miércoles, 12 de noviembre de 2008

Tienes una pistola

Parece mentira lo fácil que es hoy en día conseguir una pistola. Además de cualquier tipo, clásica, revólver, miniaturas o incluso los últimos modelos todavía en período experimental para muchos ejércitos y cuerpos de seguridad. Hace unos pocos años, sacarse la licencia de armas era toda una odisea, bien es cierto que después se empezó a desvariar bastante, hasta el punto de que cualquier tarado podía hacerse con el papelito en cuestión. Claro que luego, tener el arma en casa, trasladarla, las restricciones de uso y demás zarandajas, hacían que no fuera nada agradable el asunto. Al final, el capricho o la afición que a uno le llevaban a hacerse con el arma, se desintegraban para perderse entre el hastío, el hartazgo y la tocada de huevos que significaba la responsabilidad impuesta por la típica burocracia. Pero todo eso ha cambiado, amigos, ahora tenemos internet.

Qué lejos quedan aquellos tiempos en que en un antro de mala muerte alguien medianamente conocido te comentaba que sabía de otro personaje que a su vez conocía a otro que vendía una pistola que le había robado a un policía en una trifulca. Bobadas, timos y gilipolleces. Internet, he aquí la cuestión. Con abrir el buscador de turno y simplemente teclear "vendo pistola", magia potagia, arsenal de lo más variado y asequible sin tener ni que salir de casa. Y ya si encima nos queremos evitar los papeleos de antaño y no tenemos ningún tipo de remordimiento al respecto, podemos teclear "vendo pistola sin licencia". Y las hay, vaya si las hay, nadie te pide nada, no hay nombres, no hay licencias, no hay papeles, solamente doscientos euritos, y ya tienes tu deseo cumplido, incluso con la generosidad por parte de algunos vendedores de regalarte una buena cantidad de munición (para que vayas practicando, ya sabes). Es la magia del siglo XXI, de internet y de la comunicación total. Compremos una pistola.

Bueno, y ahora ya tenemos a nuestra amiga en casa, haciéndonos compañía. La siguiente cuestión es para qué cojones queremos una pistola. Desde luego respuestas hay muchas, y no hay que estrujarse demasiado los sesos para encontrar mil y una razones que nos convenzan de que hemos realizado la compra adecuada. La seguridad ciudadana cada día está peor, das la vuelta a una esquina y te salen cuatro negros cuchillo en mano que te dejan como Dios te trajo al mundo en un santiamén. No está de más combatirles con sus mismas armas, o si puede ser con un calibre superior. No, ni es racismo, ni violencia, ni intolerancia, ni cualquier chorrada de estas que les encantan a los progres, simplemente es autodefensa, y qué cojones, falta nos hace. Incluso en nuestro propio domicilio, con tanta banda de rumano y colombiano por ahí rebentando chalets, bungalows y todo tipo de viviendas, pues no está de más tener algo a mano para defenderse. Más que nada porque estos pajarracos entran armados hasta los dientes, utilizando la máxima violencia posible y si te tienen que agujerear la cabeza lo hacen. Pues nada, defendámonos, que eso de poner la otra mejilla ya sucedió hace unos dos mil años.

Aunque en tiempos de crisis, sobre todo una tan feroz y criminal como la que han inducido por puro capricho enfermizo los inútiles esquizofrénicos nazisociatas, el arma puede llegar a tener muchos más usos. Más de un tranquilo ciudadano ha llegado al punto de sumirse en la más absoluta de las desesperaciones viendo como se quedaba sin trabajo, casa, comida y pertenencias en general, y ha acabado con un cañón dentro de su boca, apretando el gatillo y esparciendo los sesos por toda la estancia en la que se encontrara en ese momento. Es lo que tiene que un puñado de hijos de puta gilipollas den sus votos a un lunático. Asesinos indirectos, podemos decir, o tal vez más directos de lo que nos creemos, sobre todo cuando se ríen y se alegran ante este tipo de sucesos. No voy a dictar sentencia sobre esa pobre gente que acaba con la sesera llena de plomo a causa de los designios iluminados de un cabrón, pero yo creo que si has de acabar con tu vida, siempre puedes hacer algo provechoso antes de lanzar tu último aliento. Especialmente ahora que tienes una bonita pistola. ¿No sabes qué hacer? Yo te lo digo. Coge tu pipa, métete en la Moncloa y dispara sin compasión contra el responsable de todos tus males. Luego haz lo que quieras con tu vida, pero por lo menos deja que te despidamos como a un puto héroe.
 
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