martes, 29 de septiembre de 2009

El ridículo de ZP con Honduras

Día de lluvia por doquier, pero salgo de casa y no es el chaparrón lo que más llama mi atención. De buenas a primeras me veo a un negraco enorme paseando a un chucho (debe ser la primera vez que veo a un animal con mascota). Justo antes de cruzar un paso de cebra, el cánido se sienta y suelta un zorullo que impresionaría hasta a un experto en escatología. El moreno se queda mirando la defecación unos segundos y tras unos golpecitos en la correa ambos bichos continúan su paseo. Allí ha quedado el pastelito, justo a las puertas del paso de cebra, lugar de tránsito habitual de seres humanos, espléndido ejemplo de integración, modales y educación del puto salvaje de los cojones. Un par de minutos después de contemplar este espectáculo entro en el supermercado, donde una cajera medio histérica sale a recibirme diciendo que las cajas no funcionan y que no puedo efectuar mi compra del día. "Pues me moriré de hambre", le digo a la zorra chiflada que me mira con malos modos. Bonita muestra de un país en progreso que está, más que nunca, en la Champions League. Para acabar de redondear la mañana me encuentro a un tipo en un bar que dice vivir de recoger palés porque la empresa donde curraba se ha ido a la quiebra. Eso sí, él vota Zapatero, que es el tío que más mola del mundo mundial. O es idiota perdido o le encanta su nueva profesión, se admiten apuestas.

Y después de tan movidita mañana, voy a ver si retomo el tema que apenas esbocé ayer, el ridículo monumental del desgobierno español con respecto al asunto hondureño. Y es que en las últimas horas el cachondeo ha continuado aumentando, es lo que tiene que aparte de un inútil, un burro y un mentecato, Zetaparo sea un jodido enfermo mental obsesivo compulsivo. Cuando se le mete una subnormalidad en la cabeza ya no la puede sacar, y ahí sigue erre que erre aunque medio mundo (y el otro medio también) se ría de él y de sus gilipuerteces integrales. Lo del embajador español en Tegucigalpa es ya de risa, ahora te retiro, ahora te digo que vuelvas, ahora me enfado contigo, ahora te mando para allá sin embajada, ahora abro la embajada sin embajador... Todo esto en menos de un mes. Esto ya no es improvisación, es subnormalidad profunda. Pero claro, si tenemos en cuenta quién ha sido el último personaje de nuestro desgobierno en meter el moco en el tema, todo se nos aclara bastante. Efectivamente, ahí estaba el abuelo con síndrome de down, el desatinado subnormal, esa cosa con patas que se hace llamar ministro de asuntos exteriores y que no es más que un viejo chocho cuya inteligencia se ubica bastante por debajo de los confines de la subnormalidad.

Prácticamente ningún país se había interesado por la problemática hondureña, salvo por supuesto el memo monclovita, el salvador "gusticiero" universal, tomando partido, cómo no, por el depuesto presidente Zelaya, una especie de Hugo Chávez con sombrero de cowboy. Ahora llegan los yankees, que obviamente no pueden faltar a ninguna fiesta y, que a pesar de tener en la poltrona al negrito pijo, pues no dejan de ser yankees y se dan cuenta de que el tal Zelaya es un payaso, un bufón de circo incapaz de llevar un país con las mismas ansias de grandeza simiesca que sus homólogos de Venezuela o Bolivia. Pues eso, rapapolvo estadounidense al cowboy hondureño, al cual tildan de imprudente por su vuelta al país en mitad de una especie de show mediático y al que no se cortan en calificar de "payaso televisivo". Le recomiendan que deje de actuar como si estuviera en una peli ochentera de mafiosos centrakas y claramente le aconsejan que deje el país si no quiere perder la vida a manos de los seguidores de los actuales mandatarios. En fin, Zelayita, que te pires, y ya de paso que los subnormales que te apoyan desde el otro lado del Atlántico cierren el pico, no vaya a ser que al final el tío Obama acabe por cabrearse de verdad con el imbécil del que ya está hasta los cojones que le pida hacerse fotos con él, y le tire un pepino a España por ser un país de capullos votanazisociatas. Y realmente es lo que nos merecemos.
 
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