuatro taburetes. La camarera es muy simpatica y, a pesar de que no habla otra cosa que no sea japones, como es habitual en este pais, intenta mantener una animosa conversacion conmigo. Por lo visto no ha visto un occidental en su vida. El menu es muy interesante, solo hay dos opciones, una bandeja de sushi o una de verdura. Me tiro por el pescado, obviamente con chela, ya que al fin y al cabo para eso es para lo que he entrado en la taberna. Medianamente saciado inicio el paseo de vuelta hacia la estacion de Ikebukuro, que van a ser minimo dos horas, asi que me lo tomo con paciencia, voy haciendo diagonales por las calles y viendo diferentes chorradas que se cruzan a mi paso.

En estos momentos empieza a cambiar mi suerte ya que recibo un mensaje de Yoko, la colega de curro de Yosiaki que me fue presentada hace un par de dias. Alguien le ha soplado que es mi cumpleaños y me dice que nos vayamos de farra esta noche. A mi estas cosas no se me pueden ofrecer, porque soy debil, nunca digo que no. Asi que hago camino hacia Higashi-Kurume, que es la estacion de tren donde hemos quedado. Tengo que coger tres trenes diferentes y por supuesto, como ya es habitual, me pierdo en la mega-estacion de Ikebukuro, donde me tiro dando vueltas cerca de media hora hasta encontrar el tren correcto. Bueno, la cuestion es que al final llego al lugar en cuestion, y hasta con adelanto.

Como yo no estoy para perder el tiempo, me meto en la primera taberna que veo (por cierto aun no he comentado que aqui las tabernas se llaman izakayas, para hablar con mas propiedad a partir de ahora) y me pido una chela y unos pinchitos de pollo que tienen una pinta cojonuda Y estan cojonudos, de hecho. La verdad es que como no he comido mucho durante el dia, salgo un poco afectado despues de cascarme esta cerveza. Je, pues lo que me espera no es moco de pavo. Aparece Yoko, nos vamos a otro izakaya que esta de pelotas, con mesas privadas, cervezas de innumerables clases y unos papeos brutales, entre los que destaco los pescaditos crudos o la chola de cangrejo. Ademas, te ponen una plancha en la mesa para que te cocines las cosas que quieras al punto que tu quieras. Pero a estas alturas la comida ya me empieza a dar igual.

La conversacion con Yoko es fluida, a pesar de que, como ya os podeis imaginar, solo habla jodido japones. O estoy aprendiendo o es que con tanto alcohol ya hablo cuarenta idiomas. La pajara resulta que bebe mas que yo. Como decia un viejo colega mio con cabeza de pera, ella cena con copa. Mientras yo sigo a chelitas, la menda se ha pasado a las jarras de whisky con soda. El cumpleaños se me esta empezando a ir de las manos. Y la cosa pasa a mayores cuando, despues de la cena, nos decidimos a irnos de juerga como hacen todos los buenos japoneses, al karaoke.

Dos horas de karaoke donde la musica ya nos la suda bastante. Yo canto a Sinatra y a Lennon, y Yoko directamente ni canta, solo se mete mas whiskies con soda. Al salir del local ella cae rodando por el suelo. Y se rie de forma frenetica. Supongo que es lo normal en este pais, agarrar una cogorza hasta esos extremos. Yo voy bastante afectado pero aun me tengo en pie, y estoy lo bastante despierto como para darme cuenta de que he perdido la puta cartera. No se ni donde ni cuando, pero teniendo en cuenta lo honrado que es este pais y su ciudadania, lo que tengo claro es que no me la han robado. Asi que recorremos las putas tabernas y el karaoke donde hemos estado, pero infructuosamente. Son ya las once de la noche y yo estoy hasta los cojones. Asi que le pido a Yoko que me pague el tren de vuelta a casa, porque obviamente he perdido mi pase ferroviario, y a ver si durmiendo un poco se me aclaran las ideas.

Ahora si que me ha subido todo el pedo de golpe. Supongo que el relajarme despues de la busqueda sin exito de la cartera y la idea de que la cama me esta esperando en breve, ha hecho que todo el alcohol ingerido de pronto se haya trasladado a mi cerebro. Asi que no recuerdo absolutamente nada desde el momento en que me despido de Yoko hasta que, a eso de las tres de la madrugada, me levanto con unas caguetas terribles. Y ahora ya me cuesta volver a coger el sueño. Asi que, entre tinieblas, con los ultimos coletazos de la chuza y la consiguiente resaca que esta a punto de aparecer, voy a intentar trazar un plan para recuperar mi jodida cartera.


viernes, 23 de febrero de 2018

Dos semanas en Tokyo 9. Hanno y Chichibu

Me levanto un poco tarde hoy. El jet lag ya es historia y por fin empiezo a dormir como las personas normales. Deben de ser algo mas de las ocho, asi que Yosiaki ya se ha ido a currar. Como en casa no hago nada, me pego mi habitual desayuno completo y muevo el culo hacia la estacion de tren. Dia de paseo ferroviario hoy tambien, pero en lugar de ir direccion a Tokyo, me voy en sentido contrario, es decir, hacia el oeste. Alli me han recomendado la zona de Chichibu, algo mas alejada de la masificacion de la capital y con una vida algo mas rural, lo rural que un pais como Japon puede permitir, claro. Mis origenes estan en una humilde aldea de apenas diez casas, asi que supongo que la cabra siempre tira al monte, no lo puedo evitar.

Antes de llegar a mi destino debo de cambiar de tren en la estacion de Hanno. Con lo cual, y ya que no tengo ninguna prisa, aprovecho para bajarme en esta localidad y darme un paseo por ella. Ciertamente no ofrece mucho, un par de largas avenidas y las tipicas callejuelas con casas dispuestas de forma aleatoria. Es como Tokorozawa pero en pequeño, algo mas tranquilo y con bastante menos poblacion. Es mas, yo no se si sera por la hora o porque Corea nos esta atacando y yo no me he enterado, pero la cuestion es que en una hora de caminata no me cruzo absolutamente con nadie. Por lo menos echo un par de fotos a un extraño cementerio y a un templo budista. No hay nada mas que ver por aqui.

Tren a Chichibu. Una hora de bonitos paisajes donde ya hay mas verde que gris. Finalmente llego a mi destino. Se trata de un pueblo de mediano tamaño ubicado en un precioso valle, con montañas rodeandote alla a donde mires. Me cruzo con grupitos de estudiantes, intuyo que provenientes de Tokyo, que vienen aqui de excursion a pasar el dia y aprender de la naturaleza (algo imposible en la capital). Toman fotos y se asombran antes las montañas y los bosques. Yo simplemente he cogido una carretera que recorre todo el valle y atraviesa el pueblo, sin destino aparente, solo por pasear y ver cosas. Llevo ya mas de media hora andando y el 'pequeño' pueblo no se acaba. Creo que el concepto de tamaño con respecto a las poblaciones en Japon es bastante diferente al que tenemos en Europa.

Aprovecho para intentar sacar dinero en un par de cajeros automaticos, pero me encuentro con la tremenda gracia de que estan en un perfecto japones, y sin posibilidad alguna de seleccionar ningun otro idioma. Asi que me temo que el papeo y chumeo de hoy tampoco va a ser nada del otro mundo, ya que tan solo llevo dos mil yenes en el bolsillo. Y bueno, el tema que aun no he comentado es que en la mayoria de sitios no se puede pagar con tarjeta. Pero en Kappa Sushi si, mira tu por donde. Y casualmente este es el sitio en el que caigo cuando ya estoy hasta los cojones de pasear carretera arriba. Hay hambre y, sobre todo, sed.

Kappa Sushi es una cadena de restaurantes de sushi. Ya se que siempre digo que las cadenas y corporaciones no son lo mio pero el caso es que en mas de media hora no he visto ningun otro sitio para menear el bigote. Este esta en mitad de ninguna parte, al final de un poligono, pero aun asi hay clientela. El sitio es peculiar de la leche. Se trata del tipico restaurante de sushi con una cinta por la que pasa la comida, pero algo diferente. Aqui la comida la pides tu desde una pantalla que tienes justo delante de tus narices. Tecleas lo que quieres y haces el pedido. Despues, por la cinta viene un trenecito de juguete con los platos. Los coges y mandas el trenecito de vuelta. Bueno, hasta que me doy cuenta de que el trenecito se maneja desde la pantalla, casi estoy a punto de joderlo, porque se me queda parado delante de mi cara y no puedo moverlo. Asi que lo empujo, presiono, levanto... casi me dan ganas hasta de escupirle. Nada, al final me deshago del puto tren y me jalo mi festival de sushi, con una buena chela acompañando, por supuesto.

De vuelta a la estacion cojo otra ruta, esta bastante mas interesante, por estrechas calles rodeadas de casas muy viejas. No habia visto hasta ahora casas tan vetustas, supongo que porque la zona que he visto estos ultimos dias fue pasto de los bombardeos yankees durante la Segunda Guerra Mundial y todos los edificios son nuevos. Aqui estamos bastante mas alejados de la costa, asi que intuyo que esta zona nunca fue bombardeada. Me encuentro ante el Japon mas cutre y rural, como ya sospechaba antes de venir. Escenas como la de un par de ancianos vendiendo sacos de arroz en las puertas de sus denostadas casas me confirman todo este razonamiento. Casi llegando a la estacion me meto en un supermercado y me compro sashimi y unas cuantas chelas. Obsequio para Yosiaki una vez que llegue a casa a cenar.

No lo puedo evitar y me abro una chela en el tren de vuelta. Mi vagon esta lleno de colegialas, que son como una puta plaga en este pais, especialmente a la hora de salir del colegio. Parece que no haya ninguna otra cosa salvo colegialas. Es mas, empiezo a pensar que los colegios son solo para hembras, porque no veo tios, solo jodidas colegialas. Igual es que no me interesa ver a los otros, que es lo mas posible. En fin, dos horas de tren. Al final han caido dos chelas, y eso que me he contenido todo lo que he podido. Son ya casi las siete y se que Yosiaki el desficioso no suele esperar mucho cuando tiene hambre, asi que corro a casa desde la estacion para al menos hacerme un par de jarrillos con el.

La cena esta ya lista, obviamente, y yo adjunto los manjares que he comprado en Chichibu. Me doy cuenta de que tanto Yosiaki como Moriko ya van finos. Se ve que se han estado tajando mientras me esperaban. La señora no para con el sake, ya va por la segunda botella, mientras Yosi esta con su clasico shochu. Veremos cuanto tarda hoy en derramarlo por la mesa. De pronto, en plena confusion etilica, me empiezan a cantar happy birthday. Oh, vaya, hasta yo lo habia olvidado, y es que mañana sera mi cumpleaños. Bueno, van con antelacion pero tampoco voy a protestar. Una excusa mas para seguir abriendo cervezas y ponerme fino antes de ir a dormir. Ese es precisamente el camino que ya estoy enfilando cuando veo que Yosiaki se levanta y se dispone a cocinar algo mas. Parece ser que el hombre sin fondo va a cenar por segunda vez. Yo, sin embargo, opto por coger la horizontal. Mañana sera un dia duro.

jueves, 22 de febrero de 2018

Dos semanas en Tokyo 8. De Tokyo al pub

Por fin he dormido mas o menos bien. Una puta semana ha tardado en irse el condenado jet lag. Eso si, me he tenido que levantar cada dos horas a mear las chelas de la cena, pero eso es relativamente normal. Asi que creo que hoy es el primer dia que descanso como es debido. Como ya es habitual, a primera hora me toca enfrentarme al violento desayuno propuesto por Moriko. Hoy con unas tostadas especiales de arenque con queso que hacen las delicias de mi paladar. No me casco una cervecita porque considero que aun es demasiado pronto, pero si no desde luego semejante manjar merecia una buena regada etilica para acompañarlo.

Misma historieta de ayer, Yosiaki se ha ido a currar y yo decido darme otro paseo por Tokyo. Asi que a eso de las diez ya estoy desembarcando en la estacion de Ikebukuro dispuesto a pegarme otra buena pateada. Ayer decidi caminar hacia el este, hoy lo hare hacia el sur. Mi primera parada, tras unos cuarenta minutos de paseo, es el Kabukicho. Supongo que lo recordais de ayer, el barrio de los vicios. A esta temprana hora esta practicamente todo cerrado. Supongo que algun putiferio de colegialas o alguna tienda de bragas usadas permanecera con sus puertas abiertas las 24 horas, pero como los occidentales no tenemos acceso a esas historias, tampoco quiero averiguarlo para que no se me pongan los dientes largos. Si, como veis los japoneses tienen muchos oscuros vicios. Por lo que he leido, los lupanares son especializados. Asi uno va al sitio que quiere dependiendo de lo que le mole, colegialas, gordas, viejas, sado, travestis... Y aqui nada esta mal visto. Que te gusta encular burros, bueno, perfecto, fijo que el vecino de al lado tiene otro vicio aun peor.

Casi a punto de dejar el barrio vicioso me encuentro una taberna que esta abriendo sus puertas. Asi que me cuelo para echarme gaznate abajo la primera chela del dia. El precio me deja estupefacto, aunque ya me he dado cuenta de que comer y beber en Japon es bastante barato, pero estamos en pleno Tokyo, joder. Aun asi, pinta de cerveza, te helado ilimitado, salsas todas las que uno quiera, seis dumplings de pollo y una ensalada de wasabi, tan solo 420 yenes. Que cada cual lo cambie a su propia moneda, pero sigue siendo irrisorio. A menos que uno lo compare con la India profunda, claro. Pero me refiero al mundo medianamente civilizado, que Japon lo es y mucho. Ah, para el que quiera compararlo con Timospain, no, eso no es mundo civilizado. Y aun asi son unos putos ladrones. Ya veis, el puto paraiso. Hijos de puta.

Pero no nos desviemos, que me enciendo. Caminando un poco mas hacia el sur llego al Estadio Nacional de Tokyo. Mas que un recinto deportivo parece un jodido ovni. Un poco mas al sur, continuo el paseo, se ubica Shibuya. Este es el cruce de calles mas transitado de todo el planeta. Se calcula que mas de cinco millones de personas cruzan esta maraña de semaforos cada dia. Tengo suerte de que no es hora punta, aun asi solo veo puto cabezas alla donde miro. En este cruce se ubica tambien la estatua de Hachiko, homenaje al perro mas fiel del mundo. Al parecer el tal Hachiko era un chucho que todos los dias acudia a la estacion de tren de Shibuya a recibir a su amo. Hasta el dia en que el amo en cuestion la palmo y no regreso a la estacion. Pues bien, el perro continuo, durante los siguientes nueve años, viniendo todos los dias a la susodicha estacion a la misma hora, esperando a ver si el hombre volvia. Al final, logicamente, el perro la casco tambien. Pero el siempre honorable pueblo japones decidio levantar esta estatua en su memoria.

El final del paseo de hoy va a incluir un acercamiento al museo de la cerveza de la cara sonriente, Yebisu. Nada del otro mundo, historia de como se creo la empresa, como fabrican el producto, explicacion de como funcionan las cubas... y degustacion. Esto ultimo lo tomo con especial interes. Y ahora paseo de vuelta hacia Ikebukuro, que os recuerdo que Yosiaki ha reservado mesa para esta noche en su pub preferido y eso es algo que no me quiero perder. Aunque se de sobra que va a resultar nocivo para mi salud. De vuelta a la estacion de tren atravieso diversas callejuelas con tiendas y mas tiendas, gente y mas gente, y mogollon de colegialas por todas partes, debe de ser la hora de salir de clase. En las puertas de los comercios hay limonas en minifalda con megafonos incitando a comprar. Curiosa e interesante estrategia. Aprovecho para comprar algunos souvenirs raros, entre ellos una maravillosa camiseta con la bandera kamikaze, y continuo enfilando mis pasos en busca del tren que me devuelva a Tokorozawa.

Nuevo show en la estacion de Ikebukuro. Media hora intentando encontrar mi puto tren. En un momento dado incluso me planteo salir a tomar una chela porque esta puta estacion con tanta puta gente me esta ya poniendo de los nervios. Pero tampoco encuentro la jodida salida. Hasta los huevos de la maldita hora punta y de esta estacion de locos. Finalmente, no se ni como, me subo al tren correcto. Lata de sardinas, vaiven de gente al compas de los baches en las vias, sudando como un cerdo. Definitivamente esta ciudad de locura no esta hecha para mi. Por fin llego a Tokorozawa. No voy ni a casa, se donde se ubica el pub favorito de Yosiaki, asi que me encamino directo hacia alla. Mi anfitrion ya me esta esperando en la puerta con una tremenda sonrisa en la cara. Comienza el mamoneo.

Lo primero es presentarme a todos sus colegas talanquines, incluyendo camareras (que no estan nada mal) y propietario del local. Creo que incluso le ha dicho a este ultimo que si algun dia aparezco con sed me ponga lo que sea de beber y lo anote en su cuenta. Este hombre no sabe en el lio que se puede meter ofreciendome algo asi, menos mal que no me lo voy a tomar al pie de la letra. Nos sentamos en las tipicas mesas japonesas en el suelo y comenzamos a chuzarnos. Shochu para Yosi y chela para mi. Shochu tras shochu y chela tras chela, claro esta. El menu, seleccionado por el propio Yosiaki, es un escandalo. Algunos de los platos son las cosas mas deliciosas que he probado en mi vida. Sashimi de caballo y ballena, bacon de ballena, tripas de bacalao, skewers de diferentes tipos de carne marinada. Un autentico espectaculo que disfrutamos de forma inaudita entre risotadas y mas y mas alcohol. Y entonces aparece la sorpresa que Yosiaki me tenia preparada para el dia de hoy.

La sorpresa se llama Yoko, y es una japonesa (obviamente) que esta realmente de muy buen ver. Al parecer trabaja en la misma empresa que Yosiaki, y ya que esta soltera y sin compromiso, este hombre ha pensado que puede ser una muy buena compañia para mi estos dias. Habra que ver hasta que extremo este hombre quiere extender eso de 'compañia'. La chica parece muy simpatica y jovial y rapidamente se une a la fiesta, aunque cuando empieza a sonar la palabra matrimonio entre las carcajadas de mi anfitrion, a mi la cosa me empieza a gustar un poco menos. Por suerte la pajara tiene algo de prisa y se va mientras nosotros continuamos rascandonos. Eso si, ya tiene mi telefono y promete llamarme en los proximos dias. Claro que, como buena ciudadana japonesa que es, no habla ninguna otra cosa que no sea japones. Buena comunicacion vamos a tener.

Volvemos hacia casa despues de habernos pegado un buen festival. Lo malo es que nada mas salir del pub Yosiaki me espeta que tiene hambre y sed. Yo no entiendo muy bien como cojones es esto posible, pero rapidamente reacciono y me acerco a la farmacia a comprar mas chelas. De lo de la comida supongo que ya se encargara Moriko una vez lleguemos a casa. Y asi es, cenamos por segunda vez y nos seguimos tajando. Los rituales de derramar todo el shochu por encima de la mesa y quedarse roncando frente al televisor se repiten. Asi que yo voy a hacer tambien lo que normalmente me toca hacer cuando este tipo de situaciones acontecen. Me voy a tumbar a dormir la mona hasta mañana.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Dos semanas en Tokyo 7. Tokyo

Hoy consigo dormir seis horas, pero obviamente no del tiron. Cada dos horas me desvelo y me tiro veinte minutos con los ojos abiertos. El jet lag ya no es tan duro pero sigue ahi dando por culo, y ya llevo asi casi una semana. Esta noche ha hecho un frio criminal, en calle siete bajo cero y en la casa yo creo que incluso es peor. El agua de la botellita que tengo al lado de la cama para darle tragos durante la noche esta directamente congelada. A las seis empiezo a oir movimiento, y es que hoy Yosiaki trabaja y se ha levantado incluso antes de lo habitual. Por suerte no se le ha ocurrido venir a plantar su jeto delante de mi cara a tan temprana hora.

De todas formas, y para no romper con la costumbre, a las siete hago acto de aparicion por el salon. El copioso desayuno ya me esta esperando en la mesa, como no. Yosiaki esta plantado delante de la tele con un mono blanco, supongo que su uniforme de trabajo, viendo un reportaje sobre esqui, uno de los deportes nacionales. Finalmente, casi a las ocho, mi anfitrion se despide de mi hasta la noche y, con una enorme sonrisa en la cara, se marcha al curro. En este momento me viene a la mente el lema del general Yamamoto en El Puente Sobre El Rio Kwai, 'trabajar con alegria'. Despues de tantos años parece que los japoneses de hoy en dia todavia siguen el susodicho lema al pie de la letra.

Ya que mi anfitrion va a estar ausente durante toda la jornada, para hoy he planeado un buen paseo por Tokyo. Para evitar la hora punta matinal, espero hasta las nueve y algo para coger el tren. Ya me han comentado que es mejor evitarla, la aglomeracion de gente en el tren es algo fuera de toda logica para un occidental. Aun asi, el vagon en el que me introduzco va bastante cargadito, y eso que esta linea no es de las que mas gente mueve en absoluto. Llego a la estacion de Ikebukuro cuando ya casi son las diez. Ya conozco los alrededores de la estacion de hace unos dias, pero hoy me propongo aventurarme lejos de alli y darme un buen paseo. Siempre me ha gustado pasear, si es necesario ocho o nueve horas al dia, cuando hay que ver una ciudad bien vista es el mejor metodo. Y ahi que me lanzo a ello.

Mi primer objetivo, a hora y pico de paseo desde Ikebukuro, es Yushukan, el museo de la guerra. De camino me encanto viendo avenidas, callejuelas, rascacielos, viviendas de lo mas modesto, santuarios... un poco de todo. Y aqui estoy ahora, a las puertas del espectacular y mas que entretenido museo de la guerra, el Yushukan. En el hay un poco de todas las guerras que Japon ha librado a lo largo de toda su historia, pero especialmente se centran en la Segunda Guerra Mundial, que por cierto resulta ser la unica guerra que el pais del sol naciente perdio en toda su historia. Lo mas interesante, quiza, es ver todo desde una perspectiva que a los occidentales rara vez se nos comenta, la de los japoneses. La historia es muy diferente segun quien la cuenta, y obviamente aqui los malos de la pelicula son los estadounidenses y los sovieticos. Especialmente a estos ultimos, a los comunistas, los ponen a parir, pero tampoco es algo nuevo. Todo pais que lucha contra los comunistas echa pestes de esa gentuza y ese tipo de regimen. Por algo sera, aunque algunos en algun lugar que yo me se aun parecen no haberse enterado muy bien del tema.

Bueno, me he tirado tres putas horas en el museo. Estaba tan cojonudo que no he podido evitarlo. Ahora lo que empiezo a tener es un hambre atroz asi que sera cuestion de ir buscando un sitio lo mas cutre posible para llenar el buche. No me gustan los sitios demasiado pijos, las cadenas de restaurantes, las corporaciones o, en definitiva, los sitios para turistas. Aunque mucho turista en Japon tampoco es que haya, basicamente porque en este puto pais nadie habla ni una sola palabra de algo que no sea el jodido japones. Al final encuentro, en un oscuro callejon, una taberna de lo mas sordida. Tan solo tiene cinco taburetes y en dos de ellos hay un par de ejecutivos japoneses jalando noodles como autenticos cerdos. La señora cincuentona que me atiende solo me entiende que quiero una chela bien grande, mi japones logicamente no es ninguna maravilla. Bueno, al menos tengo mi recompensa, una jarra de litro y medio de Asahi solo para mi. Salud.

Al final, con un poco de paciencia, consigo hacerme con algo para menear el bigote tambien, las tipicas dumplings de pollo y una especie de cerdo en salsa. No es mucho pero al menos he llenado el estomago y me he refrescado con la mega-cerveza. Salgo de nuevo a la calle para iniciar mi paseo, camino a los Jardines del Palacio Imperial. Algunos detalles me llaman la atencion en mi caminar, como el hecho de que en casi una semana que llevo en este pais no he visto ni un solo papel, colilla o desperdidio tirado por la calle. Sin embargo tampoco hay papeleras. Esto me hace reflexionar sobre la cantidad de mierda que deben de llevar los japoneses en los bolsillos. O quiza es que directamente se comen la basura, vete a saber.

Otro tema curioso es el del tabaco. Como he dicho, no hay ni una sola colilla por el suelo. Tal vez debido a que esta prohibido fumar por la calle, con letreros casi a cada manzana recordandolo. Sin embargo esta totalmente permitido fumar dentro de los bares y restaurantes. Esto, si se me permite decirlo, tiene su logica, o al menos yo se la encuentro. Todo el mundo pasea por la calle, fumadores o no fumadores, niños, ancianos, todo el mundo. Sin embargo no todos vamos a un bar. El que va a uno de estos sitios de ocio y recreo ya sabe a lo que va, con lo cual tiene la libertad de entrar o no. Es por eso, opino yo, que en el espacio de todos no se permite fumar, pero en los espacios relativamente privados si. Me parece una buena optica, y no como la de otros paises botarates que lo hacen justamente al reves. Pero de donde no hay no se puede sacar, ya se sabe.

El caso es que ya he llegado a los Jardines del Palacio Imperial. Y digo bien, a los jardines, no al palacio. El palacio es algo que no esta permitido ver a los mortales en general. Aqui el emperador es lo mas parecido a un dios, y para mostrar su divinidad, se esconden su figura, su casa o sus pertenencias al publico en general. Eso si, los jardines son enormes y se puede uno dar un paseo cojonudo por ellos. Justo a la entrada esta el Budokan, una especie de templo donde antiguamente se practicaban espectaculos de artes marciales. Entonces, en 1966, llegaron The Beatles y tocaron en el. Obviamente se monto una buena, aquello era un lugar sagrado. Pero hasta en eso fueron pioneros aquellos cuatro melenudos de Liverpool. Y es que con el tiempo el Budokan ha acabado por convertirse en un pabellon mas dedicado a eventos deportivos y conciertos que a nada especialmente tradicional. Pero dejemonos de tanta historia que yo me estoy meando, La chela de litro y medio esta empezando a hacer su efecto, asi que me voy directo a la que va a ser mi proxima parada, el Cafe Paulista.

Una cafeteria como otra cualquiera, de dos pisos y bastante pija. No me he vuelto gilipollas ni nada por el estilo, simplemente la convierto en parada obligatoria por dos interesantes razones. La primera, por tratarse de la cafeteria mas antigua de todo Tokyo, aunque esto tampoco me interesa demasiado. En segundo lugar, estamos hablando del local preferido de John Lennon en todo Tokyo. El ex-beatle visito varias veces el pais del sol naciente, obviamente como consecuencia de tener una esposa japonesa. Y en todas sus visitas siempre hizo un hueco para visitar el Cafe Paulista. Quien sabe por que le gustaba tanto, quiza porque es uno de los sitios mas habituales para personajes de la jet set nipona, o tal vez porque el cafe que hacen aqui, dicen, es el mejor de todo Japon. A mi, de todas formas, me apetece una chela, asi que al cafe le pueden dar por culo. Soy un puto borracho, si, que pasa.

El siguiente barrio que quiero visitar es Kabukicho, aunque tengo casi dos horas de paseo hasta alla. Voy a caminar deprisa y asi acorto plazos. Kabukicho es, basicamente, el barrio rojo de Tokyo. Putas, drogas, juego, armas ilegales y todo tipo de vicio que uno quiera conseguir lo tiene en esta barriada. Eso si, solo si eres japones. No es que a los extranjeros se les vete la entrada al barrio, pero si a la mayoria de locales, especialmente a los de mayor vicio, que se encuentran ubicados en esta zona. Si, ya se en lo que estais pensando, las putas. Pues asi es, amigos, las putas niponas estan reservadas exclusivamente para pollas niponas. Hay quien dice que esto es porque los occidentales tenemos los rabos demasiado grandes y al final dariamos de si a las pobres fulanas. Sea como sea, por desgracia, la realidad es esta, que no hay forma de irse de putas en Tokyo si eres occidental. Salvo alguna que otra excepcion, claro.

Con la tonteria de tanto paseo se me ha hecho tarde. La noche ya ha caido sobre Tokyo y me da la sensacion de que me voy a comer la hora punta de vuelta a Tokorozawa. Son las seis de la tarde y la estacion de Ikebukuro, a la que vuelvo en metro desde Kabukicho, es un jodido caos. Tardo casi media hora en encontrar el camino que lleva a mi tren. No es solo lo jodidamente grande que es esta estacion, es que ahora mismo solo veo cabezas y cabezas, y el paso en muchos casos esta literalmente cortado por una autentica marea humana. Consigo entrar a mi vagon con calzador, ademas tengo el problema de que soy algo mas grande que la media de tamaño de los nipones, asi que necesito mas espacio. Esto es una puta lata de sardinas, la gente no va ni sujeta a las barras, van comprimidos. Que hay un bache y todo el tren se mueve, todos se mueven al unisono. Fijaos si nos estrellamos la carniceria mas guapa que se podria hacer aqui.

Tras media hora de sufrimiento llego a Tokorozawa. Nada mas salir del vagon necesito varias bocanadas de aire fresco. Estoy sudando como un cerdo. Me voy directo a comprar una buena coleccion de chelas, en la farmacia, por supuesto. Son mas de las siete y Yosiaki ya ha cenado, pero mis manjares me estan esperando sobre la mesa con una sorpresita que mi anfitrion me ha comprado al volver del curro, una caja de chelas Strong 7, con el 7% de alcohol. Basicamente las que beben los nipones mas talanquines. Curiosamente los platos fuertes de la cena son los mismos que he probado para comer, dumplings de pollo y cerdo en salsa. Y asi va a terminar el dia, comiendo, bebiendo, disfrutando de toneladas de wasabi, y viendo como Yosiaki vuelve a quedarse roncando frente a la tele justo antes de que yo emigre en direccion a mi posicion horizontal. Buenas noches.
 
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